Autor: Pastor Mateos, Enrique. 
   La abstención     
 
 Ya.    11/12/1976.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

11-XH-76

LA ABSTENCIÓN

ANTE el referéndum es propio de los moralistas prescribir una nc-titud responsable. Han de recomendarnos que procedamos en conciencia, aunque este consejo resulte muchas veces vano.

Necesitamos para ello una formación, que no se improvisa, y tina información, gue difícilmente lograremos, al menos tan completa e imparcial como sería de desear.

La actitud de los políticos ha üe ser otra, tratando de que compartan, no sólo sus partidarios y simpatizantes, sino también los sectores neutros e Indecisos del electorado, sus propias decisiones.

Sus campañas tratan, no de demostrar, sino de convencer. 8-u estilo no será, pues, el del silogismo, sino el de la consigna. Sits recursos, los más variados, escogidos no tanto por su consistencia, cuanto por *« oportunidad.

Puede hablar también alguien más, y desde otra perspectiva. No tratamos de orientar las conductas, sino los juicios. No pretendemos influir en las resultados, pero sí intentamos interpretarlos.

CUATRO opciones y na más caben en esta coyuntura: abstención, voto en blanco, no y sí. Vayamos con la primera.

La abstención presenta variedades muy distantes entre sí.

La simple abstención puede considerarse un fenómeno técnicamente inevitable. Se deriva de ese margen

Ae error, de desgaste o d« ineficacia que hay que conceder a todos los mecanismos. ¡Defectos en la confección del censo, falta de~tnformqción, casos fortuitos, ignorancia. Una ignorancia que es cada vea menor, motivo por el cual ha» ido disminuyendo en todo el mundo considerablemente los porcentaje* de abstención por este motivo.

Sumemos a, éstos los qwe no vota» por desidia y por irresponsabilidad, cuyo mínimo difícilmente puede ser previsto. Influyen en w mayor o menor alcance factores permanentes que afectan a determinadas naciones o regiones, pero son, quisa, más importantes Tos ocasionales. Existe además un tercer grupo de motivaciones imprevisibles gue hace muy difícil el pronóstico. No es fácil saber cuántos serán los que dejarán de acudir a las urnas por comodidad. Se acostumbra a suponer que pertenecen casi todos a sectores de población acomodados, en los que prevalece la frivolidad y el egoísmo.

Queda referirnos a la abstención programada y consciente. Lógicamente habrían de ser grupos revolucionarios y movimientos subversivos quienes la propugnasen.

Ni siquiera el carácter ilegal de un partido llega a justificar est* postura. En los legales^ mucho menos.

Piénsese que quienes han hecho o piensan hacer el servicio militar, quienes pagan impuestos regularmente, quienes contribuyen—y no m* refiero tan sólo a los funcionarios públicos—a la subsistencia del Estado con- stt trabajo cotidiano no pueden negar en buena lógica la obligada aportación, mucho menos importante, de su voto. .

Sólo un enfrentamiento formal con ese Estado puede •servir d* base lógica a la abstención.

PERO ño es esto todo. La abstención puede obedecer a*una táctica. i A ouálf No es pos-ible contestar a esta pregunta sino analigando casos concretos. No es ése nuestro propósito, pero cabe» algunas generalizaciones.

En «na votación puede ser interesante singularmente. Con ía abstención cabe conseguirlo.

Pretende un partido mantenerse separado de otros determinado» que van a,-intervenir en la votación. Con la abstención marca más lat distancias.

No se desea favorecer una determinada solución. Con la abstención pítele quedar en evidencia lo ajustado de los apoyos con que se cuenta.

Una votación, como la que se avecina puede ser «tuteada como sondeo respecto a otras eo».si>Zías posteriores. La abstención permite no sólo pulsar la opinión, sino apropiarse resultados mny halagüeños, superiores a los logrados realmente, que pueden ser utilizados en la propaganda futura y animar a los indecisos.

La abstención cítenla con pocos partidarios entra los moralistas, pero no es desdeñada, ni mucho menos, por los politicns.

Enrique PASTOR MATEOS

 

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