¿Crisis o catástrofe?     
 
 Informaciones.    20/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

INFORMACIONES

¿Crisis o catástrofe?

LA crisis político-económica es innegable. Ahí está como principal botón de muestra un pacto de la

Moncloa que nadie respeta y que el Gobierno tampoco acaba por aplicar, para que no sea necesario

enumerar todas las presentes características y dificúltales de la actual situación. Baste decir que la

transición política está atravesando su ecuador económico en las peores condiciones posibles. De ahí que

nada tenga de extraño y sea perfectamente legítimo y obligatoriamente democrático realizar una función

crítica sobre la política gubernamental y prever alternativas de repuesto en caso de necesidad.

Sin embargo, no es este el papel que en los últimos días realizan una serie de corrientes minoritarias de

opinión, como demostró con creces el resultado del proceso electoral del 15 de junio. Al escuchar o leer

estas argumentaciones se tiene la impresión de que estamos no ante una crisis política, en la que se

dirimen distintas opciones de poder, sino ante una auténtica catástrofe nacional en la que el GolJierno es

responsable de todos los males y calamidades que se abaten sobre el país. Asi, una crisis económica,

heredada de la anterior situación; una crisis política, resultante en gran parte de la imposibilidad de hacer

política durante las últimas cuatro décadas, y la agudización del terrorismo, producto en gran medida del

mero y largo enfoque represivo de problemas políticos como ef de la autonomía, son cargados sobre las

espaldas del tercer Gobierno de la Monarquía.

O, qui?a, sería mejor decir sobre el mismo presidente del Gobierno. Adolfo Suárez es boy el blanco

solbre el que fundamentalmente disparan estos sectores políticos. La razón no estriba en lo qne hoy haré o

deja de hacer económicamente, sino en lo que durante año y medio lia hecho políticamente: dirigir el

proceso de democratización con indudable acierto y habilidad. £e trata ahora de pasar la factura a quien

desde el inismo viejo régimen contribuyó a que el divorcio entre lo oficial y lo rer.l fuese superado sin

traumas de ningún tipo. Esa, y no otra, es la causa de esta nueva campaña política.

Es lógico que estos minoritarios sectores vivan como catástrofe personal lo que los demás españoles

vivimos como una seria crisis política, que dista, aún mucho, de alcanzar los trazos con los que es

dibujada por los catastrofistas. Hay una gravísima seria crisis económica, pero no estamos al borde de

ningún «crack»; existe un real ((impasse» político, pero un sistema democrático nunca es un callejón sin

salida ni opción y los problemas por los que atravesamos son los normales de toda sociedad en transición.

Justamente hoy se cumplen dos años del inicio de la transición, que todos los observadores fechan desde

el atentado mortal a Luis Carrero Blanco, y los agoreros y catastrofistas de entonces —que signen siendo

en gran parte los mismos de hoy— han visto totalmente incumplidas sus jercmiaras profecías sobre el

destino de los españoles.

Sena muy de desear, en beneficio de la consolidación de la democracia, que los adversarios democráticos

de Adolfo Suárez separasen —tanto en lo formal como en el contenido— sus criticas de quienes no sólo

son enemigos del presidente del Gobierno, sino del mismo sistema democrático. Hacer hoy un cajón de

sastre de todos los ataques antigubernamentales es sumamente peligroso para la democracia. Esperemos

de la inteligencia, habilidad, sensibilidad y serenidad política de estos líderes y organizaciones

democráticas, que no hagan causa común con la nada imparcial visión de los catastrofistas. Solucionar de

un modo u otro la crisis implica, en primer lugar, rechazar las parciales pinturas negras de la realidad que

llevan consigo el contrabando político autoritario.

 

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