Autor: Apostua, Luis. 
   El miedo como motivación del voto     
 
 Ya.    12/12/1976.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

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INFORMACIÓN NACIONAL

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El miedo como motivación del voto

• Don Antonio de Oriol, caracterizado representante de la derecha conservadora, había votado a favor de la reforma política.

• Aspectos de la abstención electoral:

• Características de la incongruente "abstención activa" española ante el próximo día 15.

• Lo lógico sería que quienes lo propugnan votasen no, pero no se han atrevido porque entonces podrían poner en peligro la reforma.

SEMANA ESPAÑOLA

El secuestro de don Antonio de Oriol introduce un nuevo factor en las motivaciones del voto para el próximo día 15: el miedo. Los terroristas han buscado una figura muy representativa de la derecha conservadora españóla, pero que había votado sí a la reforma. Es decir, el señor Oriol, con todo lo que significa por su circunstancia familiar, política y económica, se había separado de los "ultras" del no y demostraba que el llamado "gran capital" aceptaba la prudente y gradual evolución política de este Gobierno.

Castigando a una figura asi, el terrorismo sin rostro quiere demostrar que el camino del voto es equivocado, que España no puede vivir en paz porque ellos tienen capacidad suficiente para impedirlo. La reacción previsible es que al voto del "no" político se sume ahora el de los temerosos. Aunque los argumentos son básicamente erróneos, pueden producir una reacción instintiva en las clases conservadoras que se pueden imaginar que un Gobierno democrático es por definición débil.

De esta manera, los enemigos del voto afirmativo se alinean en dos formaciones: los del voto negativo y los de la abstención activa.

El voto negativo, como hernos dicho repetidas veces, es un voto sin futuro; ni el crimen de secuestrar a una figura política como don Antonio Oriol hace que ese voto tenga futuro. Ni siquiera para lograr una victoria aritmética e] día del referéndum. Ni la propia víctima, de significado claramente conservador, era ya partidaria del no. Los intereses de la derecha están en un régimen democrático.

ASPECTOS DE LA ABSTENCIÓN

El fenómeno de la abstención electoral tiene, en los países de tradición democrática, tal Importancia que los especialistas en sociología política investigan a fondo. Para considerar este problema en su conjunto no sólo se analizan las cifras de votantes, sino las de no votantes. Asi, tenemos que los mínimos abstencionistas se dan en países muy politizados como Italia, las tasas medias en Gran Bretaña y las más altas en los Estados Unidos, aun en las elecciones presidenciales. En un principio se pensó que la abstención era una muestra de marginación social. Por ejemplo, alcohólicos, minorías segregadas o grupos raciales no asimilados. Era fácil explicar que un ciudadano de un país que por su lengua, religión o raza sabe que nunca va a llegar su representación al Congreso se inhiba del proceso electoral. Pero esas motivaciones, estadísticamente, no satisfacían porque un país como Gran Bretaña no tiene un 16 por 100 de marginados, y en cambio tiene ese- 18 por 100 de abstenciones. Era necesario buscar una explicación más coherente.

Las modernag explicaciones de los especialistas tienden a buscar las causas de la abstención en el propio sistema político democrático y en el uso que la clase política dominante hace del miámo. Esa reacción abstencionista del electorado tiene dos raíces: una, superpoldtizada, se abstiene porque el sistema no complace a sus exigencias y la abstención es el único procedimiento para "castigar" a los que votan; otra, supersatisfe-cha, se inhibe de votar porque cualquiera de los dos o trea candidatos en presencia satisface sus exigencias mínimas de bienestar y estilo de vida, por lo que considera ocioso el voto propio. Esta última opción, parece ser, es especialmente llamativa en los Estados Unidos, donde ambos candidatos suelen ser tan semejantemente moderados que los intereses básicos de la nación nunca están en juego. Asi se llega a cotas de abstención del 45 por 100. De hecho estag elecciones vienen definidas por el corrimiento entre partidos de un 3 por 100 de votantes, que son curiosamente los que gobiernan porque al "cambiar de partido", de una elección a otra, deciden la contienda.

En cambio, la gran movilización electoral se da cuando la opción debatida es básica para la supervivencia de unos ideales o de unos intereses.

INTERPRETACIÓN ESPAÑOLA

No es fácil—nada español es fácil—reducir las opciones españolas a los esquemas elaborados para sociedades como la francesa o la norteamericana. Pero se puede intentar una aproximación.

En primer lugar, la indiferencia hacia la política es muy alta en nuestro país. No nos valen los precedentes de anteriores referendums porque fueron realizados en unas condiciones sin competitividad posible. Esta indiferencia, fruto de un deliberado alejamiento del pueblo de las esferas del poder, no es posible que sea remediada en dos semanas de campaña. Por consiguiente, dejando a los españoles ir a su aire, la tasa de abs tención es alta y los sondeos que se publican señalan como posible abstención a un cuarto del electorado. Pero en esta campaña ha surgido la figura de la "abstención activa", que se asemeja a la motivación de que escribíamos más arriba, es decir, la del ciudadano muy instruido políticamente, muy concienciado, que rehusa participar en el acto final—el voto—porque no le han dejado participar en el principio—la elaboración de la opción política—. Los partidarios de la abstención activa, si fuesen lógicos hasta el final en sus planteamientos, debían votar negativamente. Pero en ese caso pondrían en peligro la aprobación de una reforma que, objetivamente, representa un gran avance para ellos. Por consiguiente, mueven la campaña en un sentido de ética política que les permita tener una bandera diferenciadora, pero que no ponga en peligro el avance que significa la reforma. Es decir, esa abstención activa no eg desinterés por el resultado, sino una participación oblicua en un sistema que no les complace del todo. Pero que tampoco les disgusta tanto que voten negativamente.

De hecho, desde grupos de ultra-izquierda a los de ultra-derecha, existe un común denominador: siempre han pensado que España era suya y que sólo había que aporrear un poco a los pacíficos ciudadanos para obtener el poder de forma in-controvertida. Pero tenemos la impresión que ahora se equivocan. Ninguno de los recientes atentados de ETA ni de los comandos de la derecha han torcido la política del Gobierno ni convencido al país.

Luís APOSTUA

 

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