Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   Adiós, Marco, adiós     
 
 Pueblo.    19/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ADIÓS, MARCO, ADIÓS

Pilar NARVION

PARECE que la TVE tiene finalmente programado que Marco encuentro a su mamá hoy mismo, con lo

cual habrá terminado la zumba de la amenaza infantil de ir a la huelga si Marco no encuentra a su mamá.

Paco Umbral nos recordó en «Hoja del Lunes» aquellos niños de pan negro de la posguerra que fuimos

nosotros, quienes, en nuestro subdesarrollo, comprendíamos tan bien las malaventuras del pobre chico

italiano, emigrante, hijo de emigrantes, perteneciente a aquel universo de niños bien educados,

respetuosos con sus mayores, resignados con las diferencias de clases, niños de coderas rotas,

protagonistas de «Corazón», Es imposible que» los niños de hoy que siguen las aventuras de Marco en un

aparato de televisión —lo que Índica ya un mínimo de confort familiar— sientan la menor ternura por

esta especie de lunático emocional.

f Nosotros, los lectores de «Corazón», éramos niños de otra casta. Yo conocí el libro en la escuela

municipal de la plaza de los Pimientos, de Logroño, y tiene pata mí el valor formidable de ser el primer

libro que compré con mi dinero y a iniciativa propia. Me había mandado mi madre a comprar huevos al

mercado, y al regreso comprobó que el campesino que me los había vendido se había confundido en la

cuenta y me había dado dos pesetas de más. ¡Dos pesetas de la posguerra! Me envió a devolvérselas, pero

el hombre había terminado con sus huevos y sus pollos y se había marchado a su pueblo. Mi madre me

regaló las dos pesetas y yo me compré «Corazón», que era el libro de lectura del colegio que

guardábamos en el armario de la clase cuando habíamos terminado la lección.

9 Era aquel un libro sin lucha de clases, al menos a nivel infantil, quizá fruto de la enseñanza primaria

italiana, que sienta en los mismos bancos de la escuela pública al hijo del presidente de la República, al

del líder sindical, al millonario y al menesteroso En «Corazón» fraternizan Donoso, que es un niño rico,

con el Albañilito o con Garrón, hijos de menestrales, y se sientan en la misma banca el Carbonerito o

Coreta, «hijo de un empleado de ferrocarril que fue soldado en la guerra dp 1886», Votino es el Petronio

de la clase, con su elegancia refinada. «Hay después un señorito, Carlos Nobis, que parece algo orgulloso

y se sienta entre dos muchachos que me son simpáticos: el hijo de un forjador de hierro, metido en una

chaqueta que le llega hasta las rodillas, y otro con los cabellos rojos, que tiene un brazo inmóvil y lo lleva

pegado al cuerpo: su padre está en América y su madre vende hortalizas.» .

S A mí esta mezcolanza de clases sociales me parecía natural en la clase de doña Anselma Madurga,

donde tenía de compañera de pupitre a Carmen Cerrolay/a, hija de unos huertanos, y delante de mí se

sentaban la sobrina de «n cura y la hija de una obrera de la Tabacalera, mujer para mi mítica, en una edad

en la que todavía no sabia nada de Carmen de Merimé.

^ Aquella grey infantil nos conmovíamos con «El pequeño patriota paduano», «El pequeño vigía

lombardo», «El pequeño escribiente florentino». «El tamborcillo sardo», «Sangre romañola» y «De los

Apeninos a los Andes», que es el verdadero título del cuento de Marco, un Marco mucho menos gafe que

el de la televisión y que encuentra a su madre en menos de veinte páginas.

£ El fracaso de Marco está en los años-luz que hay entre el Marco de Amicis, escrito hace más de un

siglo, y los niños que han visto ya en su pequeña pantalla llegar al hombre a la Luna, y deben encontrar

terriblemente ridículo ese viaje interminable de Marco hasta Tucumán, cuando el Concorde hace el París-

Nueva York en tres horas y media. Ese itinerario «De los Apeninos a los Andes», que nos maravillaba a

los niños de mi generación — y de la de Paco Umbral—, deja fríos a unos niños cuyo sentido aventurero

es ya extraespacial.

O Pipi Calzaslargas, con sus aventuras de rebelde llena de imaginación y su caballo de lunares, llegaban

más fácilmente a nuestros niños, que soñaban aventuras de Pipi sentados en el rincón de su cuarto de

estar, como Heidi llegó al corazón de nuestros niños urbanos tocados por su amor a las montañas y

divertidos con los personajes de la narración. Ir hasta. Tucuman a buscar a su mamá no les ha divertido

nada a los niños, de 1977, con el mundo entero al alcance de su televisor.

PUEBLO 19 de noviembre de 1977

 

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