El Referéndum un trámite para las elecciones     
 
 Informaciones.    13/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

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El referéndum, un trámite para las elecciones

ENTRE el SI a la Reforma Política, apoyado por el Gobierno reformador y por amplios sectores de la oposición de centro izquierda, el NO, patrocinado por la derecha partidaria de perpetuar el régimen anterior, .v la campaña abstencionista de la oposición de izquierda, muchos electores se sienten perplejos y dudosos. Decenios de despolitización se hacen sentir ahora, cuando tantos electores confiesan su dramática carencia de ideas claras para tomar una opción que —se siente— condicione nuestro futuro. V. sin embargo, eso es democracia.

La polémica sobre el referéndum ha oscurecido el sentido finalista de la reforma que en él pretende aprobarse: dar paso a unas elecciones libres, de las cuales saldrán unas Cortes con carácter constituyente. En teoría, de esto es d´e lo que se trata, y la oposición abstencionista se opone al referéndum no porque se manifieste contra el objetivo en sí mismo —reforma para los constituyentes—, sino en base a tres argumentos: que el Gobierno que la propone n.o ha sido elegido; que no existen las mínimas garantías de libertad de expresión; que el Gobierno pretende ganar el referéndum para perpetuar la continuidad.

Vaya por delante nuestra profunda convicción de que abstenerse no es inmoral, ni antidemocrático, sino una actitud de protesta legítima y respetable, aunque quizá ésta debiera tener su cauce no en la abstención, sino en el voto en blanco, única manera de decantarla de la simple inhibición del ciudadano indiferente.

La no representatividad del Gobierno actual es la no representatividad de todos hasta que las elecciones clarifiquen quién es quien y con cuántos electores cuenta; el si al referéndum no significa en modo alguno otorgar la representatividad al Gobierno Suárez, cuya misión debe limitarse a negociar con la oposición después del referéndum y con vistas a las elecciones.

En cuanto a la inexistencia de libertades, la misma profusión de propaganda abstencionista, cuyas razones han tenido eco en las páginas de este y otros diarios, es un desmentido; es evidente que hay que elevar a situación de legalidad lo que hoy es más bien tolerancia, pero afirmar que «aquí no ha cambiado nada» nos parece más que una falsedad un error.

El tercer argumento atribuye al Gobierno la intención de dar un «pucherazo» tras una victoria en el referéndum. Hablando de intenciones, todo es posible, pero no parece que el Gobierno sea tan poco realista como para no darse cuenta de que este país no puede ser gobernado ya más que por ía fuerza de las armas o por un Gobierno que emane de instituciones auténticamente representativas, y las cosas van por este segundo camino con la anuencia de las fuerzas armadas. La abstención es lícita, pero no tiene más eficacia que la puramente moral. Lo importante son las elecciones, y a ellas deberían ir dedicados los mayores esfuerzos de los partidos, proponiendo programas y soluciones a un pueblo que se siente perplejo y desorientado en medio de la confusión. Desde ya, por nuestra parte, afirmamos que el sí en el referéndum no es un sí al Gobierno, sino a la democracia, a las elecciones libres, con la participación de todos los partidos democráticos, y el Gobierno deberá ser consecuente. ¿Cómo? Creando las condiciones necesarias, inmediatamente después del referéndum, y si éste aprueba la reforma, para que esas elecciones sean auténticamente libres; negociando con la oposición las garantías electorales y el control de escrutinio; legalizando los partidos y, en fin, comportándose como un Gobierno neutral, deseablemente con participación de fieruras independientes v de la oposición.

La aprobación de la reforma política no es un punto de llegada, y el referéndum es un mito en un proceso, un expediente necesario para una transición sin traumas.

La experiencia de la aprobación por las Cortes de la reforma polítra demuestra que la estrategia del cambio político a través de una reforma profunda desde la legalidad es viable. En esta estrategia se inserta el referéndum. Lo que ayer no era posible, lo es hoy, y estos cambios contemplan como objetivo la democracia. La mayor firmeza en reclamar ésta y todos sus tributos no invalida una transición pacífica y gradual.

Finalmente, ¿cual es la alternativa a la no aprobación de la reforma? Supongamos que una parte considerable del país se abstuviera, y que otra parte de los votantes se pronunciara por el voto negativo. ¿Qué salida habría para esta situación? Nos parece que los riesgos y peligros de la situación imprevisible que se crearía si la reforma no fuera aprobada son considerablemente mayores que los que nos aguardan en el período electoral que debe seguir al referéndum.

 

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