Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Los vampiros     
 
 Diario 16.    05/05/1981.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Los vampiros

NO, otra vez el GRAPO no, por favor. ¿Cómo es posible que esa misteriosa y sanguinaria sigla muera y

renazca cien veces? ¿Cómo se entiende que cinco o seis enloquecidos fanáticos —«Pueblo, protegedme

de la Policía fascista,-soy del GRAPO», fue el grito increíble de uno de estos terroristas hace dos años, al

ser detenido en Madrid— pongan a todo el país, a todo el Estado en su más tensa coyuntura? ¿Qué

misteriosas comentes magnéticas agrupan o disgregan a sus miembros, para que tras la aparente

destrucción, reaparezcan nuevamente? Porque el GRAPO es como un monstruoso ser unicelular, que al

ser destruido en cien pedazos, de cada uno de ellos nace una de sus crias airadas.

Mal momento eligieron el ministro del Interior, Rosón, para hacer declaraciones —«en la lucha contra el

terrorismo vamos por el buen camino»— y Manuel Ballesteros, jefe del Mando Unificado Antiterrorista

«hay posibilidades de introducir infiltrados en e] GRAPO»—. Pocas horas después caía acribillado el

general Suso en Madrid, junto a tres servidores del orden (dos de ellos, guardias civiles, en Barcelona),

con lo que nuevamente se iniciaba el viejo recital de las sospechas sobre la naturaleza, orígenes y fines de

los GRAPO. La verdad es que si alguien jugara al golpismo, no podría haber elegido mejor al hombre y

las circunstancias. El general Suso era persona próxima al teniente general Gutiérrez Mellado, y tras su

paso . por la Oficina de Prensa del Ministerio de Defensa, gozaba de una especial estima por parte de los

periodistas que le habían tratado.

Casí las cosas, como dice hoy el editorial de este periódico: ¿Qué hacer? Porque la situación es, mas o

menos, la de la bolsa democrática, construida a base de frágiles troncos, que desciende sobre los turbiones

enloquecidos del río Bravo. Los pasajeros, de momento, ya han dejado de pelear entre sí, pero el abismo

aún sigue ahí, ominosamente presente. Como decía un miembro del Gobierno: «En esta barca estamos

todos, desde Carrillo a Martín Villa.» Es la regata democrática, a vida o muerte, sorteando los meandros

etarras y los aislados y sorprendentemente estratégicos escollos de los GRAPO (el Gobierno se interroga

sobre la curiosa alternancia entre los silencios de ETA, las acciones de los GRAPO, y viceversa).

Y hay que hacer algo. Y lo han de hacer los políticos. La prensa no puede volver a desempeñar el «rol» de

vanguardia, como en los años de la transición. Y no vale el socorrido recurso de la manifestación» que

dice el PCE. Suena a broma. Hagan algo, señores, no sé, que se yo, pongan las estructuras y los militantes

de los partidos a buscar terroristas y marcarles el «anorak» con una «M» de tiza, como hacía la gran

organización de pordioseros en aquel memorable film, aquella obra maestra de Fritz Lang, «El vampiro

de Dusseldorf». Hagan algo, señores, o la balsa se hunde, con Carrillo, Martín Villa y todos nosotros

dentro.

 

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