Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El silencio roto     
 
 Informaciones.    26/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LETRAS

DEL CAMBIO

EL SILENCIO ROTO

Por Jaime CAMPMANY

LA Segunda República tardó menos de un mes en redactar su Constitución. El profesor Jiménez de Asúa

quizá Ea habría podido redactar, él solo, en tres noches. Bien es verdad que no alcanzó fortuna en el

tiempo de ta historia y en seguida vinieron las leyes y los Principios Fundamentales. Por mucha prisa que

tenga el país en tener una Constitución nueva, cualquier tiempo que se tomen los señores redactores del

borrador será perdonable si aciertan a darnos un texto que no se nos muera a fa vuelta de unos pocos años.

El acuerto de una Constitución consiste, no sólo en interpretar fielmente las aspiraciones esenciales del

presente, sino también en servir para encerrar en ella las aspiraciones del futuro. Es decir, en que no haya

que curarle en seguida la herida del tiempo.

La Constitución nueva se quiso hacer despacio y además en secreto. Eso, aquí y ahora, era algo más que

una vana ilusión. Era un sueño, quizá Injustificable, pero sobre todo imposible. Aquí, como en todas

partes, o seguramente más que en cualquier parte, las paredes oyen, y los conjurados del silencio terminan

por Irse de la lengua. Sólo hay una manera de que guarden el secreto: la mordaza de la censura. Y ha

sucedido lo que tenía que suceder, que el borrador de la Constitución ha salido, incluso con notas

marginales, en las páginas de los periódicos. La Prensa libre, una vez más, le ha hecho un servicio al país,

informándole de algo que el país tenia derecho a conocer. Y en todo caso, la indiscreción —si la hay— no

es de los periodistas, sino de quien estaba obligado por «pacto» a no dejar que esos documentos cayeran

en manos de los periodistas, que somos profesionales obligados a la publicidad de la confesión.

Exactamente lo contrario que los sacerdotes.

Conocida la Constitución, o mejor dicho, el primer borrador de Constitución, ta pregunta inmediata es la

siguiente: «¿Es buena la Constitución?» Ni yo me atrevería a opinar sobre tema de tanta importancia y

complejidad ni hay aquí sitio para ello. Ya saldrán los expertos y especialistas con comentarios,

objeciones y críticas. Pero así, de primera lectura y sin meterse en más varas de camisa, ¿no aparece como

profusa y prolija? ¿No se tomaron los señores redactores de ese texto el tiempo necesario para la brevedad

y la concisión? ¿v es cierto que un partido

—concretamente el P.S.O.E.— quiere eludir un tema tan de principio como la forma del [rrtado? ¿No se

estará haciendo una Constitución tarde, mal y en secreto a voces?

 

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