Autor: Peiró, Luis. 
 Ya han sido liberados unos setenta rehenes. 
 El Gobierno espera una rendición impuesta por el cansancio y la desmoralización     
 
 ABC.    24/05/1981.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

El Gobierno espera una rendición impuesta por el cansancio y la desmoralización

Ya han sido liberados unos setenta rehenes

BARCELONA (Luis Peiro, enviado especial). Cuando son casi las cuatro de la madrugada,

cierta tensa tranquilidad reina en la plaza de Cataluña, en donde, a esa hora, continúan un

centenar de rehenes en manos de los asaltantes del Banco Central. Con cierta cadencia han

ido saliendo unas setenta personas de las retenidas por los ultraderechistas que, como se

sabe, exigen la liberación de cuatro de los militares implicados en el golpe al Congreso el 23-F.

Según fuentes no oficiales, hay un avión en el aeropuerto de El Prat esperando por si se llegara

al acuerdo de dejar salir de España a los terroristas. Si bien la decisión que parecen haber

adoptado las autoridades policiales es la de cansar y desmoralizar a los secuestradores en una

estrategia similar a la empleada en Madrid en febrero.

Todos los esfuerzos se concentran en hacer ver a la veintena de secuestradores que están

aislados y que ni siquiera quienes serían beneficiados por el éxito de su operación, los

principales cabecillas del frustrado goípe de Estado, aceptarían esa fórmula para ser liberados.

Fuentes oficiales insisten en que la moral de los asaltantes es ya muy baja, y por el momento

no hay riesgo inminente para los más de ciento veinte rehenes que mantienen encerrados en la

entidad bancaria. Sin embargo, unas y otras expectativas pueden desvanecerse. No han sido

muchos ni muy fluidos los contactos entre el cuartel general de las fuerzas policiales, dirigidas

por el comisario Ballesteros, situado en el Banco de Bilbao, y tos secuestradores. En un

principio los contactos se hacían a través del cajero del Banco, quien se limitaba a transmitir las

órdenes de los secuestradores, casi siempre centradas en pedir alimentos o en comunicar que

liberaban a alguna persona porque se encontraba enferma o había sufrido un ataque de

nervios.

Con anterioridad se había intentado un acercamiento a los secuestradores del jefe superior de

Policía de Barcelona, señor Mosquera, y el general jefe de zona de la Guardia Civil de

Cataluña, general Pajuelo. Los dos altos mandos, acompañados de un civil no identificado,

recorrieron los cien metros que separan el Banco de Bilbao def Banco Central y tuvieron una

breve y tensa conversación con los secuestradores. Se sabe que recibieron un folio hasta tanto

fijaran las condiciones para la liberación de los rehenes, aunque se desconoce su contenido.

No obstante, según algunas fuentes consultadas, parece que los secuestradores cifran toda su

esperanza en asegurar su salida del país, olvidando sus pretensiones de que sean liberados el

general Torres Rojas, el teniente coronel Tejero, el teniente coronel Mas Oliver y el coronel San

Martín.

Por lo poco que he podido sacar de las declaraciones de los rehenes liberados, todo indica que

quienes permanecen retenidos en el Banco reciben buen trato de sus secuestradores, quienes

están encapuchados y se comunican entre ellos por un código previamente establecido.

SE DESCONOCE LA IDENTIDAD DE LOS ASALTANTES

Las autoridades siguen desconociendo la identidad de los secuestradores, aunque no dudan de

su ideología ultraderechista. El rumor de que entre ellos se encuentran miembros de la Guardia

Civil crece por momentos. En medios oficiales no se ha querido confirmar esta circunstancia,

aunque, según otras informaciones de igual solvencia, se habla incluso de que participan en el

secuestro miembros de los boinas verdes. Sí parece confirmado que están dotados de fusiles,

metralletas y armas cortas.

La primera decisión que adoptaron desde el mando unificado antiterrorista fue instalar en las

terrazas de los edificios cercanos al Banco, y en la del propio Banco, a miembros de los GEO,

dotados de fusiles de largo alcance. También a pocos metros de la entidad bancaria, y tirados

en el suelo, varios efectivos del Cuerpo Especial aguardaban apuntando sus fusiles a la puerta

del Banco. Parece ser que la respuesta inmediata de los secuestradores a este despliegue fue

colocar inmediatamente a un grupo de rehenes apostados detrás de la puerta del Banco para

utilizarlos como trinchera humana si se producía un asalto. Y las autoridades desistieron de

esta maniobra y los GEO —que curiosamente llegaron a Barcelona en el «puente aéreo»

desde Madrid a media mañana— fueron retirados de sus posiciones.

Desde entonces se confía todo al cansancio y a la desmoralización de los secuestradores. Pero

hay hechos de última hora que podrían presagiar un final menos incruento. Por precaución, y

sin que se sepa a ciencia cierta cuál va a ser el siguiente paso, la Policía ha ordenado desalojar

a todas las personas que ocupan los edificios cercanos.

En la calle la tensión se mezcla con la curiosidad. Cerca de un millar de personas permanecen

detrás de los cordones establecidos por la Policía Nacional en las esquinas de las calles que

convergen en la plaza de Cataluña. Entre ellos, los periodistas permanecemos expectantes,

pues las autoridades locales no han querido establecer ningún enlace con los informadores, ni

ningún puesto de observación, desde el que podamos conocer puntualmente ta evolución de

los hechos y las iniciativas que adopta la Policía. La única baza que parece se está

esgrimiendo frente a los secuestradores es el tiempo. Horas y horas que podrían rebajar su

moral e impedir una dramática negociación final que tendría lugar el lunes, según el plazo

inicial (Editorial en pág. 2; información, en págs. 6, 7, 8, 9 y 10)

 

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