La clase trabajadora     
 
 El Imparcial.    23/12/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA CIASE TRABAJADORA

LA clase trabajadora se rebela contra los acuerdos del Pacto de la Moncloa porque se considera la más

perjudicada por ellos, en los que se establecen unos topes para los aumentos salariales que reducen aún

más su capacidad adquisitiva al no compensar aquéllos el progresivo encarecimiento de los productos de

primera necesidad.

LA clase trabajadora tiene razón en sus quejas y también la tiene al lamentarse del trato injusto y

discriminatorio de que ha sido objeto en tiempos no muy lejanos, en tos que se le negaron derechos

fundamentales, como los de reunión, manifestación, libre asociación y huelga. Todo esto es verdad.

PERO lo que la clase trabajadora olvida es que durante los últimos años del pasado régimen, esa falta de

derechos intentó ser compensada por unas leyes demagógicas, que ni siquiera existen en los países más

progresistas, en las que el trabajador adquiría ciertos beneficios de gozar de alguna impunidad para los

delitos laborales, aunque se extremase el rigor para los entonces considerados políticos o subversivos.

EL trabajador español cada vez produce menos. Somos el país de menos productividad de Europa. Su

rendimiento es esca: so, sus ausencias laborales por motivos nimios, y amparadas la mayoría por una

Seguridad Social ineficaz e irresponsable, constituyen —como decimos— uno de los índices más

elevados de los países de Europa occidental y no digamos ya de la del Este. Esto se viene produciendo

progresivamente desde hace años y ahora, con el aumento incesante de huelgas y paros, se ha llegado a un

estado de cosas en que la producción de nuestras empresas ha llegado a unos límites irrisorios.

NUESTROS políticos y gobernantes adoptan una política de paños calientes que tiende más a guardar las

formas que a llegar al fondo de la cuestión. Se puede luchar contra la inflación conteniendo el gasto, pero

también aumentando paralelamente la producción. Esto último parece que no se considera y habría que

haber estudiado si conseguir un mayor rendimiento laboral, aun a costa de más flexibilidad en los

incentivos salariales, resultaba más favorecedor que los márgenes impuestos al cremiento de los salarios.

PORQUE lo que es indudable es que si el productor rinde ahora poco, en adelante rendirá aún menos,

porque aquí el descontento lo remediamos todos cruzándonos de brazos y lanzando algún denuesto que

otro para empezar la fiesta. El asunto productividad-salarios hay que estudiarlo con profundidad.

Las elecciones sindicales propiciarán una competición de demagogia fácil, y si no al tiempo. Por lo

pronto, en el «Código de derechos y obligaciones del trabajador», redactado por Comisiones Obreras, las

obligaciones no aparecen por ninguna parte, y digo yo que alguna tendrán o deberán tener. El trabajador

debe estar más cerca de sus intereses que de los cantos de sirena.

ESTE es país de rencores y revanchas, en el que todos soñamos con volver la tortilla al lado que nos

conviene. Que se respeten los derechos de los trabajadores, que reivindiquen las mejoras que les

corresponden —esto son conquistas de la época—, pero, a la hora de trabajar, que trabajemos todos, que

mejor es hacerlo en el país propio que en otro extraño, donde los españoles producen y rinden mucho

más. Por lo menos eso dicen las estadísticas de otros países.

 

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