Autor: Alcocer, José Luis (CIUDADANO). 
   Una intención presumible     
 
 El Alcázar.    25/05/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Una intención presumible

La izquierda nacional

CONFIESO que me pasé todo el día de ayer sin que me entrase en la cabeza el sentido de lo ocurrido en

Barcelona. No lo entendía, desde ningún punto de vista, al menos desde las informaciones que se recibían

desde la radio y la televisión. El asunto no encajaba. No cuadraba el sentido de sus piezas. ¿Qué pasaba?,

¿a qué venía ese apresuramiento en cualificar identidades cuando nadie podía decir, en función de las

identidades atribuidas, a quién convenía el asunto? Era todo raro, muy raro más bien. Una reflexión sobre

el terreno indicaba una identificación intencional de los secuestradores. Era la que sigue: cualquier acción

armada hecha bajo el pretexto de liberar a los implicados en el fallido golpe del 23 de febrero, no podía

objetivamente, sino perjudicarles. Entonces, ¿a qué venía todo este comportamiento? Sólo podía

obedecer, lógicamente, a un propósito: a enturbiar, retardar o mixtificar lo que debe producirse cuanto

antes, es decir, los Consejos de Guerra.

Mucho me temo que la vista de los citados Consejos de Guerra a los generales Miláns del Bosch,

Armada, Torres Rojas y al teniente coronel Tejero no convengan a determinadas gentes. Mucho me temo

que desde turbias instancias, se trate de paliarlos, de retrasarlos, de disminuirlos o de deformarlos. Y en

torno a ese tema hay que arrojar claridad. Son los encartados en el proceso del 23-F los primeros

interesados en que se esclarezcan responsabilidades y se impongan las cargas correspondientes a las

mismas. Todas las responsabilidades, se entiende. Absolutamente todas. ¿Cómo es explicable que una

serie de militares que se han comportado honorablemente, que no han rehuido la realidad de su

compromiso, fuese el que fuese, se apoyasen en una acción que únicamente puede calificarse como de

locura?

Insisto. Hay que insistir, debemos insistir, en que no se escamotee la inminencia de los Consejos de

Guerra, desde cuyo resultado se le explique al pueblo español qué pasó, cómo y por qgé. Y también

insisto, por supuesto, en que se nos dé razón pública de este turbio episodio. Esto no está nada claro. Esto

de ayer hay que explicarlo razonablemente, y a ser posible, cosa poco probable en la política, verazmente.

Lo que se ha dicho no es de recibo. Lo que ha sucecido, por supuesto, tampoco lo es. Pero hay un dato

contra el que tenemos que reaccionar sanamente los españoles. Se trata de que no podemos dejamos,

seguir dejándonos, manipular por aquel a quien le venga en gana hacerlo. Supongo que tras este episodio

vendrán los comentarios de siempre. Yo sigo preguntándome una cosa, la de siempre, ¿a quién conviene

que esto suceda? No a los implicados en el 23-F, por descontado. Tal vez, eso sí, a quienes temen la

claridad jurídica y castrense de un justo y estricto, severo. Consejo de Guerra, con todos los datos

expuestos a la luz.

José Luis ALCOCER

opinión

25 mayo 1981

 

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