Los terroristas se rindieron. Primeras conclusiones de la investigación. 
 El Gobierno culpa a la extrema derecha (Ignacio Aguirre)     
 
 El Alcázar.    25/05/1981.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

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Primeras conclusiones de la investigación

El Gobierno culpa a la extrema derecha (Ignacio Aguirre)

«Según las primeras conclusiones del Gobierno, la operación de asalto al Banco Central se atribuye a la

extrema derecha», ha señalado a Efe el secretario de Estado para la Información, Ignacio Aguirre, al salir

de la reunión que ha celebrado con el presidente del Gobierno y cinco ministros del gabinete.

Cinco ministros del gabinete.

«En este sentido —agregó— hay conexiones evidentes con la extrema derecha española.»

«En la reunión —dijo— se ha efectuado una valoración política a la vista de las informaciones que

venimos recibiendo tras los interrogatorios que se están realizando a los detenidos en Barcelona.»

«Se ha comprobado también —afirmó— según las declaraciones de dos de los detenidos, que les fueron

ofrecidos cinco millones de pesetas en Perpiñán para participar en la operación.»

Asimismo, Ignacio Aguirre señaló que a los asaltantes se les ocuparon una metralleta y once pistolas, y

descartó la presencia entre el comando de miembro alguno de la Guardia Civil.

Tras treinta y seis horas de casi absoluto silencio sobre la identidad de los responsables, financiación, red

de complicidades, del asalto a la sucursal en Barcelona del Banco Central sorprende el repentino celo

gubernamental por dar a conocer de forma inmediata las primeras conclusiones de la investigación.

En ese sentido, el intento del portavoz de la Moncloa, por contribuir a la transparencia informativa puede

considerarse más que válido y como tal lo reproducimos íntegramente.

Ante sus declaraciones es preciso, no obstante, realizar dos importantes puntualizaciones. La primera se

explícita por sí sola del contenido de las palabras del señor Aguirre al descartar la presencia de miembro

alguno de la Guardia Civil entre tos integrantes del comando. ¿Cómo es posible entonces que el Gobierno

haya tolerado a lo largo de todo el día de ayer la interesada difusión de todo lo contrario?, ¿es de recibo

acaso que a estas alturas el ministro de Defensa todavía no haya rectificado sus aventurados juicios acerca

del capitán Sánchez Valiente?, ¿y ese cúmulo de fuentes «solventes», «autorizadas» que han sustentado y

propiciado la manipulación tendenciosa de determinados medios al asegurar la relación de integrantes de

la Benemérita con los secuestradores, cómo es que no han entonado ya el mea culpa disculpatorio, ya que

no exculpatorio? Si el ejecutivo sabía que tales versiones, dirigidas a destruir el honor de uno de los

Cuerpos del Ejercito más intachables eran radicalmente falsas debería haber prohibido su propagación

con el correspondiente desmentido. La puntualización, a toro pasado, no sirve.

Y la segunda: la evidencia de criterio gubernativo que deja traslucir las aseveraciones del secretario de

Estado para la Información cuando alude a la extrema derecha como autora de los hechos precisa de una

justificación detallada, minuciosa, de nombres y apellidos, de organizaciones, de movimientos en los

últimos días, de dinero, de conexiones específicas dé esos intregrantes ultraderechistas. Ya han dado las

fuentes oficiales bastantes muestras de ligereza, de presunción gratuita, de temerarios juicios a lo largo de

estas dos jornadas de tensión como para que la experiencia se institucionalice de cara al futuro inmediato.

Este periódico, precisamente por no caer en esos mismos defectos, por no acusar con peligrosísimas

generalizaciones, se ha negado a publicar los diversos rumores sobre participación de militantes de la

UMD en el chantaje que ha traído en jaque a las Fuerzas del Orden y a los españoles. Podía

legítimamente haberlo hecho y no lo hizo; cuanto más el Gobierno al que no caben aplicarle tentaciones

sensacionalistas sino un ajustado sentido de la equidad a la hora de emitir sus «conclusiones».

 

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