Los terroristas se rindieron. 
 Una información edificante     
 
 El Alcázar.    25/05/1981.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Una información edificante

Durante todo el día de ayer, los españoles vivimos en un clima de eso que ahora, con lenguaje

a la moda, solemos llamar intoxicación informativa. Desde las primeras horas oímos hablar de

que el comando que había ocupado la sede del Banco Central en Barcelona y secuestrado a

buen número de rehenes era un comando de la extrema derecha, entre cuyos miembros se

encontraban caracterizados oficiales de la Guardia Civil. Esto se dijo así, impunemente, a lo

largo de toda una tensa jornada, sin aducir una sola prueba ni una sola demostración, sin un

solo dato solvente. Pero se dijo. Por tanto, lo que quiere decirse, es que como consecuencia de

todo ello, los oyentes de la Radio y los televidentes de la Televisión dispusieron de material

emocional más que suficiente como para tener razones sobradas para denostar a uno de los

principales Cuerpos de la Seguridad del Estado.

Tratemos de distinguir, minuciosamente, la conducta de los medios informativos. Por lo que

respecta a la prensa, reaccionó según sus particulares servidumbres y sus particulares

costumbres. Era cómodo, en principio, apuntar hacia ese extraño ente al que se denomina

«extrema derecha» con el que, según parece, se explica todo en el siglo. Aunque, en el

fondo,no se explique absolutamente nada, o mejor dicho, se contra explique, puesto que nadie

con dos dedos de frente puede comprender qué diablos de rentabilidad le podía suponer a los

militares a los que en principio se dijo que se trataba de sacar de España, esa acción sencilla y

llanamente terrorista. Pues bien, sin la menor prueba, sin el menor dato. Televisión se dedicó a

adjetivar a los asaltantes desde el primer momento. Y de paso, y mientras las emisoras daban

información circunstanciada y veloz, cada cuarto de hora como mucho, nos llevó todo el día

tras de una ansiedad que sólo satisfacía diciendo, dos o más horas después, aquello que

cualquier radio, poderosa o modesta, había dado dos o más horas antes. La verdad, agilidad

informativa no tuvo mucha. Decisión ideológica sí, desde luego.

Pero mire usted por donde, llega a última hora el ministro del Interior, don Juan José Rosón, y

dice que los asaltantes ni pertenecen a ningún Cuerpo de la Seguridad del Estado ni a la

extrema derecha. Que, por lo visto, son anarquistas y delincuentes comunes, pagados desde

no se sabe dónde y con no se sabe qué finalidades. Y que ya hablaremos más despacio del

asunto. Pero entonces, desde el punto de vista del ciudadano medio, hay derecho a

preguntarse: ¿Cómo es que si a última hora resulta que no se sabe quiénes eran los terroristas

que había dentro del Banco Central, si no se tenían datos exactos, si no se sabía de qué se

hablaba?, ¿cómo, entonces, resulta que se hablaba? En toda la información televisiva había

una evidente gana de identificar la ocupación al Banco Central de Barcelona con los sucesos

del 23 de febrero. Un deseo no oculto de involucrar una cosa con la otra. Y cuando se desea

involucrar apresuradamente es que no se desea aclarar de verdad nada. El caso era, desde el

primer momento, confunfir las cosas, y explicarse lo extraño desde lo dogmático a priori. Eso

fue todo.

Así no se puede informar, por la sencilla razón de que eso no es en absoluto informar. Después

de las palabras del señor ministro del Interior, suponemos que tanto las agencias de noticias

como Televisión Española tendrán que dar públicas excusas de sus continuadas imputaciones

a la Guardia Civil. Lo suponemos, no ya como exigencia ciudadana, sino también desde el

punto de vista del decoro profesional.

Estamos pasando, se supone, una etapa lo suficientemente delicada y lamentable como para

que nadie trate de llevarse en exceso el agua a su molino. Intoxicar mediante juicios de valor o

respaldados con hechos es una manera como otra de contribuir a la confusión más peligrosa.

En el día de ayer existió ciertamente ese peligro. Y hay Instituciones beneméritas del Estado

español que se merecen disculpa, esclarecimientos y precisiones. Y además de las

Instituciones, nos las merecemos los ciudadanos. Lamentablemente, la información que

recibimos ayer no fue, precisamente, una información edificante.

 

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