Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La extra     
 
 Informaciones.    14/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS

DEL CAMBIO

LA ((EXTRA»

Por Jaime CAMPMANY

DESDE aquel cohete de la subida del petróleo estamos hablando de crisis económica. Todo el mundo

occidental sufrió las consecuencias del encarecimiento de la energía, y aun los países más prósperos y de

más sólidos cimientos económicos se resintieron de ello y tuvieron que aplicar medidas de austeridad.

Quiero decir que hasta los más gordos tuvieron que apretarse el cinturón. Pueblos largamente

acostumbrados al desahogo y al bienestar aceptaron los sacrificios que imponía una política de ahorro y

de contención del gasto. Los pueblos más ricos de Europa dieron ejemplo d e responsabilidad, de

solidaridad, de colaboración con una política de austeridades. Todos renunciaron a algo, y la recuperación

y la nueva época de vacas gordas pudo ser pronto una esperanza firme en el horizonte.

La crisis internacional se complicó, entre nosotros, con la crisis política. Un régimen que agonizaba y una

democracia en ciernes que para muchos era sólo una vaga ilusión y para otros una aventura preñada de

zozobras y de inquietudes, n o constituían, precisamente, la situación política ideal para hacer frente a las

consecuencias españolas de la crisis. Los últimos Gobiernos de Franco no tenían vigor para tomar

medidas enérgicas ni confianza para dar soluciones a medio plazo. Los primeros Gobiernos de la

Monarquía se encontraron ante una maraña de problemas políticos que agravaban aún más los

económicos y que impedían que éstos fueran considerados con serenidad y con firmeza.

Y así hemos llegado hasta los pactos de la Moncloa. Las soluciones han llegado tarde. Y lo que es peor:

cuando ya todos estábamos esquivos a cualquier solución de sacrificio y solidaridad. Al contrarío: la

psicosis general era la del «sálvese quien pueda». No se trata de buscar culpas, sino de tomar conciencia

de la situación y de colaborar a las soluciones. Porque la crisis empieza a tocarnos gravemente el dinero

más necesario. Las noticias que llegan acerca de las dificultades para pagar la «extra» de Navidad, en que

se encuentran miles de empresas, son francamente alarmantes. Y a u n contando con que se hallen

fórmulas para pallar esas dificultades, e I problema de fondo no estará resuelto.

El Gobierno y los partidos políticos han cumplido su obligación. Pero ya sabíamos todos que cualquier

medida será inútil si el país entero no colabora. No hay fórmulas mágicas. Hay un solo remedio conocido

para superar estas crisis: trabajo y austeridad. Así, alejaremos el fantasma lívido de la pobreza.

 

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