Los rehenes. 
 Martínez Calafell: "Me dispararon a bocajarro un tiro en la pierna"     
 
 Diario 16.    25/05/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Diario 16/25-Mayo-81

EL SUCESO DE BARCELONA

Martínez Calafell: «Me dispararon a bocajarro un tiro en la pierna»

De las 213 personas secuestradas por el comando asaltante del Banco Central de Barcelona, 154 fueron

liberadas a lo largo del sábado y hasta las ocho de la tarde de ayer domingo. Uno de los primeros en ser

liberados fue el administrativo Ricardo Martínez Calafell, quien recibió de uno de los asaltantes un tiro en

la pierna como réplica al avance de la Policía hacia las proximidades del edificio bancario. El cajero de la

entidad, el señor Rullán, que se destacó en todo momento por su serenidad y su temple, fue adoptado por

sus secuestradores como el intermediario forzoso.

Barcelona — Me dispararon a bocajarro en la pierna, dijo Ricardo Martínez Calafell, de treinta y dos

años, soltero, administrativo del Banco Central en la sede principal de Barcelona.

«Los secuestradores —cuenta el trabajador herido— habían dicho a la Policía que no se acercaran al

Banco a una distancia menor de cincuenta metros. Cuando la Policía se ha acercado más, me han

disparado a bocajarro en la pierna.»

Martínez Calafell, que fue uno de los primeros rehenes liberados y conducido en ambulancia al Hospital

Clínico, donde esta siendo atendido. Según fuentes del centro médico, se le ha seccionado el nervio

ciático y padece una fractura ósea.

Otro de los trabajadores de la entidad bancaria, Santiago Chueca, con siete años de antigüedad en la

empresa, relató una vez liberado que, nada más perpetrarse el asalto, el comando «comenzó a bajarnos a

las plantas de abajo y posteriormente al sótano, donde permanecieron la mayor parte de los secuestrados».

Por su parte, Teresa Gallisa, auxiliar administrativa, liberada a las primeras horas de ayer, confirmó que

los rehenes fueron repartidos entre las diversas plantas del edificio, manteniéndoles en las ventanas como

medida de protección y que los iban relevando conforme transcurría el tiempo.

La esposa de uno de los evacuados, Adriano Cantero Asensi, de cincuenta y ocho años, aseguró que los

asaltantes al Banco Central habían hecho que los rehenes se sentaran en el patio de clientes para servir de

parapeto en caso de que la Policía intentara entrar en el edificio.

Escondidas

La señora Cantero señaló que, al parecer, no se habían producido malos tratos y que los propios asaltantes

se ocupaban de suministrar botellas de leche y otros alimentos que ellos mismos cogían del bar del

edificio, situado en la planta superior. :

Cuando las existencias del bar bancario fueron agotadas, los asaltantes reclamaron suministros y

víveres que fueron acarreados en bolsas blancas por efectivos de la Cruz Roja y canjeados por la

liberación de grupos de rehenes, que fueron saliendo a la calle periódicamente y a cuentagotas, excepto a

mediodía de ayer, en que se dejó en libertad a 42 secuestrados de una vez.

Hasta esa hora se creía que entre los rehenes no quedaba ninguna mujer, ya que las dos telefonistas de la

entidad bancaria permanecieron escondidas desde el momento del asalto hasta la mañana de ayer en un

lavabo. Al ser descubiertas, los asaltantes castigaron a las dos mujeres a permanecer de rodillas anta la

puerta principal del banco durante largo tiempo.

Varios de los liberados durante las primeras horas lo fueron por motivos de salud; fundamentalmente,

por desfallecimientos, ataques de nervios o por padecer diabetes o alguna complicación cardiaca. Tras ser

atendidos por las asistencias de la Cruz Roja o en centros hospitalarios, prestaron declaración a las

autoridades policiales.

Los rehenes que a primeras horas de la tarde permanecían aún secuestrados por el comando asaltante,

pidieron en un comunicado leído a través del servicio de magafonía que no haya españoles de primera y

de segunda categoría.

Aludiendo al secuestro que hace tres meses sufrieron los diputados del Congreso, los rehenes del Banco

Central pidieron un final similar para este caso de forma satisfactoria y sin derramamiento de sangre.

 

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