Autor: Reinlein García-Miranda, Fernando. 
 El asalto. "Ahí dentro hay profesionales tan buenos como los geos", comentó un policía. 
 Los terroristas acturaron siempre con estilo militar     
 
 Diario 16.    25/05/1981.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

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A primeras horas de la tarde fueron liberados otros dos rehenes que, siguiendo la tónica habitual de los

dos días, fueron recogidos por los hombres de la Cruz Roja en presencia de un comando encapuchado que

se parapeta tras el cajero de la entidad bancaria.

EL SUCESO DE BARCELONA

FOTO: CARLOS MONGE

«Ahí dentro hay profesionales tan buenos como los geos», comentó un policía

Los terroristas actuaron siempre con estilo militar

Barcelona: Femando FtEINLEIN, enviado especial

A las 9,15 del 23 de mayo de 1981, justo tres meses después de que Tejero asaltase el Congreso de los

Diputados y tuviese en vilo a toda España durante dieciocho horas, un grupo de hombres armados con la

cara cubierta intimidaba a clientes y empleados del Banco Central en Barcelona. Todo parecía un

espectacular atraco y nadie podía imaginar que veintisiete horas después las amenazas de muerte de los

asaltantes harían exclamar a dos mujeres de rodillas, con las manos fuertemente apretadas en los barrotes

de la puerta y ante lo que ellas suponían sus últimos minutos de vida: «¡Dios mío, ayudadnos, por favor!»

Avisada la Policía por un empleado que vio el asalto, las primeras dotaciones que llegaron al Banco

fueron rechazadas por disparos intimidatorios. Todavía se pensaba en el atraco y la Policía acordonó la

zona, apostó tiradores en las azoteas y preparó los gases lacrimógenos.

Tiroteo

Un primer tiroteo intercambiado por los agentes del orden con los asaltantes hizo recapacitar a los

primeros. Uno de ellos comentaría por la noche que fue entonces cuando sospechó que se encontraba

frente a profesionales y jue el asalto podía tener matiz político.

En Madrid, al mismo tiempo, fueron llegando las primeras noticias al Ministerio de Interior. Juan José

Rosón las recibió en su despacho. Colgó el teléfono y llamó a Alberto Oliart: «Prepara lo del norte.» Esas

fueron sus enigmáticas palabras.

Ya se sabía que el comando era de extrema derecha, que eran unos once y que el número de rehenes

rondaba los doscientos. Los asaltantes pedían la libertad de cuatro de los golpistas procesados a raíz del

23 de febrero y trataban a Tejero de «nuestro teniente coronel».

A partir de ese momento comenzó la batalla de nervios entre los secuestradores y el Gobierno, cuyo

resultado incierto mantuvo en vilo a la opinión pública mundial. Desde Guadalajara, un grupo de geos de

la Policía Nacional se trasladó a Barcelona. La Compañía de Reserva General de Lérida también

emprendió el camino.

La plaza de Cataluña quedó cortada, incluso las vías del Metropolitano. En el Banco de Bilbao se

organizó el mando que iba a llevar el peso de la operación bajo la autoridad del delegado del Gobierno en

Cataluña, Rovira Tarazona.

En los alrededores del Banco de Bilbao no se permitió la entrada a la prensa. Un enjambre de policías

nacionales, funcionarios del Cuerpo Superior de Policía y los siempre escurridizos geos, silenciosos y

eficaces, se movían por las aceras y las calzadas. La suerte permitió a un redactor de DIARIO 16

permanecer allí durante varias horas.

Militar

Según los comentarios de varios profesionales cuando hablaban entre ellos, la operación del asalto

respondía a esquemas de una acción de comando militar. Todo había funcionado como un reloj. A la

perfección, con estilo castrense y con una extraordinaria coordinación.

Los hombres del comando estaban numerados y se distribuyeron al paso ligero por las plantas del

edificio.

LA SOSPECHA: Cuando el general Pajuelo se ofreció como rehén le contestaron "Usted nos

reconocería"

El general Larrumbe comento "Vengo porque me han dicho que dentro hay militares.

Uno de los asaltantes de equivoco al dirigirse a otro y le llamo "mi primero".

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EL SUCESO DE BARCELONA

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Quizá alguno de ellos olvidó lo aprendido en los entrenamientos —se llamaban los unos a los otros por el

número— cuando se dirigió a uno de sus compañeros con el tratamiento de «mi primero...».

El general Pajuelo, jefe de la Guardia Civil de Cataluña, acompañado de Mosquera, jefe superior de

Policía de Barcelona, tras haber hablado por teléfono con los secuestradores se acercó a la puerta del

banco. Eran las siete de la tarde. El momento era de tensión. Se trataba del primer contacto personal, del

inicio formal de una larga negociación. Los secuestradores les obligaron a quitarse las guerreras y las

chaquetas. Un encapuchado —el «número uno» tal vez— conversó con el general durante unos siete

minutos.

Durante la noche uno de los policías comentaría que tal vez el general Pajuelo se había ofrecido como

rehén y que la respuesta del secuestrador había sido muy significativa: «No, porque usted nos

reconocería.»

Los GEO formaron el cerco más próximo. Se preparaban para la eventualidad de un asalto. Entre los

mandos de la Policía se comentaban algunas casualidades en los últimos días. Un comando de ETA

estaba localizada en el Pas de la Casa en Andorra y había desaparecido. Se sospechaba que estaban en

Barcelona.

Las medidas de seguridad de cara a la Semana de Fl cajero, señor Rullán, en una de sus múltiples

apariciones en el exterior del edificio del Banco Central, agarrado por el cuello por un comando asaltante

encapuchado. Protegido con el cuerpo del cajero, a quien apunta siempre la pistola del comando, éste

aparecía en el exterior de la entidad banearia antes de la liberación de rehenes o con ocasión del ingreso

de suministro de víveres, las Fuerzas Armadas habían sido excepcionales. Se esperaba algo, pero nadie

podía sospechar una cosa así.

Ya sabían que Tejero y los demás procesados no les apoyaban; sin embargo, se mostron exigentes y con

la moral excepcionalmente alta. A las diez de la noche el fiscal Del Toro sale del Banco de Bilbao. Se le

nota cansado y preocupado: «Hay más de 60 personas allá arriba opinando...»

Comida

La Cruz Roja ya había introducido sus primeras bolsas de comida. Los GEO se habian hecho cargo de la

situación y el dictamen de uno de los oficiales fue tajante: se puede hacer el asalto, pero sería una masacre

con ese número de rehenes. El mando decidió ir por el camino de la presión psicológica a través de la

comunicación directa y de los medios informativos. Un policía nacional comentaría: «Ahí dentro hay

profesionales tan buenos como los propios geos.» El nombre del capitán Sánchez Valiente comenzó a

sonar.

Tejero

Entre los geos que estaban preparados para el asalto, caso de ser necesario, se encontraba un teniente al

que une un parentesco muy cercano con el teniente coronel Tejero.

Cumplió como tal las órdenes que recibió. Un capitán de los GEO, ya entrada la madrugada, aseguró que

llegó hasta el tercer piso del banco desde el tejado. A las tres y media se escucharon ruidos en el interior,

y, al parecer, estaban haciendo perforaciones, lo que hacía temer que se tratase de colocar las cargas

explosivas.

No obstante, especialistas de la Policía Nacional de Barcelona entraron en las cloacas con el equipo

adecuado y se fueron colocando sacos terreros para evitar una posible huida de los asaltantes.

LA RESPUESTA: Los riesgos de una liberación por la fuerza decidieron a seguir al principio la

vía psicológica.

Entre los comandos dispuestos para el asalto estaba un pariente directo de Tejero.

Especialistas de la Policía bloquearon las alcantarillas con sacos para impedir la huida.

 

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