Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Recrear UCD     
 
 Diario 16.    26/05/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Recrear UCD

AYER, queridos lectores, omití mi habitual columna de los Junes a causa del guateque del Banco Central

de Barcelona. La primera reflexión que le viene a la cabeza a uno es que el Gobierno ha empañado el

brillante éxito de la operación, con los confusos comunicados que siguieron tras la rendición de los

terroristas, y de los que este periódico ha dado cumplida cuenta.

Este diario lo ha dicho también hasta la saciedad, pero es preciso que el Gobierno desvele todas las zonas

oscuras del asalto y su entorno, y hoy será buena ocasión para comenzar, durante la comparecencia

parlamentaria. Porque, la verdad, ya está bien con el uso indiscriminado del anarquista, que lo mismo

sirve para un robo que para un incendio. ¿No se sabe nada? No problema. Se acusa a elementos

anarquistas, y ya está.

Será muy interesante oír lo que cuenta el delegado del Gobierno en Cataluña, Rovira Tarazona, que tuvo

intervenciones y negociaciones sustanciales con los asaltantes. A él fue a quien el llamado «número uno»,

el jefe del comando, le pidió, obsesivamente, que se retiraran los geos; que la radio no insultara a sus

hombres —que contaban con varios transistores— porque, entonces, podrían desencadenar una masacre

con los rehenes, y que se le diera tiempo suficiente para poder convencerlos de que se rindieran.

AYER, lectores, habló en un club madrileño el diputado Osear Alzaga, democristiano él y una de las

cabezas mejor sulfatadas del país. Este muchacho llegará lejos. Pues bien, ayer, Alzaga se dedicó a lo que

Ortega llamaba «pensar en grande», y trazó una preocupada descripción de la situación española y el

posible diagnóstico para comenzar a salir del agujero, que Osear compendió en cuatro apartados: Adaptar

la vida pública a la filosofía de la libertad, asumir los procedimientos de gobierno de las democracias

occidentales y afrontar la problemática de nuestras autonomías; abordar los grandes problemas de

gobierno y organizar definitivamente los grandes partidos políticos del país.

Sobrevuelo sobre los tres primeros puntos para ceñirme a sus palabras sobre la UCD. Osear, en ellas, optó

por la sinceridad y el realismo, frente a quienes practican el juego del alucinógeno y del «todo va bien».

«Dudo —señaló Osear— que el actual equilibrio estático de UCD anuncie un futuro ascendente. Y bien

lo siento. UCD sólo podría ir hacia arriba mediante un acto de magia, quizá como el de aquella famosa

proeza del barón Münchansen, que consistía en elevarse en el aire tirando de sus propios cabellos.»

Pesimista pero certero análisis, por otra parte coincídete con los diagnósticos de otros dirigentes

centristas, que dan ya por perdidas las próximas elecciones, al menos con el partido en su morfología

actual. La «imperiosa necesidad de replantear algunas soluciones, de buscar otras fórmulas programáticas

y de recrear, en todo caso, una fuerza política a la altura de las necesidades del país y de las demandas de

nuestro pueblo» quizá encierre las claves de las magnas operaciones que actualmente se adivinan tras los

movimientos de las líneas de fuerza centristas. Ese «recrear» será la clave en el futuro próximo, lectores.

Seguiremos otro día.

 

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