Autor: Urbano, Pilar. 
   Dos películas de un mismo asalto     
 
 ABC.    26/05/1981.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Dos películas de un mismo asalto

NACIONAL

Asalto de Barcelona: Final feliz y dudas Hilo directo

12/ABC

Fue un «weeckend» de alerta. Un fin de semana de transistor-cajita-transistor y nervios tensos. Y un

despilfarro de sol radiante. Otra vez el pueblo en un ¡ay! 23-M. Doscientas treinta vidas en el aire. Podía

ser y fue, ¡gracias a Dios y a los GEO, y a las negociaciones!, un saldo blanco, feliz. Pero podía haber

sido una masacre.

El español sufridor «atípico», curado de espantos... y ¡magnífico!, se bebió, sorbo a sorbo, ávidamente,

las dos películas «de los hombres de Harrelson» a lo vivo... con sus ráfagas de metralleta; con sus gritos

espasmódicos ¡no disparen... que nos volarán a todos!, ¡por favor... no disparen!», «¡al suelo, al suelo...!»;

con sus rehenes liberados, reptando por el asfalto; con sus tremendos «climax» de tensión entre la vida y

la muerte y el «no sabemos qué puede estar pasando dentro» y el «ahora parece que alguien se asoma...»

y el silenció y el martilleo de fondo. El español magnífico se bebió, sorbo a sorbo, dos películas, digo.

Dos películas de un mismo asalto a un mismo Banco. La película del sábado: en la que vio... una veintena

de asaltantes... con armas grandes... «cetmes», quizá... dinamita... exigencia de liberación de «nuestro

teniente coronel», «nuestro Tejero», «nuestro héroe» y de otros implicados en el golpe del 23-F: Torres

Rojas, Mas y San Martín... exigencia de dos aviones a punto... exigencia de aterrizaje y recibimiento en

Argentina... La película del sábado, en la que algunos asaltantes, afirman testigos presenciales, declaraban

«somos guardias»... y en la que un escalofrío verde-verde-verde nos recorría a todos las espaldas.

Y la película del domingo. En la que el gobernador general Revira parlamenta, mientras el «ojo avizor»

Dopico echa una mirada técnica en derredor. La película del domingo, con el «Gobierno de crisis»

reunido en Moncloa en meditación de silencio, y los teléfonos de los que cobran para informar a los

informadores, descolgados o en «no saben, no contestan»... La película luminosa del domingo, en la que

unos GEO gallardos y valientes entran al contraasalto, acaso porque el «ojo avizor» Dopico ya preveía

que «dentro no había ni armas grandes, ni dinamita ni fuerzas excesivas de resistencia...» y las

liberaciones de rehenes, en dramático gota a gota y luego en estampía arriesgada, forzando una puerta y

ganando la libertad... Y entonces se revela el «western» y la veintena de asaltantes «expertos en este tipo

de golpes» resultan ser once «macarras», «cacos» vulgares, colecta carcelaria y de arrabal, sin jefe ni

consigna. Pero... ni se llevan un duro del Banco Central, ¡suerte, señor Escámez!, ni derraman una gota de

sangre. Y las armas grandes se han convertido en revólveres y cuchillos. Y la dinamita es un fantasma. Y

de Tejero no habla nadie.

Si no llevásemos sobre el alma lo que llevamos, podríamos sonreír hoy al contarlo: un final feliz, todos

sanos y salvos, el dinero en sus cajas, los asaltantes detenidos y los GEO campeadores de las azoteas y las

escaleras estratégicas. ¡Una gloria!, pero... La oposición parlamentaria, que tiene conciencia radar de lo

que la españolía piensa, ya ha demandado al Gobierno una explicación clara y amplia. El Gobierno ha de

darla. Cuando pueda. Cuando tenga un informe coherente, convincente y cierto que ofrecer a la opinión

pública. Pero pronto. Antes que el tema se emborrone con conjeturas y rumores de calle.

La gente, la gente magnífica, insisto, quiere saber, y tiene derecho a saber!, quiénes eran, de verdad, y

cuántos eran, de verdad, y de parte de quién actuaban, de verdad, y con qué dinero se financiaba, de

verdad... el intento «liberar a Tejero». La gente tiene derecho a saber quién organizó y asalarió ese

extraño comando terrorista y a qué intereses servía. Y el Gobierno ha de explicarlo. Cuando pueda, sí.

Pero cuanto antes, también. Yo quería dejar sentadas unas evidencias: Que la «película» del sábado

parecía trucada el domingo. Que difícilmente once hombres retienen durante dos días a más de doscientos

rehenes, en cinco plantas, más terraza, más sótanos. Que hubo un pasmoso y llamativo silencio oficial.

Que el grito de acción era —no hay que olvidarlo— de «tejerismo» en bandolera.

Y dicho esto, paso a otro argumento. Argumento de memoria reciente.

Otoño. «Desde noviembre — me contaba el ministro Rosón hace unas semanas—, los servicios

informativos del Ministerio del Interior empezaron a captar, anomalías...» En el ambiente, las reuniones

«clandestinas» con frufrú de conspiración, de los «descontentos con la situación» que urgían «una

solución firme para España», «cena de veintiséis civiles en un piso de la calle Islas Filipinas»... mil veces

negadas y renegadas... En el ambiente, el «síndrome del golpe a la turca», la sorprendente filtración del

«informe Quintero» con el análisis de la «situación insostenible» de Turquía, que provocó «la irrupción

militar». En el ambiente, los artículos del general De Santiago, las invitaciones golpistas del colectivo

«Almendros», y las idas y venidas de diputados y militares a Lérida, a Valencia, a Burgos... En las

tertulias políticas, calienta motores la «operación De Gaulle», que podría catapultar a un militar a la

Moncloa. Se tantean financiaciones. Se remiten «dossiers» a los obispos contra algún diputado, algún

ministro, algún general cercano al Rey... Por esas fechas yo hablé por teléfono con Miláns del Bosch: «Ni

conozco que haya, ni he firmado, ningún escrito de protesta junto con otros jefes militares... pero entiendo

que, si entre jefes militares hubiese descontento por cómo se gobierna el país, no remitirían un escrito al

jefe del Gobierno, sino a "quien" puede hacer que las cosas cambien»... En el ambiente, el terrorismo en

espiral frenética. Y Tejero decía ya a quien quisiera oírle que «un día, pronto, actuaría para salvar a

España».

Invierno. Tejero entra en acción, pistola en mano, el 23-F. Ahí está el vídeo. Colapso democrático.

España en vilo. Los procesamientos. El sumario. Las reacciones. Tejero genera, queriéndolo o no, un

tejerismo de «spray» en las paredes y procesiones a Alcalá y a La. Palma. Se pone en marcha la campaña.

Las filtraciones, oportunísimamente escanciadas, distribuidas, financiadas... Cunde el «papel filtrado»: el

informe Oliart, los documentos secretos de la DAC, el sumario Tejero... Ahora se anuncia más papel

revelador «donde Tejero lo cuenta todo». Folios que palpitan en cajas de seguridad bancarias fuera de

España... más las escuchas telefónicas del 23-F, captadas desde la central militar de El Pardo... más

escritos y recomendaciones solicitando un «consejo de guerra benevolente» o una «amnistía regia»...

Primavera. 23-M. El golpe de efecto. El golpe de mano, la mascarada anónima que secuestra, que

humilla, que tira al suelo... sin hacer sangre. El tejerismo... que, queriéndolo o no, estalla en terrorismo.

Pilar URBANO.

 

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