Exigimos resultados     
 
 Diario 16.    27/05/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Exigimos resultados

Algo ha quedado definitivamente claro tras la reflexión colectiva suscitada por el debate de ayer: el

verdadero propósito de quienes planearon el atraco al Banco Central no era liberar a Tejero sino colocar

una carga de profundidad contra la democracia en el duro frente de la guerra psicológica.

No queda más remedio que reconocer que, por ahora, parte de sus objetivos se están cumpliendo. La falsa

noticia sobre la presencia de guardias civiles en el interior está siendo explotada por la ultraderecha

distanciando a la Benemérita del sistema. La impotencia del Gobierno —reconocida por Calvo-Sotelo

para desbaratar la trama que tan hábilmente le envolvió durante horas y horas, erosiona su credibilidad

pública y estimula las críticas de la oposición en un momento en que todos deberíamos remar al unísono.

La propia alusión del presidente a la gran capacidad de simulación exhibida por los asaltantes, sugiere que

al menos una parte de ellos debió participar en la compleja estrategia desestabilizadora más allá del papel

de «delincuentes a sueldo». No se comprende, si no, que quienes han sido contratados por cinco millones

de pesetas resistan la tentación de llevarse una cantidad muchas veces superior con el mero esfuerzo de

reunir los billetes desparramados por el suelo.

Las revelaciones de DIARIO 16 sobre el pintoresco pasado del jefe del comando —confidente habitual de

la Policía en la primera etapa posfranquista— también avalan este íntimo grado de complicidad. La

«french conection» de «El Rubio» —nada que ver, tranquilícense los cardiacos, con el célebre fugitivo

canario— con el fantasmagórico «Antonio Luis» se configura más como una sesión de Estado Mayor que

com6 la contratación de un gángster.

La sinceridad de Calvo-Sotelo y su democrática disposición a responder a cuanto se le preguntó, sirvieron

para disipar la turbia hipótesis de que entre el Gobierno y los asaltantes existiera algún tipo de cam

balache consumado durante la hora que los geos tardaron en liberar el banco.

El presidente demostró una buena disposición de transparencia al ofrecer a la Cámara el material grabado

del suceso, e hizo patente su personal dedicación al esclarecimiento de l embrollo al relatar su larga charla

telefónica con el cajero.

Sus aseados gestos políticos quedaron, pues, de relieve y fueron correspondidos por todos los Oradores el

Parlamento como institución tituló ayer a gran altura— con la excepción del cínico señor Mílitar, quien

reclamó tratamiento de «paloma» al cabo de veinte años de actuar como carnicero «halcón».

Lamentablemente no podemos sobrevivir solo con la estética. El que el Gobierno haya tenido la

franqueza de reconocer que «no sabemos quién está detrás», archivando antiguas hipocresías, no disculpa

su ignorancia.

Los que tenemos enfrente no se andan con chiquitas, y ahí está el descubrimiento de un túnel del que

podía haber brotado la metralla que trocara en tragedia la gran fiesta castrense del domingo.

Tal vez sea un poco duro poner contra las cuerdas a un poder que tan razonablemente se comporta en las

grandes ocasiones, pero nuestra democracia no dispone de margen de tregua.

No tenemos más remedio que exigir resultados y reclamar rápidas respuestas. Si los días transcurren en

silencio, será obligatorio demandar una drástica remodelación del Gobierno y sus apoyos políticos.

 

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