Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La cigarra y la hormiga     
 
 Hoja del Lunes.    14/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Los episodios nacionales

LA CIGARRA Y LA HORMIGA

Lo de Luxemburgo le ha salido a Adolfo Suárez bordado. Las visitas a los nueve del Club de Europa ha

terminado "in belleza", como dicen loe italianos, para no decir eso que siempre se dice del "broche de

oro". Ya decía yo que lo de Luxemburgo nos lo arreglaba Ignacio Camuñas. El eje LuxemburgoCamuñas

es una entente a nivel de grandes potencias, un superpacto para cargarse los dichosos Pirineos esos que

siempre nos están separando de la dulce Francia y que ya no pueda decir nadie que África empieza en

Candanchú. Al finad, -tarde o temprano, Europa nos abrirá sus puertas y podremos poner en el mercado

europeo nuestros tamba lulos de tomates de Murcia y de peras de Lérida exactamente igual que los

partidos políticos han levantado sus tenderetes en el Rastro. Don Pío Cabanillas encargará al maestro

Joaquín Rodrigo o al maestro Cristóbal Halffter una hermosa composición musical que se titule algo así

como "En un mercado de Frankfurt", para que no tengamos que estar oyendo siempre lo de "En un

mercado persa,", que es un mercado en el que no podemos entrar más que a comprar petróleo y a mirar

turquesas. Después de su gira europea, el presidente del Gobierno se ha ido a Murcia, que es mi reino, y

que está destinada a ser la "huerta de Europa" cuando hayamos entrado en el Mercado Común y cuando

hayan llegado las aguas del trasvase TajoSegura a través de varias cuencas autonómicas. Nos hemos

pasado no sé cuantos años siendo la reserva espiritual de Occidente, pero ahora parece ser que se trata de

alimentar a Occidente con nuestras hortalizas en vez de salvarlo con las charlas radiofónicas del padre

Venancio Marcos. El señor presidente del Gobierno habrá podido comprobar, en su visita a Murcia, que

los murcianos somos gentes bienhumorada y pacientes, que recibimos las inundaciones tradicionales, los

retrasos del Trasvase, el destierro .de las autopistas, la visita de gobernantes y otras calamidades públicas

con irónica resignación. Generalmente somos gente pacifica y no armamos otros belenes que el de

Salzillo. En los ratos libres, que procuramos sean largos, inventamos el autogiro o el submarino, el

Rincón de Pepe y el Cantón de Cartagena, y después nos echamos a dormir la sipsta y a reimos un poco

de ver cómo se afanan los ministros en no habernos caso. De todas formas, somos hospitalarios y

generosos, y si hay que ser la huerta de Europa, pues ya se será, y si hay que regalarle a don Fernando

Abril Martorell algún volumen de Saavedra Fajardo, pues se le regaba. Por nosotros que no quede.

Otra cosa que ha salido bien es lo del Senado. Los señores senadores están empeñados en no ser la

"Cámara de los amenes" y quieren poner en las leyes sus puntos sobre las íes, aunque tampoco quieran ser

ya aquella "Cámara de las ideas", como la bautizó don Torcuato FernándezMiranda, quizá porque

ninguna de las ideas que se les ocurría a los señores consejeros nacionales inquilinog del antiguo y del

presente Senado llegaban a ser realidad, que así se desanima cualquiera. Cada vez que al Consejo

Nacional se le encendía la bombilla, esa que venia en el "TBO" para indicar que alguien habla tenido una

idea, llegaba don Luis Carrero Blanco y repetía aquello del claustro de la Universidad de Cervera a don

Fernando VII: "Lejos de nuestras mentes la funesta manía de pensar."

Bueno, pues el Senado quiere ser una Cámara colegislativa y no quedarse sacristán de amén. Pero los

oradores de la oposición convencieron a sus señorías de que eso de meter !a pluma en las leyes no era

oportuno en estos momentos, y que había que aprobar los proyectos de ley tal y como habían llegado dpi

Congreso. Como éste es un país mágico y no un país lógico, aquí la oposición se empeña en sacar

adelante los proyectos del Gobierno con más entusiasmo que el partido del Gobierno. ¡Había que ver

cómo aplaudían sus señorías los senadores cuando se aprobó el proyecto de ley de Medidas Urgentes para

la Reforma Fiscal!

¡Y había que ver como algunas señorías de la UCD desertaban de sus bancos! En quince minutos que el

señor Fontán concedió entre los discursos y la votación, debió de funcionar el teléfono para llamar a los

niños que no habían ido a clase. Al final sobraron catorce votos, a pe.sar de que muchas señorías no

llegaron a tiempo dt votar, y otros-como don Luis Sánchez Agesta-se quedaban en la puerta para no

tener que hacerlo. iEs que ya es mucho votar después de una dieta tan larga! Y además, eso de votar para

que a uno le frían a impuestos es un sacrificio democrático demasiado fuerte A ´la postre, todo terminó

bien, o mal, según la cuenta corriente de quien lo mire. Asi que ia pagar! Por fin, señores españoles,

vamos a dejar de ser un país de defraudadores a la Hacienda para convertirnos en un país de

contribuyentes. Y por fin va a haber un ministro de Hacienda que hace la reforma fiscal sin que antes

haya salido disparado de la poltrona. Yo no sé cómo habrá que llamarle a esto que pasa, si reforma,

ruptura, cambio o revolución. Pero me temo que haya algunos que lo denominen con un taco. Es lo que

dice mi amigo el rico: "Como le tengamos que pagar incluso a la Hacienda, apaga y vamonos."

Además de los que no quieren pagar están los que quieren granar más, sin respetar los pactos de la

Moncloa, Lo más difícil de loa pactos no es firmarlos, sino cumplirlos o hacerlos cumplir. Mientras sea

firmar, lo firmamos todo, incluso las letras de cambio. Lo malo es que también quieran que las paguemos.

Aquí la solidaridad empieza con uno mismo, y el pacto más sagrado lo tenemos firniado con el sobre de

la paga. Otros lo tienen firmado con la evasión fiscal. Y los más afortunados lo tienen firmado con las dos

cosas. Loe pactos de la Moncloa han pasado por los partidos políticos, por las dos Cámaras, un poco más

estrechamente por las centrales sindicales y por las organizaciones empresariales. Pero ahora falta que

pase por los bolsillos de los espsñolitos, y ya se está viendo que muchos de ellos no están por la labor. No

hay que olvidar que vivimos en un país que tiene un reirán estremecedor en su gramática parda: "Hecha la

ley, hecha la trampa ´, y anteg que aparezca la ley en el "Boletín Oficial" ya estarán los más preclaros

ingenios de la Corte y los más avisados cazurros del pueblo viendo la manera de hacerle trampa a la ley.

Y, sin embargo, o pasamos todos por el aro, o dicen los expertos que nos vamos ad garete. De momento

estamos, unos y otros, con el juguete de la huelga. Don Santiago Carrillo habla de la huelga de inversores

y los periódicos hablan todos los días de las otras huelgas. Esa huelga de los aeropuertos nos ha costado,

según dicen los titulares sensacionalistas, tres mil millones de pesetas. O sea, que en unos días de juerga

aeronáutica nos hemos gastado un buen bocado de esos millones de dólares que el presidente se trajo de,

Alemania. Estamos pidiendo créditos para sufragar las huelgas, que es lo mismo que si nos

dedicamos a dar sablazos para pasarnos el día rascándonos el ombligo. Menos mal que algunos se

dan cuenta de lo que pasa. Porque cuando les lian preguntado a los españoles- según esa encuesta de

icsa-Gallup que ha publicado "Informaciones"-por las causas de la crisis económica, una mayoría

significativa no le ha echado la culpa al petróleo ni a la situación internacional, sino que ha di lo que

pasa ea que no damos golpe.

Ya se sabe que los españoles nunca hemos tenido fama de áer muy trabajadores, con algunas excepciones

de por el Norte. Muchos más que hormigas nos gusta ser cigarras, y está bien claro que entre nosotros

siempre tendrá más éxito Manolo Escobar quu el camarada Alexéi Stajanov. Eso de la cadena de

producción y del incremento progresivo de la productividad va poco con nosotros, porque este es el país

del "en todos los trabajos se fuma", y cuando queremos que alguien nos compadezca no tenemos eino que

decirle que hemos trabaiado sin levantar cabeza El mismísimo don JMÍue Unamuno, que se paso la vida

trabajando, hizo la alabanza de cigarra y el menosprecio de la hormiga. Aunque también puede ser que

Unamuno se pasara el día escribiendo para no tener que trabajar. De todo eso estábamos hablando en la

tertulia y el poeta de la reunión dijo:

- Hay que desengañarse. Este es un país decigarras.

-Eso es un tópico pasado ya de moda-replicó el ejecutivo. En España se trabaja ya más y mejor que en

muchos lugares de Europa. Si alguna vez hemos sido un país de cigarras, ya estamos siendo un país de

hormigas.

-Pero ahora tenemos vacío el hormiguero -terció el economista-. Estamos echando por la ventana

todos nuestros ahorros de muchos inviernos.

-Lo que pasa-concluyó el derrotista-es que no somos ni un país de hormigas ni un país de cigarras.

Somos un país de avispas.

Y en seguida nos pusimos a hablar del artículo de Luis María Ansón. Ansón se pasa unos meses callado o

metiéndose con Emilio Romero, que viene a ser lo mismo, y de repente le entra la cólera bíblica y escribe

una tercera en "ABC" que deja al país temblando. Nos hemos pasado toda nuestra Historia presumiendo

de valientes arrojados e incluso de temerarios, y ahora se le ocurre decir a Ansón que lo que nos pasa es

que estamos bajo la dictadura de! miedo, y que aquí tienen miedo todos, desde los gobernantes a los

peones, desde los intelectuales a los empresarios. Y cuando todo el mundo está con la palabra "libertad"

en los labios y en las banderas, a él se le ocurre pronunciar por tree veces la palabra "autoridad" que

últimamente estaba tan desprestigiada. Yo creo que eso de la autoridad es algo que hace falta, en efecto, y

que van a empezar a decirla y a gritarla todos loe que tienen miedo de los que tienen miedo a ejercerla.

De una u otra manera, esto es una película de miedo. Pero habrá que esperar que. en el desenlace, lleguen

los buenos y terminen con los fantasmas del castillo. O con el chulo del barrio. O con la pandilla de

gamberros.

Ahora, el principio de autoridad va a sufrir varias pruebas del fuego. Ya vamos asentando la democracia,

y quienes nos gobiernan están comprometidos a gobernar, con el acuerdo de las instituciones

democráticas. Nadie tiene ya por qué tener escrúpulos ni remilgos de falta de representativldad y

provisionalidad de la transición. De modo que ¡hala!, a gobernar este país. Que es, desde luego, un país de

hormigas, de cigarras y también de avispas. Lo normal.

Jaime CAMPMANY

 

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