Propósito de claridad y transparencia     
 
 ABC.    27/05/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Propósito de claridad y transparencia

«Con un sincero propósito de claridad y transparencia» — como él mismo dijo—, compareció ayer ante

las Cámaras el presidente del Gobierno, y si no consiguió toda la claridad y toda la transparencia que los

españoles hubieran deseado en torno al asalto al Banco Central, sí alcanzó a convencer a todos dé su

sinceridad y de su afán por llegar al máximo de claridad y transparencia posibles. El señor Calvo-Sotelo

habló con el aplomo de siempre y a corazón abierto. Y más que los datos objetivos que ofreció —algunos

significativos— impresionó el hecho de que consiguiera transmitir su permanente juego limpio y que allí

donde su palabra se detenía era porque sincera y objetivamente no podía ir más allá. Fue, sin duda, esta

honrada actitud suya la que quitó pólvora a una sesión que se prometía difícil y la que logró un desenlace

en el que hubo muchas más coincidencias que discrepancias.

Comenzó el presidente —con plena justicia— autofelicitándose y felicitando al Gobierno por el feliz

desenlace de un suceso tan dramático. Ningún grupo escatimó despues esta felicitación. Y nosotros

volveremos a repetirla desde nuestras páginas. Es evidente que la apuesta era muy fuerte y también lo es

que los errores y deficiencias fueron muy inferiores al gran acierto global.

Acertó Calvo-Sotelo afirmando con sencillez que las cosas siguen sin estar claras. Y todos estamos

dispuestos a reconocer que no pueden estarlo a día y medio del desenlace del hecho, siempre que se nos

asegure que la investigación prosigue y que no va a resolverse todo con piadosas e infantiles escapatorias.

Hay aquí — el presidente lo sabe y lo recordaron casi todos los grupos parlamentarios —una muy grave

campaña sistemática de desestabilización de la democracia; campaña de la que este suceso es sólo un

eslabón más. Hay un movimiento de intoxicación permanente de la opinión pública, hay un incesante

acoso al Estado y a sus instituciones. Bueno es oír a todas las fuerzas democráticas del país, encabezadas

por el Gobierno, proclamando su voluntad de desenmascarar esas tramas negras, de ir hasta el final de

todos los hilos.

Volvió a acertar el presidente al confesar con sinceridad que hubo errores informativos importantes en las

fuentes oficiales de los primeros días. Todos —el Gobierno primero, los. medios de comunicación

después y guiados por esas fuentes oficiales — caímos en la trampa de la simulación de los terroristas,

deduciendo de muy pequeños detalles montañas inexistentes. ¿Lo creímos porque los simuladores eran

muy buenos? No principalmente. Lo decisivo en ese error fueron todos esos fantasmas que Circulan por

el país, gracias a los cuales desde el 23 de febrero los españoles estamos dispuestos a ver gigantes donde

sólo hay molinos. O donde los gigantes son-otros.

Todos necesitamos, al parecer, una cura de serenidad y equilibrio. El clima de sistemáticas desconfianzas,

el afán por ver manipulaciones en todo, no serán los mejores caminos para estabilizar la democracia.

Guiándonos por los fantasmas podremos incurrir en graves injusticias contra grupos que merecen todo el

honor. Y terminaremos por hacer el juego a quienes tienen como objetivo la difusión dé esta ansiedad

permanente, esta sensación de que la tierra se mueve bajo nuestros pies. Quien vive obsesionado por el

golpe termina acelerándolo. O fabricándolo.

Pero, al pedir serenidad, no estamos invitando a entrar «en la ciudad alegre y confiada» en la que siempre

terminan venciendo los rufianes. Habría que pasar efectivamente a esa democracia vigilante que pregona

el presidente del Gobierno. Y los hechos de Barcelona podrían ser una ocasión de comienzo. Se ha

vencido allí al terrorismo de las pistolas. No caigamos ahora en el terrorismo de los bulos, de las

informaciones incompletas, de las sospechas por principio, que terminarán por conseguir que dirijamos

nuestros ataques contra el Gobierno y los desviemos de los verdaderos enemigos de la democracia.

Mas, naturalmente, el Gobierno sabe y debe saber que el pueblo español espera más. Reconoce que su

presidente no pueda hoy explicar claramente una realidad que aún es confusa. Pero espera que esta

confusión no se prolongue. Quiere seguir teniendo motivos para estar orgulloso de su Policía. Espera que

así como los GEO supieron descender hasta desalojar a loa terroristas, sepan ahora otros investigadores

descender hasta el fondo del problema y desenmascarar a quienes estén tras ellos.

Porque ,1o que es absolutamente cierto es que la democracia española no puede soportar un nuevo golpe

cada mes o cada semana y que, de seguir así, aunque se ganasen algunas batallas, podría perderse la

guerra total. Una guerra total que ciertas minorías han desencadenado contra las libertades. Una guerra

que sólo concluirá cuando todos los cabos de esa maraña hayan sido desenmascarados y estén cuantos la

mueven en prisión. Entonces, señor Calvo-Sotelo, esta sincera felicitación que hoy le enviamos será

completa y definitiva.

 

< Volver