Autor: Urbano, Pilar. 
   "Hay un acoso al Estado"     
 
 ABC.    27/05/1981.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Hilo directo

MIÉRCOLES 27-5-81

«Hay un acoso al Estado»

NACIONAL

Calvo-Sotelo parece haber aprendido, contemplando los despojos políticos de Suárez, a qué desgarros de

imagen conducen el mutismo, la ausencia y el marchar a la zaga remolona de tos acontecimiéntos. Quizá

por ello, en su llamada «política de gestos», el resorte común sea siempre «adelantarse».

Ayer había que comparecer ante la Cámara y explicar unos hechos; «23-M, Barcelona». O al menos decir

que «todavía no se puede ofrecer una explicación suficiente». Y el presidente del Gobierno compareció.

Tenía que hacerlo; de modo que cumplió con su deber, ni más ni menos. Pero «se portó». Tuvo, además,

la honestidad de reconocer que «explicar claramente una realidad confusa puede ser falsearla» Y la

inteligencia acróbata de relanzar a la Cámara la mismísima pregunta que la Cántara se hacía: «¿Quién

está detrás dé esto?»

Más que una sesión informativa, densa en datos, lineal en la exposición de unos sucesos, clarificadora en

el análisis de una trama, fue una sesión de «salir al paso» y de «anunciar luces definitivas».

Yo sabía que el ministro del Interior llevaba en su maletín negro varios kilos de papel: respuestas a

previsibles preguntas. Sólo en un par de momentos se abrió el maletín: ante preguntas de Marcos Vizcaya

y de Solé Tura. El resto de los diputados utilizó la tribuna de oradores para alancear al toro embistiente de

una oscura «conspiración» contra la democracia.

Y la lanza más enérgicamente clavada fue la de Felipe González. Obsesivo — « vehemente» le llamó don

Leopoldo-—, con la fundada sospecha de que «aquí hay un acoso al Estado, organizado por el terrorismo

de izquierdas y de derechas...», denunció la estrategia de los «liberticidas» de un signo y de otro:

«golpear-golpear-golpear». Y llevó al jefe del Gobierno a la tesitura —en eso estuvo certero el señor

González— de declarar «qué los hechos se insertan en un contexto más amplio, amplio..., que hay que

investigar hasta el final... y que ni hubo ni hay ni habrá pactos con los asaltantes». El momento «sublime»

de la tarde fue aquel en que, desde su escaño azul, Calvo-Sotelo, mirando a Felipe González, dijo: «El

Gobierno no reconoce el acosó al Estado porque se lo muestre aquí hoy el líder de la oposición. El

Gobierno conoce ese acoso, porque tiene sus propias fuentes de información.»

Desde la perspectiva distante de la tribuna de Prensa el debate ofrecía dos planos: El interrogatorio sobre

número de asaltantes, clases de armas, declaraciones de rehenes, actuación de los GEO, simulación de un

estilo militar, financiación rocambolesca desde Perpiñán... Eso, de una parte. Y de otra, la sospecha en

palpito y en voz de una «trama negra» que opera contra el crédito y la confianza del sistema democrático:

que el 23-M no es más que un fogonazo nuevo en la artillería «liberticida» que estalló el 23-F. Claro y sin

rodeos.

Carrillo estaba en Rumania. Y Fraga en un Congreso en Sudáfrica. Así que por CD tomó la palabra

Antonio Carro. Desafortunada intervención, en la que, tras dedicar emocionados elogios a la Guardia

Civil (cuando está aún caliente la tormentosa sesión «Almería»), llegó a decir que entre las funciones del

Parlamento «quizá» esté la de «representar al pueblo».

Acalorada la indignación autoexculpatoria de don Blas Pinar. Y llamativo el codo a codo del jefe del

Gobierno con el ministro de la Defensa... —ustedes lo verían en la pequeña pantalla—, como si de un

tema «militar» se tratase y no de un asunto de Interior. Rosón y Calvo-Sotelo no cruzaron ni una soja

palabra en todo el debate. Hay, sí, una explicación de protocolo: en viaje a Italia el ministro de Exteriores,

corresponde el asiento «dos» al ministro Oliart.

Como balance apresurado de una sesión sobre la que habrá que volver, yo apuntaría dos datos

interesantes, suministrados arribos por el presidente Calvo-Sotelo: el reconocimiento... y conocimiento...

de un organizado acoso al Estado. Y la declaración de que, respecto al 23-F, él, como jefe del Gobierno

hoy, que no lo era aquel día, no se sienta «obligado por el acuerdo, si es que lo hubo, porque si lo hubo

fue en situación de coacción». De modo que el papel firmado Tejero Armada es para Calvo-Sotelo,

«papel mojado».

Pilar URBANO.

 

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