El presidente no cree que sea una acción espontánea de un grupo de delincuentes. 
 Leopoldo Calvo Sotelo confirma que un ultraderechista encargó el asalto a la sede del Banco Central de Barcelona     
 
 El País.    27/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

El presidente no cree que sea una acción espontánea de un grupo de delincuentes

Leopoldo Calvo Sotelo confirma que un ultraderechista encargó el asalto a la sede del Banco Central de

Barcelona

El presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, explicó ante el Congreso de los Diputados que los

asaltantes al Banco Central de Barcelona tenían un contacto ultraderechista que les encargó la acción, la

consigna de confundir a las autoridades y a la opinión pública haciéndoles creer que eran un grupo

militar. El presidente no descartó ninguna hipótesis, y dijo que no podía dar una respuesta solvente a la

pregunta de quién está detrás de este asunto, aunque el Gobierno no cree que sea una acción espontánea

de un grupo de delincuentes comunes. En resumen, el presidente dijo:

«Tras la sesión de investidura, cuando recibí al presidente de esta Cámara en la Moncloa, le pedía una

previsión reglamentaria para que el presidente del Gobierno pudiera venir a esta tribuna para responder a

las preguntas que sobre cuestiones de actualidad política quisieran hacer los diputados. Ayer solicité esta

comparecencia, no para dar una versión detallada de los sucesos, que conocen en buena parte y precisará

el Ministerio del Interior cuando acaben los interrogatorior, pero sí pata esclarecer los puntos oscuros o

las contradicciones señalados por los grupos parlamentarios».

«Pero antes voy a hacer una cosa insólita: hablar bien del Gobierno, porque éste y los servicios que de él

dependen han resuelto brillantemente una situación muy difícil con toda limpieza y eficacia, sin daño para

rehenes inocentes. Es preciso este claro elogio a los miembros de la Administración y las fuerzas de

seguridad que han intervenido. El Gobierno siguió minuto a minuto los hechos por la línea telefónica

directa establecida entre el palacio de la Moncloa y el centro de la dirección de las operaciones. Yo hablé

constantemente con el delegado del Gobierno en Cataluña, el gobernador civil y el jefe superior de

policía. Escuché sus versiones, sus presentimientos, sus dudas e incluso las conversaciones que mantenían

con los secuestradores».

«En síntesis, de los hechos destaca lo siguiente: en primer lugar, tras el comunicado de los asaltantes se

les hace saber que no quieren ser liberados aquellos cuya libertad piden, y que el país señalado para huir

tampoco les da asilo. En este punto he de destacar el comportamiento de los servicios de Asuntos

Exteriores y la Prensa de Barcelona que hizo ediciones especiales para recoger estos datos. En segundo

lugar, los asaltantes se niegan a aceptar lo citado y exigen que se cumplan sus exigencias con amenazas

de ejecución inmediata, contra lo que se les hace llegar la firmeza mas absoluta».

«Después vino la negociación para la entrega. Subrayó la firmeza del delegado general del Gobierno y el

director general de la policía al entrar en el banco, con lo que se perseguía no sólo negociar la entrega,

sino recabar datos por si era necesario intervenir. Por último, llegados al convencimiento de la

conveniencia de intervenir, tanto por la situación de los secuestradores como por la de los rehenes, se

ordena a las fuerzas de seguridad la intervención, con el resultado sabido».

«Quiero esclarecer ahora los puntos oscuros, porque siempre he deseado la claridad y la transparencia,

aunque adelanto que explicar una realidad confusa puede ser falseante, ya que tras los primeros

interrogatorios permanecen puntos confusos».

«En cuanto al número de asaltantes, se va conociendo a lo largo del secuestro, por lo que dicen los

propios asaltantes y los rehenes. Con alguno de éstos he hablado personal y largamente, y su estado al

salir no les permitía dar cuenta de forma serena de lo que habían visto, ni dentro estaban en condiciones

de observar bien, ya que ninguno tuvo nunca una visión global ni vieron juntos a todos los asaltantes,

además de que parece que éstos cambiaban de vestimenta y su cara cubierta hace difícil una evaluación.

Los propios secuestradores hablaron primero de que eran veinte, y luego, veinticuatro, -para exagerar su

propia fuerza. Estas cifras llegaron a la opinión pública por deseo de transparencia de quienes dirigían las

operaciones en Barcelona, que seguramente les hizo decirlo precipitadamente».

«En cuanto a las armas, se les han encontrado doce, y parece que uno de ellos utilizaba una metralleta y

una pistola a la vez. Había la sospecha de que huyeron algunos de ellos entre los rehenes; por eso se

ordenó que todos éstos, en cuanto hubiese alguna duda, pasasen para ser identificados por la Jefatura

Superior de Policía, por lo que no es razonable que hayan escapado secuestradores. Se ha detenido a un

undécimo, hermano de uno de los asaltantes, pero que parece que no estuvo dentro. En este tema no hay

propósito de ocultar nada, ni hay cautela ni precuación, sino, en todo caso, hubo falta de ellas en el mando

operativo de Barcelona».

«En cuanto a la identidad, se han dado los nombres, y el historial está en manos del ministro del Interior.

Se sigue investigando, y ninguno de ellos, por lo que se sabe hasta ahora, pertenece o ha pertenecido a las

fuerzas de seguridad del Estado. Sobre su filiación política tenemos las fichas de algunos, entre ellas las

del jefe, en donde se recogen conexiones con anarquistas, un grupo autónomo anarquista; pero ello no

quiere decir que la iniciativa y la responsabilidad de los hechos sea de estos grupos. Tras la primera hora

y media de interrogatorios, el secretario de Estado para la Información dijo que se apuntaba a una

operación de la extrema derecha. Tal vez fue una información prematura, pero se dijo porque una de las

primeras declaraciones del jefe de la banda iba en este sentido. Apunto de paso que esta declaración

completa y las cintas de las conversaciones que se mantuvieron con los secuestradores estarán a

disposición de la Cámara, porque el Gobierno desea la máxima transparencia».

Declaraciones del "número uno"

«José Juan Martínez Gómez, el llamado número uno —he de advertir que sólo se llamaban por números

el primero y e1 segundo—, declaró que se entrevistó en Perpiñán los días 15 o 16 y 22 de marzo con un

tal Antonio Luis, que se presenta como ultra y dice conocer las actividades delictivas de Martínez-Gómez.

Requiere a éste para una actuación importante en la primera entrevista, y el día 22 le especifica que será

el asalto al banco con toma de rehenes. Recibe entonces el texto del comunicado que habrían de dar y

1.500.000 pesetas, junto a la promesa de otras cantidades. Le pide que busque a compañeros para la

acción y promete dinero también para ellos. Le asegura que la operación cuenta con fuertes apoyos, que

no puede fracasar y que está asegurado el traslado a Argentina. El 13 de mayo se produce una nueva

entrevista en Barcelona, en la que el contacto le entrega al jefe de la banda, en una bolsa, una metralleta y

seis pistolas».

«También le dio la consigna de confundir a las autoridades y a la opinión pública para hacerles creer que

son un grupo militar. Hicieron un ejercicio de simulación sistemático, con decir que eran un número

mayor de la realidad, la existencia de explosivos, fingiendo que hacían hornacinas para colocar los

explosivos en ellas y volar el edificio, su actitud militar con voces de mando y el uso de la numeración, y

las menciones a conceptos de honor, jerarquía y disciplina al hablar con las autoridades».

«Actualmente se busca al tal Antonio Luis, en colaboración con la policía francesa. El Gobierno dará

cuenta de la marcha de estas gestiones. Pero hay una pregunta fundamental, a la que no puedo dar una

respuesta solvente: ¿quién está detrás de estos hechos? Se dice, no obstante, a dónde apuntan las primeras

impresiones, pero sería una ligereza ir más allá. El Gobierno no cree de todas formas que se trate, de una

acción espontánea de un grupo de delincuentes comunes». "

«Los secuestradores pueden mentir en sus declaraciones, pero cabe la evidente sospecha de que el hecho

se sitúa en un contexto más amplio. El Ministerio del Interior trabaja sobre hipótesis distintas y no

descarta ninguna, ni siquiera la posible implicación de miembros de la Guardia Civil como apoyo. En este

sentido citó el ministro de Defensa la presencia en Andorra del ex capitán Sánchez Valiente. Pero no

existen otros datos que confirmen esta hipótesis, aunque insisto en que no se desecha ninguna».

«No pretendo haber dado una explicación exhaustiva de los hechos, sino introducir más bien las

preguntas que sus señorías quieran hacer. No puede adelantarse más en el terreno de las hipótesis. El

ministro del Interior tiene más datos; muchos, menudos y circunstanciales, pero ambos estamos

dispuestos a decir lo posible ante lo que pregunten».

 

< Volver