Autor: Mazo, Mariano del. 
   La constitución a la vista     
 
 Pueblo.    05/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA CONSTITUCIÓN A LA VISTA

PARECE ser que el borrador de nuestra futura Constitución está ya casi concluido y a fines de este mes

po. drá ser discutido por la ponencia. Sorprenderá el ritmo que lleva este trabajo y quedará cía. ro que las

cosas se llevan dentro de un entendimiento, lo cual se ha evidenciado ya en los pactos de la Moncloa.

El panorama, pues, es completamente distinto al de 1931, cuando se elaboró la Constitución de la

República. Eminentes juristas tomaron parte en la redacción y estudio de los textos. Los nombres de

Jiménez de Asúa y de Pérez Serrano, por ejemplo, eran garantía de que la técnica habría de ser impecable.

Quedaba en duda el espíritu que animaría el documento.

En efecto, las Cortes consti, tuyentes estaban formadas por personas demasiado definidas políticamente

hacia un fado determinado. En el hemiciclo sólo se sentaba un diputado monárquico, el conde de

Romanones. La discusión y aprobación del texto constitucional se iba a lle_ var a cabo en un clima

totalmente parcial. Y sólo el famoso artículo 26, de tema religioso, mereció dura controversia. El

resultado fue una Constitución que sólo reflejaba el espíritu de una parte del país.

Así ocurrió que, pasado el primer trago, la derecha comenzó a reaccionar y su bandera fue la «revisin de

la Constitución», iniciando con los famosos mítines revisionistas s u campaña. La derecha ganaría luego I

a s elecciones en 1933. Y al año si guíente la revolución de octubre comenzaría a demostrar que no era

posible Intentar un cambio. Luego, errores de unos y otros, algunos arrastrados de antaño y unos cuantos

surgidos de las nuevas tensiones, terminarían enfrentando a los españoles en una guerra civil.

Por ello, cuando algunos escritores deseosos de historiar pretenden hacer comparaciones de este tiempo

con el de 1931, no podemos por menos de ce. lebrar que se equivoquen. Y ello debido a que la España de

hoy es muy distinta de la otra. Las tensiones sociales son menores. Carecen de esa ferocidad que asusta

recordar. Y, además, los españoles de este tiempo han adquirido una ponderación que no tuvieron

normalmente sus antecesores. No se trata sólo de que nadie quiere vivir los horro res de una guerra civil.

No es e¡ miedo quien empuja. Es el sen. tido común, la comprensión de que el diálogo es bueno y que to

política no es un juego de todo o nada, de buenos y malos, sino un coloquio entre paisanos.

Sencillamente.

Mariano DEL MAZO

 

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