Autor: Dávila, Carlos. 
   El centro, para Suárez     
 
 Diario 16.    24/06/1986.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El centro, para Suárez

Carlos Dávila

En noviembre, tras las elecciones autonómicas gallegas, el centro era de Roca; en junio, tras las generales,

el centro es de Suárez. La pregunta es la siguiente: si Ja primera situación fue reversible, ¿puede serlo la

segunda? La política española es tan versátil que sería una temeridad juzgar «per sécula» la propiedad de

una patente; ahora bien, el primer síntoma surgido tras las elecciones del domingo augura un porvenir

dudoso al reformismo que ha presidido Miguel Roca. Roca, desde Barcelona, sorprendió a propios y

extraños con un «desmarque» estratégico de su propia operación, Roca habló de los «compañeros» del

PRD que, consideraciones amistosas al margen, puede revelar la intención del propio candidato a la

presidencia del Gobierno y de su partido de siempre, de Convergencia, de marcar distancias con los ven-

cidos reformistas. Si esto es así, —y parece pronto para sentenciarlo por un síntoma de aparición

coyuntural—, el futuro del partido reformista es sencillamente su desaparición. La desmembración del

reformismo traería como consecuencia inmediata la definitiva, «centralización del centro» en el partido

de Suárez. Hace más de un año que Pujol, Roca y Suárez estuvieron a punto de acordar un entendimiento,

que hubiera propulsado al centro español más allá de los 19 diputados que ha conseguido el CDS. Al

parecer, Pujol no quiso que el CDS prosiguiera con su vida en Cataluña, ni tampoco fue posible que el

pacto se firmara con la siguiente salida: adición de las siglas del CDS a la coalición Convergencia i Unió

en todas las elecciones del principado. Fracasada esta fórmula y elevado el CDS a la categoría de

ocupante solitario del centro, lo más probable es que a medio plazo se produzca una media fuga en el

PRD, alguno de cuyos militantes más ilustres y postreros reconoció, ingresando en el PRD, su fracaso al

no lograr un pacto de los dos partidos. No es ni siquiera presumible que un partido de «cuadros» como el

reformista, que tiene, junto con el PDP, un florilegio de profesionales sumamente capacitados para la

política, desaparezca tras el ciasco del domingo. Pero, ¿cuáles son las alternativas abiertas ante los

reformistas? En principio, tres sencillas: o definitiva margina-ción de la vida política, o continuación

pertinaz de proyecto reformista, o integración en el CDS. No parece haber más. Descartada como

solución global para todos la primera de ellas, la segunda está hipotecada, sobre todo, por el enorme

débito que hereda el PRD después de las elecciones y porque el proyecto puede haber sucumbido,

precisamente, por lo confuso de formulación, tal y como reconoció, cuando ya se en

treveían los resultados, uno de los principales ejecutivos del partido. Gentes ligadas al CDS pretendían

ayer que Adolfo Suárez realizara ahora una doble estrategia: primero, continuar horadando el espacio de

centro izquierda, que aún ocupa el PSOE, y, segundo, abrir el compás y encarnar una actitud generosa

para permitir el ingreso de políticos y aspirantes a tales, que, ya a partir de las ocho de la tarde del

domingo, guardan cola en la sede, hasta hace tiempo parámica del CDS. Adolfo Suárez ha formado un

grupo en el Congreso con minoría de parlamentarios conocidos, que son, ahora mismo, una auténtica

incógnita en su funcionamiento: hay que tener-en cuenta, a este respecto, que las listas del CDS se

cerraron «milagrosamente» y a la desesperada, a la vista de la negativa de los ex ministros del partido a

figurar en ellas. ¿Por qué se negaron Camuñas, Mayor, Añoveros, Sánchez de León, Rafael Calvo,

Jiménez de Porga? Creo que por esto: porque el 13 de mayo ni siquiera ellos, consorcios de Adolfo

Suárez en el CDS, apostaban un chavo por la suerte electoral del ex presidente. El CDS, pues, necesita de

aportaciones profesionales para capitalizar la auténtica oposición al PSOE, oposición que es muy difícil,

imposible casi, que pueda plantearse desde los espacios de la capitidisminuida Coalición Popular. El

testimo-nialismo de que ha hecho gala Suárez en la campaña indica, por lo demás, que las proclamaciones

radicales, como la disminución utópica del servicio militar, deparan pingües beneficios. Por ello, no sería

de extrañar que Suárez y su partido insistan en la línea, aunque, claro está, el ex presidente sabe mejor

que nadie que para ganar otra vez al PSOE precisa de los votos de centro-derecha, votos que nunca

conseguirá jugando a ser sólo la izquierda del Gobierno socialista. Es compleja la actividad del CDS para

el próximo cuatrienio, pero venturosa porque ha logrado hacerse bien desde un programa hetorodoxo con

la patente del centro.

 

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