Autor: ;Duque, José Carlos. 
 Balance electoral Generales 86. Desolación en las sedes del PRD y Unidad Comunista. 
 La noche de los vencidos…     
 
 Diario 16.    24/06/1986.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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BALANCE ELECTORAL

NACIONAL

24 de junio-86/Diario lo

DESOLACIÓN EN LAS SEDES DEL PRD Y UNIDAD COMUNISTA

La noche de los vencidos...

LA derrota del PRD se mascaba desde las seis de la tarde del domingo, cuando los primeros sondeos de

estimación de voto reflejaban un resultado aún más catastrófico que el que habían señalado las adversas

encuestas de la campaña. A la misma hora, en un piso de la plaza de Santa Bárbara, los «carrillistas» de

Unidad Comunista mantenían todavía la esperanza de lograr un escaño en Madrid. Horas más tarde, se

palpaba el mismo estado de abatimiento que se había adueñado del salón Granados en el Hotel Castellana.

En ese lugar, a las ocho de la tarde, cuando los informadores empezaron a desgranar los primeros

resultados estimativos por la pantalla gigante de televisión, los reformistas quedaron en silencio,

circunspectos y anonadados, al comprender que su opción habia sido materialmente aplastada en las urnas

por la decisión popular. A las 9,30 de la noche, Garrígues tuvo que aparecer ante los militantes y

seguidores que esperaban una explicación. Pero no la hubo. Garrígues agradeció el esfuerzo empleado en

la campaña electoral, felicitó a los socialistas por su victoria y despejó las dudas de los reformistas

diciendo que el partido continuaría «porque cuando se lucha por una concepción ideológica, se tarda en

ganar, pero al final se termina ganando». Garrígues estaba tan nervioso y desolado cuando subió a la

pequeña tribuna del salón, que se olvidó de presentar a Sainz de Robles, que quería también dirigirse a los

reformistas. Sainz de Robles, con el rostro congestionado de dolor, declaró —convencido— que tenía

tanta fe en la propuesta que se había hecho al pueblo español que al día siguiente se inscribiría en el PRD.

Los reformistas tuvieron que esperar dos horas más antes de que llegara el candidato presidencial. A las

12 de La noche apareció Roca ante sus incondicionales que le acogieron con tímidos gritos y aplausos. Su

rostro, serio, contrastaba con el sonriente de los carteles que figuraban a su lado. Roca insistió en su

compromiso irreversible con el reformismo, en una breve alocución. Con no menos tristeza acabaron la

jornada los hombres y mujeres de Unidad Comunista

que, al comienzo de la noche, se aferraban a una incierta esperanza, cuando los primeros sondeos

anunciaban que su líder podía obtener el escaño en Madrid.

Pero la implacable lógica de la ley D—Hont indicaba que las posibilidades de lograr ese

objetivo disminuían en la misma medida en que avanzaba el porcentaje de votos escrutados. A la

medianoche, Santiago Carrillo afrontó la dura prueba de explicar a los periodistas una derrota sin

paliativos, y lo hizo en su más puro estilo de viejo fajador, al desvelar el secreto

mejor guardado durante su campaña: El empresario Jacinto Rúa —anunció— fue quien le ofreció

quinientos millones si se aliaba con Ramón Tamames frente al PSOE.

La magnitud de su fracaso no le hizo perder el norte de su obsesión: la reunificación co-

munista. Por eso anunció que ya tenía listas dos cartas, dirigidas a Iganacio Gallego y a Gerardo Iglesias,

donde les propone, una vez más, la convocatoria tripartita de un congreso de unidad, que permita la

integración de todos en un solo partido.

 

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