Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Goles y votos     
 
 ABC.    10/06/1986.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC/21

Escenas políticas

GOLES Y VOTOS

ME gusta hablar, o sea, escribir, de política y de fútbol, que seguramente son mis dos pasiones de

periodista. En realidad, todo lo demás que he hecho en periodismo ha sido aprendizaje. Bueno, pues ya

vamos sabiendo algunas de las cosas que pasan en el Mundial de México, no las que pasan en los

estadios, sino en los despachos, en los hoteles, en las citas de tapadillo. Lo que sucede entre bastidores y

las conversaciones entre bambalinas. Por ejemplo. La Prensa mundial habla sin demasiado recato de que

el arbitraje del partido Brasil-España le valió al señor Brambridge la bonita cifra de cincuenta mil dólares,

siete millones y medio de pesetas. Los periodistas italianos cuentan sin rebozo que el resultado del partido

Italia-Argentina estaba pactado. El partido terminaría con un empate, y así fue. Sócrates ha hecho unas

declaraciones en las que se comenta con toda la claridad que ustedes necesiten el hecho de que en el

negocio del Mundial —aquí el fútbol deja de ser un ocio para ser un negocio- es conveniente que ciertas

selecciones lleguen a las fases finales. Brasil, desde luego, Alemania, alguna otra y, desde luego, la

selección del país organizador. A la selección española no pudieron ayudarle los arbitros más

descaradamente que lo hicieron en el Mundial de Madrid. Igual sucedió con el Mundial de Buenos Aires,

y así sucesivamente. Lo que no pueden hacer los arbitros son milagros. Algo tiene uno que poner de su

parte, y España no lo puso. Quedamos en que, al parecer, Brambridge ha ingresado un discreto puñado de

dólares, cincuenta mil, por quitarnos un gol, no ver una falta en el área y dar un gol dudoso a los

brasileños. La verdad es que Calviño nos sale más caro. Claro que Calviño arbitra un partido cada día, y

Brambridge no volverá a verse en otra. Hasta cierto punto, es natural. Si Sócrates (al jugador brasileño le

llaman el doctor Sócrates, seguramente para distinguirle del otro, del que no necesita título alguno, y

basta con llamarle Sócrates a secas), si Sócrates, digo, fuese español, ya nos hubiera dicho algo obvio

sobre Calviño. «Pero, señores, no se quejen ustedes. Calviño está ahí para eso. La Televisión estatal, que

administra el Gobierno, ayuda al Gobierno. ¿Qué querían ustedes? ¿Que ayude a la oposición?» Hombre,

doctor Sócrates, eso no. Nosotros queríamos que no se notara tanto la desvergüenza. En este punto del

debate empezaría la mayeútica, así que mejor dejarlo. A don Felipe González le han puesto en estas

elecciones, o sea, se ha puesto, porque es, al mismo tiempo, presidente de la Federación, selecciona-dor

nacional, jugador y masajista, de centrocampista de fino estilo, a lo Silva, el canario, o Suárez, el gallego,

mientras a don Alfonso Guerra le han dejado en el juego sucio. Quien hace entradas terroríficas al

adversario es Guerra, y después llega González y se lleva el balón limpiamente. Calviño da la jugada

como válida, y en la grada los «hinchas» se desgañifan inútilmente. Esto es así de claro, y si no, que

venga Sócrates y lo vea. Como ustedes habrán comprobado, casi todo el mundo está ahora hablando de lo

mismo. O sea, del fútbol, que era de lo que se trataba. Hemos gastado más tinta en escribir de Bambridge

que de Mara-vali, pongo por ejemplo. Estamos en campaña electoral, pero si alguien habla del «despido

libre», que es de lo que están ahora tratando los franceses, los batuecos pensamos que se está refiriendo a

la expulsión de cualquier jugador sin necesidad de enseñarle las dos tarjetas amarillas.

Entre el México-86 y la resurrección del 23-Febrero, aquí, de lo que menos se habla, es de la

conveniencia o no de dar unas vacaciones de cuatro años a los socialistas en el empeño de gobernar el

país. El desmontaje del Movimiento, las complicidades en el 23 de febrero, los conocimientos de don

Miguel Roca en el idioma catalán, la madre que parió a España, la lesión de Maceda y el gol de Míchel

son los grandes asuntos que estamos debatiendo en estas elecciones. Y Brambridge y Calviño, a cobrar.

Jaime CAMPMANY

 

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