Autor: Muñiz Rodríguez, Mauro. 
   Los sapos en la boca     
 
 ABC.    10/06/1986.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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Señor presidente

LOS SAPOS EN LA BOCA

SU vicepresidente del Gobierno, y por desgracia también nuestro, ha empezado a soltar los sapos de la

primavera. Eso está muy bien, porque todo esto se iniciaba un poco aburrido. Va a haber muchos sapos

por descongestión, ya que ustedes no han hecho más que tragarlos durante cuatro años. Se han tragado el

de! paro y ahora Guerra, nuestro premio Nobel en Ciencias Políticas y en descaro occidental -cuyo cartel

electoral debería reflejarle en una viñeta el 23 de febrero y en otra, en el año 77, en Moscú con gorro

eslavo-, acusa a posibles Gobiernos de derechas de debilidad y de paranoia. Lo dice para fortalecer la

suya, la de su Gobierno, que en la boca de este político parece un socavón sin fondo, cuando dijo,

precisamente él, esta perla, exactamente el 20 de octubre de 1982: «Si ganarnos vamos a reducir el

terrorismo a corto plazo, y creo que a medio plazo lograremos extirparlo.» Un año después, ya con las

comisuras de los labios goteando chocolatinas alfombradas, becas suntuarias y puestos a los amigúeles,

dio a la opinión pública esta otra perla: «Hemos organizado un entramado constitucional y jurídico por el

cual el Gobierno no tiene mano para cambiar a nadie.» No tenían mano, pero comparecieron ustedes en

las artas magistraturas igual que el personaje «Manitas de plata» del excelente Serrano Anguila, capaz de

abrir las mas fuertes cajas de seguridad para expoliarlas. Así ha destripado está «Boca de oro»,

Démostenos Chulapón, Catllina de Guardarropía, Gladstone de Lavapiés, Disraeli del Puente de Triana,

Robespierre de la M-30 del Congreso, Pico de la Mirándola, de la Perinola, Ri-chelieu del Agnosticismo

Indocumentado y padre putativo de la expatriación de la dignidad laboral socialista, etcétera, todas las

cajas fuertes de los grandes depósitos de autoridad del Estado. Así la Justicia. Así la independencia

institucional. Así la profesionalidad y el pluralismo que prometió defender para la televisión oficial en

el mismo año de 1982. Como su señoría estaba obsesionado por el paro -del que ahora no se atreve a

hablar-, y repitió, con toda la solemnidad de la prepotencia del que lo quiere todo y apenas sabe nada,

aunque se ampare en la chulería política del amedrentamiento a los demás: «Tenemos los datos para

pensar que es posible crear esos ochocientos mil puestos de trabajo prometi-dos.» Lo dijo. Apoyó en esa

lanza la esperanza del pueblo. Clavó la esperanza con la lanza de Longi-nos y ahora la sangre está reseca,

pisoteada, en los bordes de sus zapatos de tajo. Parapetado tras sus guardaespaldas -el vicepresidente con

más guardaespaldas que nunca tuvo ningún otro- amenazó en los astilleros vigueses el pasado noviembre

a los trabajadores que silbaban su presencia, llegando a espetarles que se sentirían avergonzados ante sus

hijos. Por supuesto, serían los hijos del paro, la única novela realista que ha escrito, sobre las duras

páginas de la burocracia estatal, este Insigne y mendaz catedrático Vidriera que prometió cuatrocientos

folios sobre Machado. Vamos a tener sapos. Para sapos, Guerra. Ha llegado el hombre del saco y el

político del sapo a comerse a los niños, a tos obreros, a tos jubilados, a las amas de casa, ¡pa-sen, señores,

pasen a ver al mago de tos sapos, el que con una mirada y siete carreras de dientes nos va a dar la canción

de la primavera fecunda del paro! Ha llegado la hora de los sapos paranoicos en la vida española.

También me he enterado, señoría, que usted llamará por teléfono para pedir el voto. Me alegraría mucho

de recibir su Hamada, aunque solanita me haya «tocado» el aparato, para contestarle, después del

respetuoso saludo de rigor: -¡Socialismo, no, gracias! Pero, si llama Guerra, contestaré, simplemente, para

respetar las jerarquías: «¡Vayase usted a la m...I»

Mauro MUÑIZ

 

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