Editoriales. 
 Algo más que una "ensaladilla rusa"  :   
 Los programas electorales. 
 Diario 16.    08/06/1986.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Algo más que una «ensaladilla rusa»

LA coalición Izquierda Unida, con el PCE a la cabeza y otros seis partidos integrados en ella, ha

conseguido elaborar un programa homogéneo, muy bien estructurado, que aúna los objetivos lógicos de

una izquierda moderadamente dogmática con una serie de principios de simple profundización

democrática francamente atractivos y modernos. El líder de la formación, Gerardo Iglesias, es una in-

cógnita por su juventud y no presencia parlamentaria hasta el momento, si bien se ha acreditado

relativamente ya como hombre hábil, buen comunicador y capaz de hacer frente a sus responsabilidades.

El programa se puede desglosar en dos grandes vertientes: la primera de ellas desarrolla los principios

neutralistas que ya exhibía la Plataforma Cívica, de la que emana Izquierda Unida, así como los

postulados socioeconómicos clásicos de la izquierda de raíz marxista, aunque acomodados relativamente

a un cierto posibilismo. Con respecto a aquello, propone la neutralidad para España, aunque dentro de la

CEE; la denuncia del tratado con USA y la vigilancia, en tanto se consigue la salida de la OTAN, de las

tres condiciones del referéndum; asimismo, se propone una política alternativa de defensa, que incluye el

paso por la Universidad de los futuros militares, la disolución de la Legión, la reducción de gastos de

defensa y la reincorporación al Ejército de los miembros expulsados de la UMD. En lo tocante al modelo

socioeconómico se propone un sistema de economía mixta «combinación de mercado y plan»; se

pretende compatibili-zar la «máxima flexibilidad del mercado» con la «planificación democrática»

vinculante para el sector público; se postula una progresiva nacionalización de la Banca privada hasta que

la pública resulte predominante al término de la futura legislatura; se proponen medidas de

democratización de las empresas; se propugna la creación de un Consejo de Planificación, o Económico

Social; se diseña una reforma agraria estructural; se proyecta una jornada laboral de treinta y ocho horas,

con horizonte de treinta y cinco, para repartir el trabajo existente... Y en lo relativo a la política de pleno

empleo que se declara perseguir, se apuntan soluciones keynesianas: la inversión pública debería cebar la

bomba de la inversión privada. Todo ello, conectado con una serie de políticas sectoriales de empleo y de

reindustrialización, más teóricas que posibles. En definitiva, se propone un modelo que podría parecerse,

aun guardando las debidas distancias, al que Mitterrand trató de implantar en Francia al comienzo de su

mandato, en 1981, con los resultados catastróficos de todos conocidos. En el mismo orden de ideas, cabe

anotar un cierto dogmatismo en los epígrafes relativos a la sanidad —se pretende crear un Servicio

Nacional de Salud Público, único, universal y gratuito que recuerda al cubano—, y en materia de

educación se propone la estatalización de los centros concertados. Al margen de la entidad evidentemente

opinable de este modelo socioeconómico, el programa tiene importantes méritos en una segunda

vertiente: la de profundización democrática. Así, por ejemplo, define una política ecológica, de asociación

con la naturaleza, francamente apreciable, si bien se opone a la creación de nuevas centrales nucleares

«por innecesarias» (?); trata de potenciar la ciencia y la tecnología mediante la elaboración de un Plan

Nacional de Investigación; en materia de libertades, propone la derogación de la ley Antiterrorista, la

modificación y humanización de la ley de Extranjería, la reforma del régimen penitenciario, la

introducción del jurado puro; en materia institucional, pretende sustituir las listas cerradas y bloqueadas

por listas abiertas en la elección al Congreso, propone limitar la permanencia de las personas en los

cargos políticos, sugiere el establecimiento de medidas de castigo a los partidos que incumplan promesas

electorales, propugna la reforma del Senado para que sea efectivamente una Cámara de representación

territorial y defiende varias medidas para el fortalecimiento del Parlamento y para la culminación del

Estado de las Autonomías hacia un horizonte federal. Como contraste, en materia de Prensa y co-

municación, el programa es frustrante: la libertad se reduce a un mayor control público. En síntesis, el

proyecto político de IU es el de una izquierda con rostro humano, un tanto utópica pero con vocación

humanista. Una izquierda de la que se puede discrepar, pero que en todo caso es necesaria en una

sociedad libre y democrática.

Editoriales publicados: MUC (6-6-86). MAÑANA: El programa del CDS

 

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