Autor: Oneto Revuelta, José. 
   Con los ojos en la Moncloa     
 
 Diario 16.    08/06/1986.  Página: 2,4. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

8 de junio-86/Diario 16

JOSÉ ONETO

Con los ojos en la Moncloa

Estas elecciones no van a depender del marketing ni de las campañas de imagen. El elemento decisorio

será el voto del centro, que se disputan Roca y Suárez, y de la actitud de los casi dos millones de

ciudadanos españoles que votan por primera vez en su vida. LA Moncloa, el Palacio de la Moncloa, en el

que todos quieren vivir, ha cambiado poco en cuatro años. Han aumentado los sofisticados sistemas de

seguridad, se ha construido una nueva valla protectora que detecta hasta el sonido a través de un

complicado sistema de sonar, se han aprovechado unos sótanos para hacer una amplia estancia que ha

entrado en la historia de la mitología política con el nombre de la «Bodegui-ya», se ha construido un

nuevo despacho para el presidente en el edificio de Semillas y, esta semana electoral, como gran novedad,

se han incorporado como personajes habituales de los cuidados jardines que rodean todo el complejo del

palacio, una pareja de ardillas (macho y hembra) cuya madriguera se ha situado lo más lejos posible del

huerto que desde hace dos años se construyó el presidente del Gobierno, Felipe González.

Pero, en el fondo, como solía decir el anterior presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, la

Moncloa, con sus pastiches y falsas molduras, con sus imitaciones y cartones, es un chalet grande en

malas condiciones, incómodo para vivir y nada funcional para trabajar. Sin embargo, la Moncloa, ese

palacio reconstruido en los años cincuenta por el general Franco, a pesar de su falsa grandeza y su

manifiesta incomodidad, es, desde la segunda mitad de los años setenta, el símbolo del poder en España y

el objetivo a ocupar por quienes, legítimamente, aspiran a gobernar el país. Ahora, desde hace una sema-

na en que dio comienzo la campaña electoral para las cuartas elecciones generales desde la instalación de

la democracia, la Moncloa, la ocupación del Palacio de la Moncloa, ejerce una especial fascinación para

políticos y aspirantes, para profesionales y advenedizos. Felipe González, a pesar de la incomodidad,

pretende seguir; Adolfo Suárez quiere regresar (volver, volver, volver), Miguel Roca tiene prisas por

llegar y Manuel Fraga sueña con demostrar desde allí que esto tiene arreglo, sin que se sepa si, ese arreglo

también incluye, aparte de la permanencia en el palacio soñado, los numerosos desperfectos de un edificio

más parecido a una película de Samuel Bronston que a la residencia oficial de un jefe de Gobierno.

En esa carrera por la ocupación estratégica de esa cota, situada en lo que en otro tiempo constituyó los

alrededores de Madrid, ni todos han salido en igualdad de condiciones, ni todos, a una semana del inicio

de la campaña electoral, parece que tengan las mismas posibilidades reales de tocar poder o de adquirir la

respetabilidad parlamentaria con un grupo propio y autónomo. Porque, en el fondo, a pesar de lo que

insinúe Adolfo Suárez o piense Miguel Roca, estas elecciones no van a depender de los miles de millones

que se manejen, de las influencias que se consigan o de la campaña de imagen y mar-keting que se haga.

Estas elecciones, después de las tres experiencias electorales anteriores, van a constituir un auténtico test

para articular el futuro mapa de España, basado, hasta ahora, en un biparti-dismo imperfecto, con un

partido, el PSOE, hegemónico y dueño de una maquinaria perfecta o casi perfecta, y una oposición

difícilmente amalgamada por conservadores, demócratas cristianos y liberales, que ha sufrido tanto

desgaste, o más, que la mayoría gobernante durante estos cuatro años de poder. Estas elecciones van a

depender (y eso es lo que dio la mayoría absoluta al PSOE en octubre de 1982) del voto del centro y de la

actitud que tomen esos dos millones largos de nuevos votantes jóvenes que se incorporan por primera vez

al censo. Las inclinaciones de esos nuevos votantes se desconocen sociológicamente y constituyen una

auténtica incógnita, y el voto centrista está cuantificado en el voto conseguido por la ya extinta UCD en

1982 (un 5,31 por 100 del electorado), por lo obtenido por el Centro Democrático y Social de Adolfo

Suárez hace cuatro años (un 2,22 por 100) y por el resto del centrismo que votó por utilidad PSOE o

Coalición Popular. Casi el 15 por 100 del electorado. Sin embargo, el PSOE, que en pura teoría puede

perder votos por su derecha (Roca-Suárez) y por su Izquierda (Iglesias-Carrillo), aparece en todas las

encuestas —y se han hecho públicas seis desde el inicio de la campaña electoral— como el gran vencedor

con una mayoría absoluta revalidada y con muy pocas posibilidades de colocarse en esa frontera

problemática de los 175 escaños. Es más, lo que los sondeos están empezando a poner de manifiesto, y

fue escrito por este cronista antes del inicio de la campaña electoral, es que Miguel Roca apenas está

quitando votos al PSOE y lo poco que está arañando es precisamente entre el electorado de la Coalición

Popular de Manuel Fraga. Hay que tener en cuenta que en las últimas elecciones la coalición de Fraga se

llevó un millón y medio de votos del centro. De esta forma, Miguel Roca estaría beneficiándose de la

derecha, y Adolfo Suárez, que sigue vendiendo con insistencia y tenacidad «el valor del centro», estaría

conquistando, sin apenas medios y en una total precariedad, el voto de centro-centro y el voto de la

antigua UCD que, en aras de la utilidad, fue a parar al Partido Socialista Obrero Español en octubre de

1982.

Ese análisis ni es un pronóstico ni por supuesto un deseo.

Es, simplemente, la constatación de una terca realidad que se refleja en la mayoría de los sondeos

respaldados por los institutos de opinión pública homologados. Y el único no homologado, que depende

de la Presidencia del Gobierno, que dirige el profesor Julián Santamaría (el único que prácticamente calcó

los resultados del referéndum sobre la OTAN), lo que vuelve a dar en una encuesta de cinco mil

entrevistas es una mayoría casi aplastante para el PSOE (cuarenta y seis por ciento del voto y casi los

mismos escaños), una cierta estabilidad para la Coalición Popular (veinticinco por ciento), una subida

espectacular del Centro Democrático y Social de Adolfo Suárez hasta un 8 por 100 (coincidente en todas

las encuestas) y una práctica paralización del proyecto reformista de Miguel Roca, situado en la franja del

2,8 por 100. Izquierda Unida subiría, según el sondeo del CIS, hasta un 5,7 por 100, y Convergencia en

Cataluña igualmente experimentaría una subida notable en perjuicio de la Coalición Popular en Cataluña.

De todos modos la campaña no ha hecho sino empezar, los indecisos todavía son muchos y el último

sondeo, el definitivo, no se llevará a cabo hasta el domingo 22 de junio. Sin muestra y con 28 millones de

electores. A la espera de esa fecha mágica, todos, políticos y aspirantes, y no se sabe realmente por qué,

tienen puestos sus ojos en ese palacio incómodo que en otro tiempo fue residencia de caza de los Reyes

de España y donde se alternaba el descanso con la representación de una serie de piezas musicales mezcla

de ópera y de teatro que se llamaba zarzuela.

 

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