Autor: Jiménez Losantos, Federico. 
   Suárez y Guerra     
 
 Diario 16.    09/06/1986.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Federico Jiménez Lozanitos

Suárez y Guerra

A la ducal flecha A envenenada, diciendo que los socialistas practicaban la elegancia social de sentar

golpistas a su mesa en vísperas del 23-F, ha contestado el Gobierno, por boca del auténtico portavoz de

Felipe, Alfonso Guerra, que Suárez estuvo a punto de desmontar la democracia en el 81 como antes

desmontó el Movimiento. Y lo- más increíble: que habría que saber lo que habló Suárez con Tejero

cuando estuvieron solos. Pues, probablemente, que respetara a Guerra en la moqueta. Así se lo agradece

el personaje. A Guerra le van a anunciar ya en los mítines del PSOE como a los títeres de cachiporra:

«Hoy, gran mitin en el Campo del Moro; cantará Ramoncín, contará chistes Josele, hablarán Carlos

Solchaga y Francisco Fernández Ordóñez, y, como fin de fiesta, insultará Alfonso Guerra. ¡No se lo

pierdan!» El otro día, la servil Calviña lo sacó en plan histrión, soltando improperios ante un público

entusiasta que le reía las gracias. Iluminado como un artista, el «catedrático frustrado» iba repasando a

todos los demás partidos; se quedaba un momento callado, la plebe abría la boca, entonces el

semipresidente decía: «Garrigues Walker etiqueta Roca», y la masa se desternillaba. ¡Qué degradación!

Lo de Suárez es un enigma psicológico, por no decir que cosa de psiquiatra. Después de callar

sepulcralmente durante cuatro años, alfombrando el paso marcial del felipismo, se destapa ahora como

oposición tenante. ¡A buenas horas! Si en vez de querer mirar cinco segundos a Felipe, hasta que baje los

ojos, hubiera hecho una política de ideas liberal, no neofalangista; si hubiera aceptado ayudas y olvidado

heridas, otra sería la situación. El gran fracaso de Suárez es haber construido una democracia para que la

disfrute —y degrade— el guerrismo-felipismo.

 

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