Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Palmas y pitos     
 
 Informaciones.    11/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LETRAS

DEL CAMBIO

Palmas y pitos

Por Jaime CAMPMANY

ESTE país es, generalmente, inmisericorde con sus gobernantes. En política, lo normal es que ios

españoles jueguen a la contra del Gobierno. Al español le gusta hablar y criticar desde la oposición.

Aquel, «¿de qué se habla, que me opongo?», que ponen en boca de don Miguel de Unamuno cuando

entraba en una reunión o irrumpía en una tertulia, puede ser traducido por un casi general, «¿cómo se

gobierna, que me opongo?». Aquí es fácil lograr el Poder en olor y clamor de multitud; lo que resulta

difícil es mantenerse en et Poder entre una razonable y discreta aquiescencia popular. Con frecuencia, los

políticos permanecen poco tiempo en el apoyo y adhesión del pueblo, y seguramente por eso los que

quieren durar inventan alguna forma de autoritarismo y eluden la consulta. SI exceptuamos esos períodos

de autoritarismo, la vida media de los Gobiernos democráticos resulta espantablemente corta. Dicen que

lo normal en la vida política de casi todos los pueblos es que las gentes acudan rápidamente en socorro

del vencedor. Aquí nos acercamos al vencedor a ver si podemos tirarlo del carro.

He estudiado con cierta detención los datos que nos ofrece esa encuesta sobre la popularidad y el apoyo a

la política del presidente Suárez que ayer publicaba este mismo periódico. Don Adolfo Suárez llega a la

presidencia del Gobierno con un índice de popularidad no demasiado alto: no alcanza ni siquiera el tercio

de la población. Llega a la cumbre de la aceptación popular en las vísperas de las elecciones generales

(abril77), en que rebasa las tres cuartas partes del campo de consulta. Y desde ese momento comienza una

progresiva baja hasta situarse en un 58 por 100 de aceptación en el mes pasado.

Es Indudable que el Poder desgasta. Y en estos momentos de transición, en los que resulta obligado

adoptar medidas graves, importantes y lógicamente discutidas, se acentúa la erosión natural que produce

el ejercicio del gobierno. Sin embargo, el mayor rechazo a la política de Suárez se detecta entre las capas

sociales más altas (naturalísimo, cuando se acomete una reforma fiscal) y entre los partidos más

radicalizados. En cambio, la mayoría de aceptación entre los partidos políticos de ideología más

moderada y entre las clases sociales medías, sectores que son tangenciales o casi coincidentes. Que con

tantos y tan difíciles toros en el ruedo Ibérico suenen más palmas que pitos para un gobernante. parece un

regalo de la esperanza.

 

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