Autor: F. Llana, Gerardo. 
   Pepa Flores, el "look" abertzale     
 
 Diario 16.    09/06/1986.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

9 de junio-86/Diario 16

Pepa Flores, el «look» abertzale

Gerardo F. Llana

Bilbao

Fue la suya una adhesión fugaz y silenciosa, pero tremendamente efectiva. Ante la decepción de todos, no

hizo discursos, era la última de la fila y estaba relegada al ostracismo del rincón. Pero fue ella, Pepa

Flores, la razón fundamental por la que los chicos de la Prensa, radio y televisión tomamos el sábado por

asalto la herríko taberna de Vitoria y pergeñamos ávidamente todo tipo de notas sobre el manifiesto por

una cultura libre que presentaba en sociedad Herri Batasuna. Fue la suya una adhesión fugaz y silenciosa,

que paseó antes, en compañía de Eva Forest e Izakun Larreátegui, la esposa de Txomin Ziluaga, por las

inmediaciones de la plaza de los Fueros, entre los gigantes monstruosos de la opresión, las exposiciones

de ebanistería, los cuadros pictóricos militantes y el «Euskadi, aurrera» incesante de la megafonía.

Pero, ¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste?: «He venido únicamente a testimoniar mi

solidaridad a este pueblo tantas veces humillado y a apoyar a Herri Batasuna, una de las pocas cosas que

se salva de esté desastre», no se cansaba de repetir a todo aquel micrófono que quisiese flirtear

con su boca, la de Josefa Flores, de profesión ama de casa, empadronada en Málaga, de niña Marisol, la

hija que todos los españoles de la época quisieron tener, de mayor novia del maquis y musa de los

revolucionarios liberales de su tierra. Sus contundentes opiniones políticas, sus soflamas rupturistas, ya

añejas, siguen, sin embargo, desdiciendo la apariencia frágil, la belleza serena y madura de esta mujer que

confiesa que nunca fue una niña prodigio, que cantaba y bailaba mal y que se abstendrá en las próximos

comicios, porque en su circunscripción electoral, «ahí abajo», no hay ninguna opción que merezca la

pena. Aunque tratada en calidad de compañera, la presencia de una invitada tan especial hizo que los

dirigentes de la coalición, siempre tipos duros, distendiesen su habitual ceño fruncido y sus rasgos

marmóreos. En cualquier otro sitio, esta chica podría haber parecido de derechas, mal que le pese a Pepa.

No en balde sólo unas pocas privilegiadas pueden tener acceso a esa cara de ángel y a esos cabellos

tenuemente dorados. En la herriko taberna que HB tiene en Vitoria, Pepa Flores fue, sin embargo, el

espíritu del nuevo look abertzale

 

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