Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
 Balance electoral. 
 Las tribulaciones de la derecha     
 
 Diario 16.    24/06/1986.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La operación destinada a reconstruir el centro-derecha ha quedado desbaratada o, por lo menos,

suspendida, tras conocerse los resultados electorales. De momento, los planes de Oscar Alzaga para

«centrar la derecha» se han venido abajo. La Coalición Popular encabezada por Fraga salió el 22-J

maltrecha definitivamente como alternativa de poder, confirmando casi aritméticamente la «teoría del

techo»; pero salió mejor parada de lo que deseaban los que estaban dispuestos a recomponer

inmediatamente el centro-derecha, cambiando de líder y trasladando el eje de la coalición al centro.

Una pieza clave de esta prevista operación, espléndidamente financiada de antemano, era el reformismo

representado por Miguel Roca; pero esta pieza ha quedado destrozada y, aunque se intente mantener y

rehacer, no levanta ya ningún entusiasmo en los que iban a ser parte del mismo engranaje. Es natural. Si

los reformistas hubieran conseguido un grupo parlamentario y Coalición Popular hubiera quedado por

debajo del listón de los cien diputados, a estas horas las conversaciones políticas serían trepidantes y los

nuevos pactos estarían a punto de ser firmados. En esta operación, bien vista por importantes sectores de

la jerarquía eclesiástica, que contemplarían con agrado la reconstrucción de un centrismo amplio

inspirado de una u otra forma en el humanismo cristiano y que tuviera poder, social,

Las tribulaciones de la derecha

Abel Hernández

abarcaba, entre otras iniciativas, la compraventa de determinados medios de comunicación social

próximos a la Iglesia católica. En este marco se inscribiría, según fuentes solventes, la compra de un

importante paquete de acciones del «Ya» a la Conferencia Episcopal por parte de un grupo de

empresarios, encabezado por Pérez de Brido. Lo de menos son los nombres que figuran en los papeles de

la transacción. En estos casos lo importante es saber quién está detrás. El pequeño terremoto sordo del 22-

J no sólo va a afectar a los proyectos que han quedado inservibles de la noche a la mañana en el orden

político, sino también a más de una empresa periodística y, posiblemente, al «staff» financiero español y

al futuro comportamiento político de la Banca española. Es posible que, de ahora en adelante, los

banqueros imiten a los dirigentes empresariales y a los obispos, y se ocupen menos de los manejos

políticos inmediatos. Pero antes —probablemente en lo que falta de año— tendrán que volar cabezas.

Después de lo ocurrido —y llueve sobre mojado— algunas jubilaciones resonantes parecen inevitables.

El extraordinario crecimiento del CDS, que empieza a señorear el espacio del centro, es una importante

razón añadida al desconcierto de los estrategas de la recomposición de las fuer-, zas del centro-derecha en

España. «Ahora todos los odios se van a concentrar en Suárez», según un destacado observador cristiano

progresista. Pero eso no resuelve las cosas, sino que las puede empeorar aún más para los que se empeñan

en desconocer la realidad social. De-mocristianos progresistas, que se han resistido a participar en

alianzas con Fraga, tendrán que entenderse con Suárez o quedarse por mucho tiempo fuera de la política

activa. La operación desbaratada o suspendida el 22-J pretendía dar la primera gran batalla al PSOE en las

elecciones locales y autonómicas de la primavera del año que viene, mediante una presentación «a la

francesa» de todo el abanico de las fuerzas del centro-derecha: las que componen Coalición Popular, CiU,

PRD, PNV y otras formaciones regionales. Cada una se presentaría por su cuenta, pero tras un cuidado

concierto entre todas para sacar el máximo rendimiento a los votos. Todas las conversaciones políticas de

estos últimos meses llevaban, pues, a las próximas elecciones autonómicas y municipales. Ahora se

impone una reconsideración a fondo de lo que iban a ser «las primeras maniobras de fuerzas combinadas»

para reducir el poder socialista. Nada indica, sin embargo, que se haya desistido definitivamente de este

ambicioso plan estratégico en sus líneas generales. Lo que pasa es que Suárez ya ha adelantado que

seguirá su camino en solitario, a pesar de la mano tendida de Fraga en la misma noche electoral. Fraga, en

esta campaña electoral, ha ganado respetabilidad y sólo dejará el sillón si él quiere. Los pequeños

«brutos» —«tu quo-que fili mi?»— han escondido apresuradamente la daga en la faja en espera de mejor

ocasión. Pero está claro que después del 22-J nada va a ser lo mismo en la derecha. Sus tribulaciones son

explicables.

 

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