Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Luces de la ciudad     
 
 Hoja del Lunes.    26/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Los episodios nacionales

LUCES DE LA CIUDAD

Las luces de la ciudad anuncian unas Navidades austeras, casi mortecinas. Hay gentes que enseñan el

forro de sus bolsillos vacíos. Donde no hay harina, todoes mohína. Esto de la transición hubiese sido más

fácil ai nos hubiese pillado con las bolaas enflaquecidas. Loe más optimistas barruntan ya la aparición

próxima del arco iris. Dicen que» hay asomos de recuperación económica. Hasta Ramón Tamames dice

que ese 0,9 que ha subido el coste de la vida en el mes de noviembre es un síntomia de esperanza. Parece

que los empresarios están jnás tranquilos y que se disponen a jugarse lo que se tienen que jugar para ir

levantando la economía del país. La visita a la Moncloa les ha ofrecido un respiro de alivio, Las

estadísticas dicen que los conflictos sociales decrecen. La Bolsa va a cerrar el año del casi "crack" con

unas sesiones alcistas. Algunos incluso se atreven a aconsejar que éste es un buen momento para invertir.

Don Santiago Carrillo ha vuelto a hablar en el Congreso de la huelga de inversores, que, según él, es peor

que la actuación de los piquetes de huelga. Ha acusado a parte dol empresariado español y a parte de la

banca española de irse a Estados Unidos a advertir que no inviertan en España. ¿Se lo habrán dicho allí?

Don Alfonso Escamez, ha dicho que la empresa privada es la pieza clave para nuestra resurrección

económica. Cuando esa resurrección se produzca, los problemas políticos perderán dramatismo. A lo

mejor somos capaces de terminar con bien el milagro político de la transición. Ha dicho un francés por

televisión que tenemos en el mundo muchos ejemplos de "milagros económicos", pero que no hay

antecedente de un "milagro político" como el de España.

El Rey don Juan Carlos ha sido elegido como personaje del año por dos revistas de prestigio

internacional. Precisamente porque en él se encarna ese milagro político, sin antecedentes, que consiste en

pasar de un régimen autoritario o personalista a un régimen democrático. Y eso, sin desenvainar el puñal

de Bruto y sin sacar los tanques a la calle. No es fácil. Porque es verdad que siempre tenemos ahí la

tentación de los demonios familiares. En la mañana del viernes, los demonios familiares se posesionaron

de nuevo de los escaños de las Cortes. ¡A ver, que venga el exorcista! íQue nos saquen los demonios del

cuerpo! También del cuerpo legislativo. Los padres de la Patria, o del Estado español, o de los territorios

autónomos, o de lo que. tenga que ser España en la nueva Constitución, cayeron casi medio siglo por el

túnel del tiempo. Repitieron en el Parlamento las sesiones de la preguerra. Nuestros diputados han

adquirido una grave responsabilidad ante el electorado, porque el electorado no está en eso. La mayor

parte del electorado se pondría a pensar en que a la próxima vez los va a votar su señor padre.

Cuando los socialistas pidieron una sesión plenària para formar una comisión de encuesta sobre los

sucesos de Málaga y Tenerife, ya se podía adivinar quo se formaría la marimorena. Cuando Alianza

Popular quiso añadir a esa investigación´ loa sucesos de Irún y de Pamplona, la marimorena ya era segura.

Y se armó la marimorena. La sinfonía patética fue "in crescendo". Cada orador se veía en la obligación de

tronar más fuerte que el anterior. La izquierda no se decide a renunciar a la presión en la calle, a condenar

las manifestaciones callejeras como arma o instrumento político, a comprender que la reforma y el

cambio tienen ya sus cauces por donde discurrir sin necesidad de alterar la paz y el orden. La izquierda

croe que la fuerza .pública, en un Estado democrático, debe asistir como espectador indiferente a la toma

de la calle por los grupos que so decidan a hacer política de barricada, de motín, de asalto, do

provocación. La derecha se erigió en defensora a ultranza de la represión del desorden.

Desgraciadamente, hay argumento, datos, fechas y nombres Que están clamando por una acción enérgica

en favor de la paz y de la seguridad de los ciudadanos. Pero también tenemos que adaptar e] concepto del

orden público a las normas democráticas. Es, seguramente, una de las misiones más delicadas de esta

hora. No sé quién ha dicho que se necesita para ello un bisturí de gran cirujano.

Bueno, pues se armó la marimorena. La izquierda quería hacer responsable al Gobierno de los tristes

sucesos de Málaga y Tenerife. ¿Puede responder e1 Gobierno de la actuación de cada uno de los miles de

agentes del orden público cuando se les pone en una situación de temor, de acoso,, cuando se les hostiga,

hasta el punto de tener que defender su propia vida? Esto es lo que se preguntaba el ministro del Interior,

don Rodolfo Martín Villa, ante esta acusación. Incluso citó unas palabras textuales de don Manuel Azaña,

sin citar al autor, en una célebre sesión de febrero de 1933, cuando en el Parlamento de aquellos años

quería derrocar al Gobierno a raíz de los sucesos de Casas Viejas. La derecha quería hacer responsable al

Gobierno de todos los actos terroristas, de falta de autoridad para reprimir «se cáncer que ensangrienta

ciudades españolas y muy especialmente el País Vasco. Como si el fenómeno del terrorismo no fuese hoy

un fenómeno universal. Como si fuese la democracia quien lo ha traído a nuestras tierras. Como si ya en

el «ño 75, en los últimos meses del régimen anterior, no hubiese tenido que sufrir el país el más fuerte

embate terrorista que hemos conocido desde hace medio siglo.

Todos los lectores conocen ya las frases que ae cruzaron entre don Manuel Fraga y don Santiago Carrillo.

Si responsabilidad de los socialistas fue la celebración de ese debate desdichado y anacrónico,

responsabilidad de comunistas y aliancistaa fue la de convertir el salón de sesiones en una representación

de dramas pasados. El señor Carrillo perdió por un momento esa moderación de la que se ha venido

vistiendo desde su presencia en la política española, y amenazó con´ otra guerra civil, en la que ya Jos

vencedores no serían los mismos. El señor Fraga repitió las históricas palabras de don José Calvo Sofcílo,

y dijo que él tenía anchas las espaldas. Ya lo hemos contado todos en todos los periódicos. El señor

Letamendía, que no quiso defenderse de la acusación de haber aceptado y ensalzado la actuación

terrorista de la ETA, habló de fumar la pipa de la paz, pero puso para ello unas condiciones que no son,

seguramente, las que comparte la gran mayoría del pueblo vasco. Habrá que preguntarse como tantas

otras veces en nuestra historia: ¿Es esto lo que merece el pueblo español? ¿Somos así los españoles todos,

o volvemos a ser juguete de !a incapacidad, de la ceguera, de la insolidaridad, del egoísmo mezquino y

personal de nuestra clase política?

De todo eso quedó una esperanza. Al Centro se le podrá acusar de muchos errores políticos, quizás de

algún exceso, quizás de muchas debilidades. Pero hay una cosa clara. Todavía conserva algo importante:

la representación de esa mayoría del pueblo español que quiere_ un cambio sin convulsiones, una

transición sin sobresaltos, una política de sensatez y de serenidad. Porque si se quería hacer de aquella

sesión un juicio implacable contra el Gobierno, ha sido precisamente el Gobierno, y concretamente el

ministro del Interior, quien ha salido fortalecido del debate, de ose debate que nunca debió celebrarse..

Se ha extinguido Chariot cuando las luces de la ciudad anuncian unas navidades como en blanco y negro,

un poco mudas, un poco tristes, un poco pobres, casi charlotearas. La quimera del oro, que ahora es oro

negro, tiene metido al mundo en el viejo fraque del payaso que enseña o! forro de los bolsillos vacíos y

que ríe por fuera mientras llora por dentro. Como un día se nos murió Pablo Neruda y otro día se nos

murió Pablo Picasso, tuvimos que decir que el siglo XX se nos estaba muriendo a chorros. Ahora, muerto

ya Charlie Chaplin, tenemos que tener el traje preparado para irnos en cualquier momento al entierro

definitivo del siglo. ¿Cómo era aquella cita triste do. Rafael Albert! con Charlot?

Se me ha extraviado el bastón. Es muy triste pensarlo solo por el mundo. ¡Mi bastón!

Mi sombrero, mis puños, mis guantes, mis zapatos.

El hueso quo más dueie, amor mío, es el reloj: las 11, las 12, la 1, las 2. Las 3 en punto.

En la farmacia se evapora un cadáver desnudo.

En la farmacia se evapora, desnudo, el cadáver del siglo XX. Ha muerto Chariot. Las luces de todas las

ciudades del mundo se habrán dado la noticia con un parpadeo. Hay un bastón que anda solo por las

calles más tristes de los suburbios. Y unos zapatos perdidos que chapotean sobro.los charcos do la lluvia.

Y un sombrero, flotando en el aire, que se queda así, saludando a la última señorita cursi, porque se ha

detenido el celuloide. "The end." Adiós, Charlot. ¿Es tiempo de violetas? Si encontrara violetas, mañana

le mandaría un ramo a Geraldine Chaplin. Pero, a lo peor, ni siquiera es tiempo de violetas... Se me ha

extraviado la pluma. Es muy triste pensarlo solo por el mundo. ¡Mi bastón! Digo..., mi pluma. Hay que

seguir corriendo. Digo..., escribiendo. Hay que seguir corriendo delante de todos, detrás de todos, y

agachándote, y escondiéndote, y volvienoVo ´a salir. Hay que seguir poniendo la cara para que venga el

tonto de todas las películas y te tire la tarta.

Jaime CAMPMANY

 

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