Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El rayo de esperanza     
 
 Hoja del Lunes.    24/10/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

24 de octubre de 1977 — PAGINA 0

Los episodios nacionales

EL RAYO DE ESPERANZA

Vamos a hacerle caso a Julián Marías—que es persona a la que se puede hacer caso con poco temor a

equivocarse—y a tener un "entusiasmo escéptico" o una "melancolía entusiasta". No es que de pronto se

haya hecho la luz cuando parecía que se habían fundido todas las bombillas o que estaban secas las pilas

de todoa los timbres que "vos apretás", como dice el tango. Pero asi, un poco a lo lejos, se vislumbra—

como dicen todavía ios poetas de provincias—un rayo de esperanza. En la política española había sonado

la voz del "croupier": ¡Hagan pacto, señores. No va más! O jugársela, o cerrar por derribo. Y Adolfo

Suárez se la ha jugado llamando ta la Moncloa a los representantes de esos partidos políticos que—con la

vista mas o menos lejos—están esperando su hora de participar en el poder. Y ha habido pacto. Ya hay

pacto sobre la economía, y muy pronto puede haberlo sobre el orden público. Ahora sólo falta que las

confederaciones empresariales y las centrales sindicales acepten el pacto y entren por uvas, y que después

cada uno de nosotros aceptemos la parte de responsabilidad que nos corresponde. ¡Casi nada! Pero, por lo

menos, hay pacto. Y ya nadie podrá decir que nuestros gobernantes y nuestros representantes en el

Parlamento no han sabido ofrecernos ninguna solución. .

A lo mejor, todavía podemos enderezar nuestra economía. A lo mejor, acertamos —como explica

Garrigues Walker, no el ministro, sino el otro, porque ya se sabe que el clan Garrigues es largo y ancho,

que han hecho los ingleses—a frenarla inflación hasta ese siete y pico envidiable, a ir remediando el paro,

a Jr salvando a las empresas. A lo mejor, hasta aube la Bolsa. Y entonces ya habremos consolidado la

democracia, aunque la política siga dándonos los sustos inevitables, porque lo que no está dicho es que

tengamos que confundir la democracia con e! país de Jauja, y ya no podrán decir los de Fuerza Nueva en

sus pancartas que "antea estábamos francamente bien y que ahora estarnos realmente mal". No es que yo

les tenga mania a los de Fuerza Nueva, porque yo manía, lo que se dice manía, no se la tengo a nadie,

sino que veo que lo peor que le podría suceder al país es tenerles que dar la razón, porque no predicen

más que catástrofes, y porque la solución que nos dan es esa que coreaban el otro día en la manifestación:

"Ni Suárez ni Carrillo, queremos al Caudillo", como sí el Caudillo estuviese en la isla de Gomera, que es

donde enviaban antes a los disidentes políticos y a los del contubernio de Munich, para recomenzar otros

cuarenta años de democracia orgánica.

A propósito de la manifestación del viernes, me decía un amigo que los periodistas no sabíamos ni1

contary que nos tenían que llevar de nuevo a los pupitres de la escuela a cantar la tabla de multiplicar.

"Porque se ha quedado sin saber a ciencia cierta cuántas personas acudieron a la manifestación. La

televisión dijo .que habían ido "unos, miles de personas". que aunque es una cantidad indefinida, da la

impresión de quee fuesen tres o cuatro mil. Los organizadores llegaron a hablar de un millón,

seguramente para no quedarse atrás en lo del recuento de la fiesta del pecé. Algunos periódicos hablan de

cincuenta mil otros de cien mil y alguna agencia da la cifra que. así. a bulto, parece mas creíble: ciento

cincuenta mil. Yo tuve que contestarle que eso era por la falta de costumbre, porque antes las cifras de las

manifestaciones y de los referenda—que otros escriben referendums—nos las daban en el Ministerio,

porque eso no era una cosa opfnab´e. Por entonces, los periodistas no podíamos inventarnos las cifras ni

los letras, y en cuanto había que opinar de algo, nos daban la opinión hecha desde el Ministerio. Nos

quedaba el recurso de sacar coplas en la .redacción y de reírnos un poco de nosotros mismos, que es una

risa sana y democrática. Por ejemplo, recuerdo aquella copla que decía:

"En cuestiones de opinión, no cabe ningún misterio. Siempre tiene la razón el que está en el Ministerio."

En otra_ ocasión, la Informaron que llegó del Ministerio decía oue al llegar el Caudillo a no recuerdo qué

pueblo, las campanas habían doblado. Alguien llamó para decir que el doblar de las campanas era toque

de muerto y no de alegre bienvenida. Pues nada. Allí decía "doblar" y había que repetir que las campanas

habían doblado. Pepito Montero Alonso hizo inmediatamente los versos de rigor:

"El doblar, que es toque serio. puede serlo de optimismo si lo manda el Ministerio de Información y

Turismo."

Quizá por todo eso a don Pío Cabanillas le ha gustado más ser ministro de Cultura que volverlo a ser de

Información, y quizá por eso ahora damos cada uno las cifras que nos da la gana, y el lector que se quede

con la que más le guste. Lo que el lector puede hacer es tomar la mínima y la máxima y sacar la media, y

así se acercará no a lo cierto, sino al que más mienta. Pero ya llegará el verano y también nosotros nos

acostumbraremos a aproximarnos a la verdad democráticamente, o el lector dejará de leernos, también

democráticamente.

Un periódico alemán, según cuenta José María Javierre—y yo me lo creo porque nunca he conseguido

aprender el alemán, aunque lo estudié en el bachillerato—, dice que en la fiesta del pecé hubo dos

millones de personas, y no digo de "almas" por no herir a los teólogos preconciliares y antimarxistas. Y

me gustaría saber las cifras que dan esos seiscientos enviados especiales que llegaron ayer a Barcelona

para informar de la entrada triunfal del honorable Tarradcllas en la Generalidad. Cada uno dará una

distinta; pero la verdad es que Cataluña, después de todas las peripecias y tiquismiquis en torno al

honorable, habrá recibido "masivamente", como se dice ahora, al hombre-símbolo de au autonomía,

Y ahora tendrá que hacer su gobierno, "como dicen que va a hacer el presidente Suárez en cuanto liquide

en las Cortes eso de los pactos de la Moncloa. Porque una cosa, es que se vislumbre un rayo de esperanza,

y otra, que no pasemos de una crisis a otra. Ahora, cuando parece que vamos a poner la primera piedra de

la solución de la crisis económica, ya empezamos a hablar de la crisis política. Y ya empiezan a darse

nombres efe cesados y de ministrables. Por de pronto, el señor Jiménez de Parga dice que él sigue, que es

lo mismo que dijo hace tiempo el seflor Arespacochaga, y todavía le tenemos de alcalde de Madrid, y

ademas permitiéndose el lujo de irritar a los ultras acudiendo a la fiesta del peoé. Don Joaquín Garrigues

dice que él no sabe nada Y otros dicen que eso del cese de Martín Villa era un invento. Realmente, lo del

cese del señor Martín Villa no podía menos de estar en loa rumores, porque no se puede empezar a

detener tanto a los de la ultraderecha como a los de la ultra-izquierda, a los del Grapo y a los de la Triple

A, sin que alguien empiece, por un lado y por otro, a pedir la dimisión. Lo que parece más probable es

que no cese un ministro del Interior cuando acaba de tener unos éxitos espectaculares, y además de

detener a diestro y siniestro del país, ha localizado a la banda internacional de delincuentes, que se habían

venido aqui creyendp que eL monte era orégano, y a los fugados del hospital de Basurto. Y además ha

elaborado unos textos sobre la reforma del orden publico que entra dentro de lo que puede ser una

aceptación casi unánime de los partidos políticos. Otros van más allá, y aventuran que la crisis puede

alcanzar al mismísimo presidente, cosa qué en estos momentos, sea más o menos probable, no se

atreverían a creerlo ni siquiera aquellos que estén dispuestos a sustituirlo. Pero don Luis Olarra, que se ha

empeñado en decir frases para la historia y en convencer a Paco Umbral mandándole vino, dice, que la

crisis no está en el Gobierno, sino en la persona del presidente. Eso que hace don Luis Olarra es intentar,

convencer a los inconvencibles —porque Paco Umbral siempre está convencido de todo lo contrario de lo

que uno quiera convencerle—y de tocar a los intocables, porque, hasta ahora, tirios y troyanos creen que

todo es posible en política menos que se vaya don Adolfo Suárez. Digo "hasta ahora", porque en política

lo que es imposible hoy está cantado mañana. Pero mañana ya será otro día.

Don Juan de Borbón—no el que menciona don Fernando Alvarez de Miranda en sus discursos de las

Cortes, confundiéndole con su hijo, sino el de verdad se ha ido a Velingtonia, 3, a felicitar a Vicente

Aleixandre por el premio Nobel y le ha llevado una carta del Rey en la que le dice que le va a Imponer la

gran cruz de Carlos III, que hasta ahora parecía estar reservada no para los premios Nobel, sino para los

ministros. Así, que a lo mejor algunos ex ministros, todos con la gran cruz de Carlos III, se enteran de

quién es Vicente Alelxandre. Y no cito ejemplos por no molestar Mientras don Juan de Borbón se iba a

ver a Aleixande, Salvador Dalí se venía a ver al Rey. "Algo le habrá vendido", me comenta mi amigo el

malicioso. Porque Dalí tiene fama de "vender bien", y por eso Rafael Alberti, que fue su amigo de

juventud, dice ahora de él que es un mercachifle.

Si no hubiese´ sido por lo del Club Siglo XXI, la noticia curiosa de la semana estaría en ese robo del

coche del ministro Garrigues mientras invitaba a tomar café a su conductor y al agente de su escolta. Y es

lo que decía un "ultra": "Que se fastidie. Eso le pasa por demócrata. Ahora, cada vez que me lleva el

conducto: mío a una cafetería, me pregunta: ¿Qué? ¿Usted no es como el ministro Garrigues?" Lo del

Club Siglo XXI es algonatural en una democracia: que el jefe de un partido de derechas como Manuel

Fraga va a presentar al Jefe de un partido de Izquierdas como Santiago Carrillo, y conste que u» gracioso

lo habría dicho en viciversa. Y algunos se han ido del Club Siglo XXI No te preocupes, querido Antonio

Guerrero Burgos esos que se han Ido no estaban en el Club Siglo XXI: estaban en el Club Siglo XII.

Jaime CAMPMANY

 

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