Autor: Iriarte, Sebastián. 
   Pescadores gallegos explorarán las islas Malvinas     
 
 Diario 16.    26/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Pescadores gallegos explorarán las islas Malvinas

Sebastián Iriarte

MADRID, 26 (D16)._Expulsados de sus caladeros tradicionales, los pescadores gallegos buscan nuevos horizontes para sus flotas. Las glaciales aguas antarticas entran en sus planes inmediatos. Hacia allí partirá en enero (verano austral) una misión exploratoria, cuyo propósito será investigar las especies existentes y sacar conclusiones sobre la economicidad de su captura. La expedición investigará los mares al sur de las islas Malvinas (Falkland Islands, para sus actuales detentadores ingleses), en la reglón" de las Georgias del Sur y las Sandwich.

Los oceanólogos hispanos sólo cuentan, hasta ahora, con la información que trascendió de las prospecciones llevadas a cabo por otros países. España se distinguió, hasta el momento, por su absoluto, desinterés respecto del Polo Sur. No tiene instalada en la Antártida ninguna base científica, no firmó el tratado de 1959, rubricado por 12 naciones, a las que recientemente se sumó Polonia, ni hizo luego ningún intento de aproximarse al "club de loa 13". Este núcleo de países firmantes del Antartic Treaty tantean fórmulas para explotar los fabulosos recursos del continente blanco, aunque sin excluir la adhesión de nuevos socios. Brasil y Alemania federal merodean ya el club. España, que sepamos, no.

La especie más abundante en las aguas meridionales es un pez que llaman "polaca", semejante a nuestra bacaladilla o lirio, aunque de mayor tamaño. De todos modos, no interesa mucho para consumo, sino, sobre todo, para harina. Puede hallarse también la merluza "hubbsi", típicamente argentina, algo más blanda de carnes que la española. Los bancos parecen ser escasos, como también lo son los de la merluza de cola.

También boga por las corrientes antarticas el abadejo, que nada tiene en común con el español, y se parece más bien a la rosada real de Sudáfrica. Es un pez que puede medir más de un metro y suele pesar más de 10 kilos, pero que, lamentablemente, no abunda. Tampoco hay grandes concentraciones de merluza negra.

Se sabe, no obstante, que pesqueros ru s o s obtuvieron buenos resultados, aunque en incursiones esporádicas. Los pingüinos también suelen ver pasar por allí embarcaciones japonesas, alemanas, inglesas... Y es un hecho que "donde hay flota hay pesca".

El krill-superstar

El superstar de las aguas antarticas es, a no dudar, el kríll, un feo crustáceo que destaca por una característica singular: El 16 por 100 de su peso es protema pura. Su presencia en las aguas polares es masiva, gracias al virtual exterminio, perpetrado por el hombre, de sus máximos enemigos naturales: la ballena y la foca. Los japoneses ya hacen con el krill una papilla que sirven al ganado, pero los soviéticos han dado un naso más: Lo expenden, como auténtica "delira-tess", en forma de paté bien aderezado, para paladares intrépidos.

La insólita abundancia de este crustáceo lo convierte en la mayor reserva proteínica del planeta, pero aún está por desarrollarse la tecnología necesaria para su captura, procesamiento y comercialización masiva.

La misión española no piensa ocuparse esta vez del krill: Más vale que el gasto lo hagan otros.

La expedición hispana se está preparando a marcha forzada entre los armadores de Vigo, el Instituto Español de Oceanografía y la Dirección Nacional de Pesca. Entre los posibles inconvenientes con que tropezará figuran las reivindicaciones territoriales que plantean Argentina, Chile e Inglaterra. Sus reclamaciones tienen dos peculiaridades: No son reconocidos por ningún otro país, ni siquiera por los restantes miembros del club antartico (cuatro de los cuales esgrimen derechos sobre otras porciones del Polo Sur), y además se superponen entre sí.

Al problema no resuelto de las reivindicaciones se suma la pretensión de aplicar en la región el principio de las 200 millas, tema que daría lugar a ásperos debates en e! seno del tratado. A no sorprenderse si los anzuelos españoles tropiezan de pronto con un torpedo. Las costas antarticas pueden volverse tan animadas como las salía-

 

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