Autor: Rodríguez, Carlos. 
   La política y los días     
 
 Arriba.    08/08/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

CARLOS RODRIGUEZ

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LA POLÍTICA

y los días

Hay pequeñas notas, actuaciones a veces mínimas de la vida política diaria, que resultan muy

significativas del acelerado clima de normalización de nuestras relaciones de convivencia. Se utiliza

ahora un vocabulario comprensible y análogo al de cualquier otro país del occidente europeo, se aplican

soluciones similares ante problemas de igual índole, se reacciona de manera equivalente y proporcionada

ante las incidencias que alteran la normalidad. Es una buena señal que, ante la huelga que mantienen los

empleados del servicio de basuras de. Valladolid, el Ejército está recogiendo los desperdicios acumulados

en las calles, a fin de evitar contaminaciones sanitarias. Es un trábalo subsidiario de interés público que

no lesiona los derechos de los huelguistas, sobre quienes no se ejerce coacción alguna, pero que

salvaguarda la salud de los ciudadanos. Es obvio que tales actuaciones del Ejército no deberán prodigarse

más allá de lo que reclamen verdaderas necesidades públicas de importancia, pero siempre son preferibles

a la represión de los huelguistas.

También son habituales, en el lenguaje político de nuestros afines, los «secretarios de Estado», especie de

ministros de segundo grado, limitados a campos de acción muy coherentes, y que, precisamente por ello,

pueden llegar a ser Incluso más operativos que los propios ministros. Y una innovación del máximo

interés sería la probable designación de prestigiosos «asesores presidenciales» al modo de la Casa Blanca:

significaría que el Presidente Suárez prefiere reforzar su autoridad más por el camino de la eficacia y la

documentación técnica que por el de las atribuciones desmedidas o la concentración de poder. Nombres

como Lasuén, Sánchez Terán, Meilán o Herrero de Miñón, que suenan para asesores de la Moncloa,

subrayan, por su alta calificación, la importancia que el Presidente va a conceder al trabajo de ese equipo

de colaboradores inmediatos.

Sin embargo, aún saltan a la vista, de vez en cuando, residuos del viejo lenguaje críptico y formalista. El

Alcalde Arespacochaga insiste en que su cargo es «legalmente irrenunciable». Sin entrar a favor ni en

contra de la polémica gestión del regidor madrileño, está claro que no existen cargos irrenunciables, ni

aun cuando sus titilares hayan sido provistos por mera designación jerárquica. Si un político no dimite es

porque no quiere.

ESPAÑA Y EL ESTADO ESPAÑOL—El concepto de Estado no es coincidente con los de nación y

régimen o poder político. De hecho, es posible que existan grupos que ejerzan poder político en sentido

divergente o contrapuesto respecto a los intereses del Estado; como puede suceder que el régimen político

cambie manteniéndose el mismo Estado. Con todo, lo más importante es la nítida distinción entre el

Estado y el concepto sociológico de nación, oscurecida a veces por la tendencia de la fórmula particular

«Estado-nación» a modificar la realidad integrando a los subditos sin ponderaciones específicas de otra

índoie. Hay que alejarse del sofisma para el concepto, ciertamente básico, de la unidad de España deje de

estar identificado con una alternativa, y no la más deseable, como es el Estado-nación. Dentro de un

mismo Estado pueden convivir naciones y regiones, como una sola nación puede extenderse sobre varios

Estados. La unidad de España es perfectamente compatible —en la doctrina y en la praxis con el Estado

plurinacional o con la fe deración. Quienes se quejan del uso, tan frecuente ahora, de la expresión «Estado

español», contribuyen poco a clarificar las ideas. Cuando nos referimos, desde puntos de vista no

segregacionistes o separatistas, al carácter compuesto del Estado español dejamos, precisamente, a salvo

la unidad de España. Como nuestro Gobierno tiene forma monárquica y ha optado por el sistema

constituclonalista, es obvio que el Estado español se configura como una Monarquía democrática en un

régimen de libertad y justicia. España, en cambio, no es monarquía ni república, democracia ni

autocracia, federación ni reino unido. España es otra cosa, menos doctrinaria y más entrañable: la fierra

común, la vida en común. En suma, lo que nos une.

 

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