Puede ser gravísimo  :   
 (que España amplíe sus límites marítimos a 200 millas) ; Sería la rendición incondicional al Mercado Común.. 
 El Imparcial.    05/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 23. 

PUEDE Sffi GRMSMO

LOS problemas de la pesca siguen en pie. Se dice que la solución está en la ampliación del límite jurisdiccional a las 200 millas que se están adoptando internacionalmente. Pero hay quien opina lo contrario. En este caso habla Ricardo de Olague, cónsul de Panamá en Bilbao, abogado especialista en temas marítimos (por lo que trabajó en Naciones Unidas) y articulista especializado en estos temas. Sus opiniones fueron estas:

-El proyecto de ampliar a 200 millas las aguas jurisdiccionales españolas, ¿solucionará el problema de la pesca?

—De ninguna manera. A España no le interesa ampliar sus aguas jurisdiccionales, por razones tanto políticas como técnicas. En primer lugar, no sólo porque eso supondría el reconocimiento implícito de la ampliación realizada por la Comunidad Económica Europea, que tanto daño nos está haciendo, sino lo que es aún más grave: la renuncia total a aplicar con todas sus consecuencias un derecho que ningún poder judicial del mundo osaría negar: el derivado del Convenio de 9 de marzo de 1964.

Por otra parte, sabido es que la pesca de arrastre, de donde proceden la merluza, los calamares, los salmonetes, la faneca, el gallo, los lenguados, el rape, el rodaballo, etcétera, en cuanto a sus capturas mayoritarias, se practica en fondos que nunca, como mucho, superan los mil metros, unas 550 brazas.

Pues bien, cojamos una carta marina del Golfo de Vizcaya y tracemos el cantil correspondiente a la sonda de 1.000 metros. En muy pocos lugares se aleja este cantil cincuenta millas de la costa. El promedio sería de unas treinta y cinco millas, y a partir de ahí, profundidades donde ya no se puede faenar. ¿Nos puede explicar alguien para qué queremos en la actualidad ampliar nuestras aguas jurisdiccionales de pesca a doscientas millas?

-Pero, ¿y la pesca de superficie?

—La pesca de superficie, que se practica generalmente con aparejos como el cerco y el anzuelo, y con los que se capturan los túnidos (bonito, cimarrón, albacora y atún), anchoa, sardina, etcétera, se realiza también cerca de la cornisa cantábrica. Esto demuestra que España, a pesar de aumentar sus aguas a 200 millas, se vería obligada a pescar en los caladeros tradicionales de Francia, Gran Sol, Pequeño Sol y proximidades de las costas británica e irlandesa, para mantener el ritmo de capturas actuales con que alimentar al pueblo español y su industria pesquera. El aumento a 200 millas supondría nuestra propia ruina, pues no sólo el beneficio sería nulo, sino que, repetimos, sería la rendición incondicional de España ante el Mercado Común, cerrándonos la formidable defensa que nos otorga el Convenio de 1964.

Vamos a suponer por un momento que nuestra riqueza piscícola en la zona de 200 millas es fantástica y que España ha ampliado sus aguas a esta distancia. Los hechos nos han demostrado que cualquier país que le apeteciese podría venir a pescar a esa zona y nadie, por parte de España, se opondría a ello. Sabido es que barcos rusos y franceses se introducen ahora a pescar dentro de las doce millas (y no sólo a pescar, sino a destruir las redes de los pesqueros españoles), ante la pasividad incomprensible del Gobierno español. Los rusos, sin derecho alguno, y los franceses (sí, es para reírse), al amparo del Convenio de Londres de 1964, que con todo derecho les permite pescar entre las seis y las doce millas. ¿Ironía? ¿Sarcasmo? No. Pitorreo. ¿Qué sería de nosotros si hasta ahora no nos hemos decidido a defender las doce millas, cuando nos adjudicáramos 200? Seríamos el hazmerreír del mundo, si con un poco de optimismo nos olvidamos de que lo somos ya.

—Entonces, su postura es, definitivamente, no a las 200 millas.

—No sólo la nuestra -dice Ricardo de Olagüe-, sino la de los armadores de buques de altura de Pasajes. Ondárroa, Bilbao, Santander y Gijón, que rubricaron con su firma los escritos que hemos dirigido a la Presidencia del Gobierno, Ministerios de Asuntos Exteriores. Transportes y Comunicaciones, Economia

—¿.Sólo la cornisa cantábrica se adhirió a ustedes?

—También Galicia, a través de Vigo, La Coruña y Marín, mostraron, en un principio, apoyo a nuestro criterio. Pero a la hora de firmar no lo hicieron, sin que hasta el momento se nos hayan dado razones a este respecto.

—¿Qué respuesta recibieron a esos escritos?

—Hasta ahora los únicos Ministerios que han acusado recibo han sido los de Presidencia del Gobierno y Economía. El director de la Oficina de Coordinación de Presidencia nos dice, en oficio de 14 de octubre de 1977, que «este Departamento inicia gestiones para el estudio conjunto con los demás Ministerios implicados en el tema de la pesca». El de Economía, simplemente nos acusa recibo con fecha 5 de diciembre.

—Bien. Ese estudio que se inicia supone una esperanza, ¿no es cierto?

—Quizá. Pero los hechos, hasta ahora, nos hacen desconfiar. Cuando los armadores vascos se pusieron a discutir con las autoridades francesas la concesión de tas limosnas, mal llamadas licencias (y decimos mal llamadas porque ni Francia, ni Gran Bretaña, ni Irlanda, pueden arrogarse el derecho a exigir un pape-¡ito extendido unilateralmente por ellos mismos, pisoteando un convenio internacional vigente) de pesca, pusieron como condición para aumentar el número de esas «licencias» la renuncia al Convenio de Londres de 9 de marzo de 1964.

Cabria preguntarse si más altos intereses están obligando al Gobierno español a obrar entre bastidores, pero querríamos saber si hay algo oculto, pero razonable y beneficioso, que nos haga olvidar ese convenio.

-Si la respuesta del Gobierno no es satisfactoria, ¿qué piensan ustedes hacer?

-Dirigirnos a los parlamentarios españoles. Ellos son los interlocutores en este diálogo en ef que, en primer lugar, tiene que quedar bien claro que la ampliación a 200 millas sería, como decíamos al principio, la ruina y la sumisión a una situación injusta. Esto ya lo hemos expuesto ampliamente.

 

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