Política realista para la flota pesquera de España     
 
 Informaciones.    12/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

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Política realista para la flota pesquera de España

EL sector pesquero vive una etapa sumamente difícil. Problemas de índole internacional y otros propios están arruinando una actividad importante, de hondas raices. Nuestra flota, tercera del mundo en número de unidades y tonelaje, con más de cien mil tripulantes, que aporta cada año unos 70.000 millones de pesetas en alimentos y materias primas, está más tiempo amarrada en puertos que en el mar, porque ya no encuentra zonas donde faenar. Los países ribefeños de mares ricos en pesca han trazado límites jurisdiccionales muy amplios, que llegan hasta las 200 millas, y exigen contrapartidas suficientes para que intereses extranjeros exploten unas riquezas que consideran suyas. Y nuestros pescadores, que obtienen dos tercios de las capturas en aguas ajenas, presionan para que el Gobierno negocie, en las mejores condiciones posibles, tratados bilaterales que aseguren la continuidad del sector pesquero, en especial en los grupos de altura y gran altura.

En realidad, la estrategia pesquera ha cambiado radicalmente. Hasta hace unas décadas, las naciones, más pendientes de la tierra que del mar, consideraban los océanos patrimonio común. Ahora, cuando no quedan fronteras que agrandar y los recursos del suelo y del subsuelo parecen agotarse, se mira más allá de los litorales y se fijan límites jurisdiccionales, con la pretensión de asegurarse unas riquezas que son necesarias. Los océanos constituyen las tres cuartas partes del planeta y sus reservas alimenticias y de materias primas —petróleo, minerales férricos, algas, etc.— son una despensa de indudable valor.

Asegurarse el control de una franja, cada vez mayor, es consolidar el futuro. Por eso aumentan los conflictos en los mares y el concepto mar territorial se agranda año tras año.

España, con una plataforma continental estrecha y pobre en recursos pesqueros, no tiene otro camino que el de buscar en otras aguas los bancos que su flota, y las necesidades de la demanda, reclaman. Ha visto reducido el área ven los mares próximos a los Estados Unidos; sufre la presión de Canadá, que nos avisa para que en un plazo más o menos corto se abandonen los caladeros próximos a su litoral atlántico; encuentra obstáculos en el área sudafricana y en los litorales ecuatoriales; debe cuidar la línea trazada por Islandia, las 70 millas de Marruecos y las 200 de la Comunidad Económica Europea. Y ante tantas dificultades, la crisis económica se hace menos llevadera, se encrespan los ánimos y aparecen en el sector huelgas y conflictos laborales que nunca se habían producido.

Esta es la realidad y tenemos que afrontarla sin más demora. Necesitamos una política pesquera muy pragmática, que olvide el pasado, se asiente en el presente y ponga las bases del futuro, y para ello es indispensable negociar con las naciones que controlan áreas con pesca abundante, ofreciendo las contrapartidas adecuadas para que el entendimiento sea duradero y favorezca a ambas partes. Y tenemos que hacerlo sin demagogia, mirando más al conjunto del sector que a los intereses localistas, muchas veces ajenos a las pesquerías.

Como punto de partida tenemos un convenio firmado hace muchos meses con Marruecos y que todavía no ha sido ratificado por las Cortes. Es un acuerdo realista, que nos abre los caladeros del vecino país, hoy dentro de sus 70 millas, y obliga a conceder ayudas crediticias y respaldo técnico para el desarrollo de esta actividad en Marruecos. Se trata de un tratado amplio, con muchas posibilidades, que favorece al sector pesquero, a la industria naval y mejora la posición de España mas allá del Estrecho. Después, será necesario abrir la frontera comunitaria, asegurándose dentro de sus 200 millas una permanencia que es indispensable para que la flota del Norte no se nos venga abajo. Y así, con otros países, en otros continentes. España tiene una flota importante y pescadores con oficio, cuenta con respaldo portuario, con astilleros y un mercado pujante. Le faltan zonas con pesca abundante. Y hay que ir a ellas, cueste lo que cueste. Adaptándonos a las nuevas exigencias.

 

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