La gravísima crisis de la pesca     
 
 ABC.    22/08/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA GRAVÍSIMA CRISIS DE LA PESCA

La Comunidad Económica Europea mantiene la prohibición de pescar, en sus aguas jurisdiccionales —200 millas— a los barcos españoles que carezcan de la correspondiente licencia; bien entendido que el número de las licencias reconocidas a nuestros pesqueros ha sido determinado, a su vez, por la C. E. E.

El perjuicio económico que se ocasiona a la flota pesquera española es enorme. Aunque la cifra total de los pesqueros que deberán dejar de faenar en aguas comunitarias no se ha definido con exactitud, puede aceptarse, con parco criterio, un número superior a 250 barcos, al hilo de las palabras del ministro de Transportes cuando se ha referido a la negociación de 250 licencias más. Si a este número de barco carentes de licencia se le aplica cualquiera de los multiplicadores usuales —número familiar de afectados, número de puestos de trabajo en tierra derivados de la pesca, etcétera—, el daño resulta, como decimos, de enorme magnitud.

La situación, sin embargo, no queda descrita en toda su auténtica gravedad si se prescinde de las dificultades, cada día más insalvables, con las. que se enfrentan nuestros barcos pesqueros en las costas norteafricanas.

Nos encontramos, pues, ante un problema impresionante: ante la mayor crisis del sector pesquero español en toda su historia. Problema económico y problema político. Problema, en suma, cuyo pleno desafío ataca al Gobierno español.

Es evidente —¿cómo llegar siquiera a plantearlo?—que no se puede, que no podemos, que no está entre las posibilidades de España, intentar un cierre, naval y aéreo, del Estrecho de Gibraltar. Eso no se puede proponer o instar al Gobierno español, como no se puede demandar tampoco del Consejo General Vasco, que tendrá, desde el 1 de noviembre, competencias administrativas en materias agrícolas, industriales, comerciales, etcétera, y suponemos que —¿por qué no?—, cualquier día, en materias de pesca.

Otras réplicas económicas y comerciales frente a la C. E. E. sí parecen más posibles. Más eficaces, incluso. Y no se nos diga —directa o indirectamente— por vías ministeriales de réplica que apuntemos nosotros las soluciones. El papel crítico que a los periódicos corresponde no alcanza a tanto. Nuestra función es pedir al Gobierno, en nombre de los pescadores españoles, en este caso, soluciones. Nuestra función periodística es señalar al Gobierno, señalarle y subrayarte públicamente* sus muy serlas responsabilidades. Pero no va más allá. Los periódicos no estamos llamados a resolver porque no gobernamos.

A un lado la gravedad económica del problema —que renunciamos a evaluar— queda su patente gravedad política. La C. E. E. —el mercado Común— nos sigue rechazando, en todos los frentes; ahí está como prueba nuestro sector agrario, exactamente igual que nos rechazaba en la época del régimen de Franco. La conclusión es triste: no éramos discriminados por carecer de democracia. No nos arrojaban al margen por ser dictadura. Ahora no lo somos, tenemos democracia, ya prácticamente asentada, y el resultado es el mismo. Seguimos en la cola de los postulantes, el Partido Comunista Francés organiza una «semana de acción» contra el ingreso de España en la C. E. E., nuestro Partido Comunista Español —tan flamante, europeo y proletario— guarda silencio, desentendido de los obreros pescadores españoles, y estamos, al parecer, en aquello del «paciencia y barajar».

¿No habrá llegado la hora de cambiar —quizá radicalmente— la total política exterior española de cara a la Comunidad Económica Europea, y de alguno de sus miembros en particular?

¿Vamos a continuar, como Estado europeo, mendigando el ingreso en un club que sólo nos responde con continuas demoras y aplazamientos, más o menos corteses?

Hay que defender, con todos los medios adecuados, a los pescadores españoles. Con absoluta dignidad nacional y en todos los mares donde siempre —desde tiempo inmemorial— ganaron, con penalidades indecibles, su pesca. Y esta defensa —no arbitraria, no alocada, no utópica— es responsabilidad del Gobierno. Y en´ la medida en la que nuestra política nacional es fruto del consenso, pues es, también, responsabilidad de la oposición.

 

< Volver