Autor: Cernuda, Pilar. 
 Cayó Rumasa. 
 Miguel Boyer llevaba varias semanas estudiando la solución     
 
 Diario 16.    23/02/1983.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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25 febrero-83/Diario/16

Tras las declaraciones del ministro Boyer y la contestación que le hizo el presidente de Rumasa, Ruiz Mateos, al titular de Hacienda y Economía, sólo le quedaba el camino de demostrar los hechos, ya que la otra «puerta» conducía a la dimisión. En la segunda parte del Consejo de Ministros, Miguel Boyer explicó de forma exhaustiva la situación del «holding» y se tomó la decisión de expropiar.

MIGUEL BOYER LLEVABA VARIAS SEMANAS ESTUDIANDO LA SOLUCIÓN

Pilar CERNUDA Lid-Diario16

Madrid - Sólo Miguel Boyer, superministro de Economía, sabía que el planteamiento que iba a hacer el Consejo de Ministros podría desencadenar la expropiación de Rumasa. Desde hacía varias semanas venía estudiando la situación del «holding» de la abejita y se había entrevistado con personalidades del grupo, así como con asesores económicos que le iban afianzando en sus sospechas de que el grupo no tenía las cuentas tan claras como pretendían sus ejecutivos.

La sesión del Consejo de Ministros se suspendió a primera hora de la tarde para que los miembros del Gobierno pudiesen comparacer ante el Congreso de los Diputados. Y se les convocó nuevamente para las siete de la tarde.

En el Palacio del Congreso aparecía un Boyer nervioso y un Guerra un poco crispado, por lo que provocaron el rumor de que algo no funcionaba bien entre los ministros. Sabida su rivalidad y sus discrepancias, se aseguraba en los pasillos que en la sesión de la mañana Guerra había declarado «O Boyer o yo», aunque esta afirmación la desmentían tajantemente quienes saben bien de las cosas del Gobierno.

A media tarde se sabía ya que el asunto Rumasa iba a ser crucial en esa segunda parte del Consejo. Boyer había echado un envite al «holding» con sus declaraciones a la prensa y había sido respondido brillantemente por Ruiz Mateos. La impresión general era que Boyer o demostraba que la situación de Rumasa era tan negativa como él había declarado o se vería obligado a dimitir por hacer cundir la alarma injustificadamente, creando además problemas muy serios a una de las empresas capitales en la

economía del país, que da trabajo a más de sesenta mil personas y con 300.000 más que dependen de su buena marcha.

E1 «crack»

Efectivamente, en la reanudación del Consejo de Ministros, Miguel Boyer explicó de forma prolija y ex-

haustiva la situación de Rumasa y explicó también que la única salida para evitar el «crack» era que el Gobierno se hiciera cargo del «holding». Insistió en que había que intervenir de inmediato o, de no hacerlo así, antes de dos o tres meses el grupo se vendría abajo, creando una situación catastrófica sin precedentes en España. Lo razonó con datos y cifras y, según nuestras noticias, ningún ministro se mostró contrario a la decisión, pero hubo antes todo un intercambio de preguntas a Boyer para asegurarse cada uno de los miembros del Gobierno de que la situación era irremediable.

Boyer respondió a todas y cada una de las dudas y cuando finalizó la reunión del Consejo de Ministros, a las once de la noche, se había producido algo insólito: nadie en el exterior sospechaba que se iba a anunciar la expropiación del más importante «holding» español, y, además, el Conseje de Ministros había adoptado una decisión de enorme importancia sin discrepancias de sus miembros.

Se encargó al portavoz, Eduardo Sotíllos, que saliese cuanto antes hacia Prado del Rey para llegar a tiempo a la última edición del «telediario». La nota que se redactó para explicar a toda España la decisión era muy breve y muy concisa, pero clara. Sotillos consiguió leerla sin voz de alarma, aunque con gravedad.

El «BOE»

En la Moncloa aún quedaron encendidas las luces. Varios ministros permanecieron junto a Felipe González para oír, también ellos, cómo se producía a través de RTVE la noticia que les había tenido reunidos durante toda la tarde. En uno de los edificios, el ministro de la Presidencia, Javier Moscoso, trabajaba en su despacho preparando el real decreto-ley sobre expropiaciones de los bancos y sociedades del grupo Rumasa. Lo pasó a limpio, lo releyó y, personalmente, pasadas las cuatro de la madrugada, lo llevó a los talleres donde se imprime el «Boletín Oficial del Estado». Había periodistas, pero eludió las preguntas, tanto él como el subsecretario de la Presidencia, José María Rodríguez Oliver, que le acompañaba.

Permanecieron en el «BOE» poco menos de media hora, hasta que comprobaron que la inserción se produciría sin ningún error. Rumasa, así, quedaba oficialmente expropiada.

 

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