Autor: González Ortiz, Primo. 
 Cayó Rumasa. 
 Las incógnitas de Rumasa     
 
 Diario 16.    25/02/1983.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL PODER DEL DINERO

Primo Gonzalez

Las incógnitas de Rumasa

CUANDO Miguel Boyer puso la crisis de Rumasa sobre la mesa, mucha gente se preguntó si aquello habla sido una imprudencia o simplemente un vaticinio. Parece que, por el posterior desarrollo de los acontecimientos, las declaraciones de Boyer tenían un poco de cada una de estas dos cosas.

Sería injusto atribuirle a Boyer la culpa de los problemas de Rumasa, problemas que son de dos tipos, unos de desajustes patrimoniales (aún por cuantificar) y otros, de tesorería. Los primeros son los sustantivos. Los segundos son el precio de una batalla que ha salido, inoportunamente, a la luz pública.

Está claro que sobre los problemas patrimoniales, este Gobierno tiene poco que decir. Y los anteriores, no demasiado porque existen en muchas empresas, P9r no decir que en todas, desequilibrios que cura el tiempo por medio de los beneficios, aunque en el caso de Rumasa está por demostrar si el tamaño del agujero puede remediarse con el paso del tiempo e, incluso, si el grupo, en manos de sus anteriores propietarios, hubiera sido capaz de afrontar este problema con una ayuda pública equivalente a la recibida por otras instituciones privadas.

TAMBIÉN parece claro que el grupo de Ruiz Mateos se ha dejado ayudar muy poco en su historia reciente, a pesar de los desvelos del Banco de España por enseñarle el camino idóneo, que pasba por una reducción de sus propios riesgos internos y por una diversificación financiera de las necesidades de dinero de sus empresas.

La batalla emprendida desde hace tiempo entre el Banco de España y Rumasa, o entre Mariano Rubio y José María Ruiz Mateos, por clarificar las cuentas del grupo y por consolidar su estructura, ha sido un ejemplo de constancia y perseverancia y hasta de paciencia por parte del banco emisor. No está muy claro el motivo por el cual Ruiz Mateos ha sorteado, una y otra vez, la reválida de las auditorías. Pero el desenlace reciente de los acontecimientos, que ha desembocado en la expropiación, ha terminado con la paciencia, con la perseverancia y con la constancia de un golpe.

¿POR qué cambió de repente el escenario el martes de esta semana? Boyer no lo ha explicado. El Banco de España guarda silencio, profesionalmente irreprochable. Y el debate interno del Gobierno a lo largo del 23 de febrero podría ser el escenario que explicara fehacientemente por qué se precipitaron las cosas.

¿Quedó Boyer en minoría, defendiendo la política de los pasos contados, a la espera del 10 de marzo marcada como plazo por los miembros de la comisión gestora del Fondo de Garantía para que los presidentes de los bancos de Rumasa explicaran el porqué de los retrasos en las auditorías? ¿O fue el propio Boyer el que se saltó los calendarios, acuciado por sus colegas en el Gobierno, que consideraron intolerable el contraataque de Ruiz Mateos durante la tarde del martes, abriendo un claro desafio a un Gobierno que acaba de estrenar su mayoría parlamentaria? ¿No ha sido realmente temeraria la conducta de Ruiz Mateos al enfrentarse abiertamente con el Gobierno en un pulso suicida, que podría acabar con un solo vencedor y con la imagen pública de Rumasa hecha trizas? ¿Quién aconsejó a Ruiz Mateos su espectacular puesta en escena, desafiante, que ha molestado al Gobierno y a la mayoría de los representantes del sector privado, que ironizaban al día siguiente sobre la pretendida posición de Rumasa como «primer grupo empresarial privado» español?

LA comparecencia pública de Ruiz Mateos el martes por la tarde le indispuso definitivamente con los poderes públicos y con los tradicionales del poder económico, que nunca le perdonaron su rápido y misterioso ascenso meteorice ni, mucho menos, su canto de sirena final. No ha sorprendido que los movimientos de solidaridad entre los colegas de primera fila hayan encontrado seria oposición, porque Ruiz Mateos nunca fue un comensal disciplinado (analícense si no sus políticas de tipos de interés], ni un «partenaire» habitual, en los negocios, ni un banquero transparente, ni un empresario con sólidas apoyaturas políticas, excepción hecha de su última tentativa, casi desesperada, de buscar en el centrísmo progresista un asidero que facilitara una rápida y meteórica reinserción en el mundo de las influencias políticas.

¿A cuánto asciende el agujero de Rumasa? Las cifras adelantadas por Miguel Boyer parecen centrar el tema en torno de unos ciento diez mil millones de pesetas. El Banco de España, en una reciente reunión de su comité ejecutivo, barajó bandas de entre ciento cincuenta mil y trescientos mil millones de pesetas. La verdad es un misterio. Pero este misterio, según algunos expertos, tardará unos tres años en desvelarse.

La tupida madeja de Rumasa es enormemente difícil de desentrañar, incluso para expertos contables y financieros.

 

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