Autor: Domingo, Xavier. 
 El vino de Rumasa (II). 
 Boyer no sabe lo que vale el vino     
 
 Diario 16.    01/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

OPINION

1 marzo-83/Diario 16

XAVIER DOMINGO LA NACIÓN El vino de Rumasa (II)

Boyer no sabe lo que vale el vino.

En un primer momento no se prestó la atención debida a lo que suponía la nacionalización de las bodegas de Rumasa. Pero aquí se demuestra que el vino es una de las pocas cosas sanas del imperio caído y que hay que privatizar cuanto antes.

Jerez espera acontecimientos con serenidad y con una pregunta crucial en boca de todos: ¿Cómo se puede valorar en 5.000 millones de pesetas el patrimonio de una empresa propietaria de 16 bodegas jerezanas, entre las que están Zoilo Ruiz Mateos, Sociedad Anónima; Garvey, Sociedad Anónima; Williams y Humbert Ltd., y Palomino y Vergara, Sociedad Anónima?

Tan sólo las tres primeras facturaron el año pasado por casi once mil millones de pesetas y, hoy en día, las instalaciones de Rumasa en Jerez albergan en sus botos unos ciento ochenta millones de litros de vinos finos, en una superficie construida de más de ochocientos mil metros cuadrados, a lo que hay que añadir 3.000 hectáreas de viñedo. Rumasa representa una tercera parte del total del vino almacenado en todo Jerez y una tercera parte del volumen global de las exportaciones.

Desaparecidos

Curiosamente, una de las perlas más finas de la corona jerezana de Rumasa, la bodega Williams y Humbert, que hace el Dry Sack, de fabulosa carrera en el mercado mundial, no figura en la lista de empresas expropiadas por el Gobierno, a pesar de que, en las paredes del establecimiento, en Jerez, hay abejas como elefantes. Tampoco está en la lista la acreditadísima bodega de Díaz Mérito, aunque en ésa no luce la abeja. Increíble olvido, que hizo calificar en Jerez al decreto expropiador de «auténtica chapuza».

Lo cierto es que nadie cree en Jerez que la situación de Rumasa fuera tan catastrófica como para jus-

tificar la brutal medida expropiatoria adoptada por el Gobierno. Allí se juzga por el caudal que significa el sistema Rumasa y por el inmenso valor de su patrimonio en bodegas y vino jerezano. Quizá haya, dicen, agujeros insondables en otros sectores de la macroempresa, pero lo que tiene aquí vale muchísimo más que los 5.000 millones de evaluación del ministro de Economía que, de por sí misma, supone una fatídica devaluación del caldo jerezano.

Se me dijo en una célebre bodega no perteneciente al grupo: El año pasado, Rumasa adquirió en la fábrica de botellas de Jerez más de mil millones de botellas y vale seis pesetas cada botella; las pagaron a tocateja, sin dilaciones de ningún tipo, lo que no ocurre a menudo en esta zona. ¿Es esto el comportamiento normal de una empresa a punto de hundirse?

Mientras, en un comunicado conjunto publicado el sábado pasado, UGT y CC 00 del vino en Jerez felicitaban al Gobierno y, en uno de los puntos, le indicaban la conveniencia, según los gremios, de no devolver al sector privado ninguna de las bodegas incautadas, porque, argumentaban, están tan engarzadas entre ellas y trabajan tan coordenadamente que separar a una del conjunto equivaldría a desbarajustarlo todo. Por parte de los sindicalistas, es un bello reconocimiento de la perfecta organización del grupo castigado y de su buen funcionamiento.

Cosa que, por otra parte, nadie niega en esa denominación de origen, la más antigua y experimentada de España, cuyo consejo regulador, presidido por don Antonio Barbadilto y cuyo grupo de exportadores llevan cuentas muy precisas de todo movimiento de vinos y de capitales.

Lo cierto es que, por ahora, y que se sepa en Jerez, solamente había habido una pequeña exploración con vistas a la adquisición de alguna de las bodegas del imperio de los Ruiz Mateos, hecha por un intermediario jerezano de una «importante bodega catalana».

La D. O. Jerez-Sherry-Xerez, muy dominada en sus maneras, por tradiciones comerciales británicas (y también por cifras), no ve, por supuesto, con agrado, la perspectiva de una eventual presencia duradera del Estado y, rompiendo con la flemática posición habitual, no se duda, ante esa alarma, en afirmar que ni Gran Bretaña ni Estados Unidos «comprarán jamás una sola botella de jerez estatal o socialista».

Convicción tan arraigada que su sola suposición hace aparecer sonrisas malévolas en los rostros de quienes esperan ocupar el espacio que dejaría el «jerez del Estado» a la competencia privada en el mercado exterior.

Las bodegas jerezanas de Rumasa emplean a unos 1.500 asalariados, con un salario y coste de SS anual de 1.505 millones de pesetas, que hasta la fecha habían llegado con absoluta puntualidad al bolsillo de los trabajadores y no se cuentan aquí el medio millón de jornales anuales que producen las 17 viñas del grupo, ni el vino o uva que se adquieren a otros agricultores. Ni tampoco, claro está, las cadenas de venta Augustus Barnett de Gran Bretaña ni Skjold Burne de Dinamarca, con unos 700 establecimientos propiedad de Rumasa y principales promotores en e! extranjero de los caldos de la firma.

Jerez-Rioja

Todo eso, y solamente en Jerez, es mucho, muchísimo tinglado para una Administración como la española, que a duras penas pueda y sabe hacer frente a sus propios quehaceres.

No olvidemos que, además de su enorme presencia en Jerez y en La Rioja, Rumasa también está en el Penedés (Segura Viudas, Castellblanch, Rene Barbier y Cañáis y Nubiola), así como en Valdepeñas, Chinchón, Montilla, Badajoz, Sevilla y Socuéllamos, a lo que hay que añadir alguna factoría de vinagre en el País Vasco.

Todo eso es lo que hacía arrancar del alma de un castizo jerezano, la desesperada afirmación que sirve de título a esta entrega: «Boyer no sabe lo que vale el vino.»

En todo caso, el de Rumasa y ahora del Estado, vale bastante más que los ridículos cinco mil millones de la evaluación patrimonial de la empresa, tan generosamente hecha por el ministro de Economía.

¿O es que están dispuestos a poner a pela la botella de fino San Patricio, Don Zoilo, Tío Mateo, Canasta Cream o Dry Sack?

Se duda mucho en Jerez que el Gobierno hubiera previsto todas las consecuencias económicas y sociales, así como de prestigio para los vinos de España en el extranjero, que iba a tener la nacionalización de las bodegas de Rumasa.

De no volver rápidamente a su propietario, o en su defecto al sector privado, esas consecuencias podrán ser dramáticas para todo el vino español.

 

< Volver