Autor: González-Ruano de Navascués, César (NAVASCUÉS/César de NAVASCUÉS). 
   De verdad que no fueron unas elecciones democráticas     
 
 El Imparcial.    21/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

La Marimorena

por CESAR DE NAVASCUES

«De verdad que no fueron unas elecciones democráticas». Cristina Sobrino está dolida de la última

reunión de la Federación de Vecinos. El PCE echó toda la carne en el asador y dominó claramente la

directiva de cara a la posible importancia de las asociaciones en las municipales. Cristina Sobrino

pertenece a la ORT y fue, claro está, de las derrotadas: «Nosotros propusimos votación mayoritaria».

Ahora la junta no es ni mucho menos tan representantiva como debería ser. Y a Palomeras Altas, que es

mi asociación, la votaron. Pero ha sido una distorsión antidemocrática que ha hecho daño al movimiento

ciudadano». La lucha sigue y el PCE sigue ganando en las asociaciones.

En la Casa de la Villa no se cree que la última huelga fuera promovida indirectamente por UCD para

tener un pretexto por el cual sustituir a un alcalde de Alianza Popular por otro de Centro. «Fue una prueba

de fuerza entre Comisiones Obreras y UGT a ver quién tenía más poder en el Ayuntamiento. Porque la

huelga no tenía razón de ser en sí misma.» Los resultados dieron claro

ganador a Comisiones Obreras, aunque había simpatizantes de fuera, l´n periodista encabezó, junto a los

funcionarios la concentración en la Plaza de la Villa (lo que hacen los entusiasmos sobre las

objetividades). Y se demostró que existe un sector fuerte del pequeño Sindicato Unitario entre jardineros

y operarios de limpie/as. Vamos, que ya van sabiendo quiénes son unos v otros.

Entre los entusiasmos informativos vino el de las cuentas. Los periodistas que asistieron por la mañana a

la Asamblea del Cuartel de Conde Duque dieron unos ochocientos o, como máximo, unos mil asistentes.

Pero comenzaron a llegar sucesivas notas de agencias informativas y de las centrales sindicales, l´nas a

otras se fueron animando y, por la tarde, ya se comunicaba que el número de los asambleístas era de ocho

mil... Un periodista, honesto él y sin filiación política le aseguraba a su jefe de sección por la noche: «Te

juro que no había más de ochocientos.» Luego, con una foto y un pie de un diario de la tarde, se paseó por

toda la redacción preguntando: «De verdad´, ¿tú ves que aqui haya tres mil personas?»

 

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