Autor: Cruz Román, J. M.. 
 En plenas fallas valencianas. 
 Un estudiante pierde un ojo al ser alcanzado por una bala de goma  :   
 En Valencia los claveles falleros se han convertido en flores revolucionarias . Fuerzas antidisturbios y "jeeps" de la Policía montan guardia en las calles de la ciudad. 
 Ya.    20/03/1977.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EN PLENAS FALLAS VALENCIANAS

UN ESTUDIANTE PIERDE UN OJO AL SER ALCANZADO POR UNA BALA DE GOMA

En Valencia, los claveles falleros se han convertido en flores revolucionarias • Fuerzas

antitidisturbios y «jeeps» de la Policía montan guardia en las calles de la ciudad

VALENCIA. (De nuestro corresponsal, J. M. Cruz Román)

En plenas fallas, con los afanes de la democracia, la plaza de la Virgen se ha constituido

en el ágora de Valencia. Pero ha que ir a ella porque está rebosante de flores.

Difícilmente se hará en ningún lugar del mundo una concentración tan apretada

de claveles reventones como la que los falleros han situado en la plaza de la Virgen.

Las flores se amontonan encima de la basílica de la patrona, y se salen de la plaza.

Veinticinco mil muchachas han estado volcándolas aquí durante dos tardes enteras. Los

claveles de la paz triunfan ahora en la vieja plaza valenciana. Allí mismo, por todo

ese recinto urbano, que no admite ya nunca tránsito rodado, suelen airearse en las

mañanas— y en las noches— de fiesta los claveles de la revolución. Los traen las

vanguardias universitarias, los jóvenes ácratas, los apóstoles de la cultura y de la

libertad en la calle, anarquistas y pacifistas, vendedores de libros de Mao y cantores

de la no-violencia, grupos que interpretan farsas y parodias, corros que danzan y

conjuntos que alzan torres humanas. La plaza de la Virgen es, cada domingo, el ágora

pintoresca, bulliciosa y elemental, donde absolutamente todo se pone en alegre solfa.

VUELTA A LA ANTIGUA PLAZA

Ese "Hyde-Park" valenciano de la libertad y la crítica, ha vuelto a recibir las

comitivas de la ofrenda de flores, que estos últimos años se iban a otra parte— a

la plaza de la Reina— por hallarse en obras la de la Virgen. Las obras han

terminado hace unos meses. Costaron cien millones, y todavía queda una fuente por

terminar, a causa de la polémica acerca de si han de aparecer vestidas o desnudas

las figuras de las acequias que allí deben representarse. Este año, pues, las

veinte toneladas de flores de la ofrenda fallera se hallan de nuevo en la plaza de

la Virgen. Su espectáculo, el día de San José, con los ramos frescos y el color

lozano, atrae a las multitudes sin cesar. Del ágora de las libertades se derrama

penetrante por la antigua Valencia. Hoy domingo volverán las vanguardias, cuyos

bailes y parodias ya han sido deshechos más de una vez estas noches a cargas de

la Policía. En una de ellas, el estudiante Miguel Martínez Iranzo ha

perdido el ojo izquierdo, vaciado por una bala de gama. E1 viernes vinieron las

labradoras a millares, y dejaron la mayor pirámide de flor que una ciudad pueda reunir.

Las multitudes pasan por aquí a fotografiarse ante el derroche de los claveles.

Todo el día han estado haciéndolo verdaderas e inacabables masas de visitantes,

hasta que la luz ha decliniado. Hasta el momento en que trescientos pirotécnicos,

ágiles y escondidos, empezaban a preparar la mecha íncendiaria que destruirá,

las fallas en medio de un diluvio de centellas. Al pie del monumento

a Franco, en la plaza del Caudillo, montaron guardia los "jeeps" de la Policía

Armada y los inspectores de la policía gubernativa. De los cuarteles de

Murcia han llegado refuerzos antidisturbios. Y el pueblo llena las calles en

estas horas últimas de unas fiestas falleras ampliamente cálidas y primaverales.

 

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