Prensa y atentados de estado     
 
 El País.    21/08/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Prensa y alentados de estado

LA PRENSA del Movimiento tuvo, a la postre, su ética. Aquellas cabeceras de la cadena, con el yugo y

las flechas, con las consignas recibidas y asumidas, conformaron buena parte de la vida española sin

engañar a nadie. Los periódicos del Movimiento jamás tuvieron credibilidad social o política ni el país les

correspondió con aceptación de tiradas sustanciales. Pero la historia de hemeroteca de esta nación no

cargará presumiblemente las tintas sobre unos periódicos, revistas y agencias que sirvieron simplemente a

un régimen autoritario que ordenaba y mandaba, y tenía de la libre información una idea tan pobre como

egoísta.

Muerto Franco y comenzada la rodadura de la predemocracia que vivimos, los periódicos del Movimiento

fueron reduciendo el tamaño de sus emblemas en portada, luego los pasaron a las páginas interiores y, al

final, todos nos hallamos ante un aparato de prensa institucional llamado Medios de Comunicación Social

del Estado.

La idea en sí no es deleznable. Hubiera sido una transformación generosa, y hasta con vocación de

pervivencia histórica dada la escasa inclinación de las dictaduras a devenir en regímenes democráticos.

Pero, ¿qué ha pasado con Iqs Medios de Comunicación Social del Estado? Pues, evidentemente, que han

modificado su tono pese a seguir siendo redactados y dirigidos por los mismos periodistas que sirvieron

como últimas, lumbreras del franquismo. Pero que siguen sin alcanzar su nivel estatal pese a sus

denodados esfuerzos editoriales.

La vieja Prensa del Movimiento, en suma, sigue sin tener carácter estatal, pero intenta, hasta ahora sin

éxito, encontrar un lugar al sol de la información-democrática. Ruta difícil por cuanto el público lector

ignora si está leyendo la prensa del Gobierno o la prensa del político que ocupa la Presidencia; no

sabemos si los pomposos Medios de Comunicación del Estado están al servicio del presidente Suárez o a

los del presidents de la Unión de Centro Democrático.

Por ahora sólo sabemos una cosa de seguro, que ésta no es la prensa del Estado. Que ésta no es la prensa

de todos los españoles, de todos los partidos, de todos los que algo significan en la política nacional. Al

menos por ahora ni siquiera estamos leyendo la prensa de Ja monarquía.

Y uno de estos periódicos —el Arriba de hace dos días— pedía, en una de sus colaboraciones de opinión,

poco menos que una censura previa sobre actos terroristas que afectaran al presidente del Gobierno,

parejos a los que sufrió en su estancia mallorquina. Por supuesto que no es mentira el factor multiplicador

de las noticias. Pero lo que sí es rotundamente falso es que los criminales lo sean más porque vean sus

hazañas reflejaclas en las primeras páginas dé los periódicos. Esa es una teoría tan fácil como acientífica.

Hay magnicidas como hay drogadictos. Pero los periódicos no son propagadores de las manías, Acaso

ayuden a los vicios, como ayudan a las virtudes. La publicacidad de las cosas siempre es ambivalente.

Pero resulta necesaria una elevada dosis de autosuficiencia para pedir desde un periódico,que a la postre

sólo depende de la gerencia de un señor que se encuentra al frente no sólo de un Gobierno sino de un

partido que los periódicos ocultan información sobre los atentados que le perpetran.

 

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