Autor: O. M. B.. 
 Aunque subsisten bastantes dudas y puntos oscuros. 
 La Policía descarta toda implicación política en el asalto al Banco Central     
 
 ABC.    03/06/1981.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

MIÉRCOLES 3-6-81

NACIONAL

Aunque subsisten bastantes dudas y puntos oscuros

La Policía descarta toda implicación política en el asalto al Banco Central

MADRID (O. M. B.). El asalto al Banco Central de Barcelona se presenta cada día con mayor nitidez a

los policías que investigan el caso como una operación de mera delincuencia económica. Esta parece ser

la tesis que ha ido tomando cuerpo á lo largo de los casi diez días de Interrogatorios a los nueve asaltantes

detenidos.

Sin embargo, la explicación que, con base a esta idea, darán con toda probabilidad los responsables

policiales en las próximas horas no parece que vaya a satisfacer las expectativas creadas por el desarrollo

de los hechos y las primeras versiones gubernamentales en la opinión pública. En el Pleno del Congreso

que debatió este tema se dijo hasta la saciedad —incluso por el propio presidente del Gobierno— que

había indicios para sospechar que se trataba de una operación inducida y financiada desde plataformas de

extrema derecha. Se avanzó, incluso, que a tenor de las primeras declaraciones de los detenidos, un

misterioso personaje que se daba a conocer como «Antonio Luis» había contratado en Perpignan los

servicios del «número uno», Juan José Martínez Gómez «El Rubio», y de su banda para montar lo que

cabría considerar como un acto de provocación antidemocrática. Esta versión fue reforzada de manera

más o menos oficiosa en los días siguientes a partir de ciertas filtraciones de los interrogatorios.

Sin embargo, a finales de la pasada semana la investigación parece llegó a un callejón sin salida en la

busca de implicaciones políticas. Se empezó a manejar entonces insistentemente la tesis de una banda de

delincuentes, y las últimas informaciones oficiosas se orientan todas en esa dirección. La intención de los

secuestradores, de acuerdo con esta versión, era única y exclusivamente la de apoderarse de más de

setecientos millones que había en el Central y huir a través de la red de alcantarillado.

Según los últimos detalles que se conocen a raíz de las declaraciones, los asaltantes habían proyectado la

operación para el sábado anterior al día 23, y lo tuvieron que aplazar a causa del estado de nerviosismo

que mostraba uno de los miembros de la banda. Fue ya en el interior del Banco cuando los atracadores

advirtieron que se cumplían tres meses justos de los sucesos del 23-F y decidieron utilizar el montaje

golpista, con toda su parafernalia, para favorecer sus planes de huida con el dinero. De acuerdo con esta

versión policial, previamente habían depositado dos comunicados distintos en sendas cabinas telefónicas:

en uno de ellos pedían la libertad para varios «etarras» y «grapos» y en el otro — el que definitivamente

utilizarían exigían la libertad de cuatro implicados en el golpe.

ZONAS OSCURAS

Esta tesis, así contada, resulta un punto ingenua y no del todo congruente. Por ejemplo, si los terroristas

habían redactado ya un comunicado en el que pedían la libertad de los encartados por los hechos del 23-F

es poco verosímil que no se hubieran percatado ya de que el día previsto para la operación del asalto

coincidía con el tercer mes del intento golpista. Más inocente y menos creíble resulta, sin embargo, la

pretensión de que una banda de delincuentes que planea una operación de tamaña envergadura, envuelta

en una espectacular cobertura política, dejara al albur el nada nimio detalle de qué ideología, de las dos

extremas, utilizar en su «escenificación».

Existe todo un cúmulo de datos, indicios y detalles que tampoco encajan de manera muy natural. Al

margen de los posibles equívocos manejados con maquiavélica sabiduría por los secuestradores y

metabolizados con facilidad no sólo por la opinión pública, sino por las Fuerzas de Seguridad, la hipótesis

de la fuga a través del entramado de cloacas con doscientos o trescientos kilos en billetes de Banco es a

nivel teórico, muy poco sostenible. Los rehenes que intentaron horadar los muros del Banco, forzados por

los terroristas, han coincidido en afirmar que las herramientas de que disponían era casi de juguete. Hace

falta ser muy candido para creer que con unos martillos comunes y un taladrador de bricolaje se pueden

reventar las paredes de un Banco y llegar hasta el alcantarillado. Y luego salir de él con toda la Policía

barcelonesa «amullarando» la zona por la superficie y por el subsuelo.

Sólo hay una explicación, o mejor dicho, dos: o la cuadrilla de El Rubio la componen gente inepta y poco

avezada, pero con una suerte a prueba de bomba, o por decirlo con una frase muy gráfica, hay más cera de

la que arde.

Pero que los asaltantes mantienen la tesis del mero atraco no lo dice sólo la Policía. Algunos detenidos

que han coincidido con los secuestradores en los calabozos de la Jefatura de Policía de Barcelona han

declarado a un diario vasco que uno de los delincuentes, Cristóbal Valenzuela Marcos explicaba a todo el

que quisiera oírle que «lo de Tejero fue sólo un truco para liar el caso». Valenzuela, según este

testimonio, fue el único de los asaltantes que no estuvo en celda individual, sino en una ocupada por unos

20 presos. De sus comentarios —según el citado periódico— se deduce que los secuestradores eran 12, la

propia Policía ha reconocido que uno se fugó. Es conocido como Bartolo y posee un amplio historial

delictivo.

No es, por todo lo dicho, improbable que la operación de la plaza de Cataluña esté desprovista, en la base,

de toda implicación política. Pero también es absolutamente cierto que las dudas, los puntos oscuros y los

cabos sueltos no parece que vayan a ser resueltos, al menos por ahora, satisfactoriamente (acaso porque

elto no sea posible). Y si no se despejan todas las dudas, la gente, la opinión pública, no va a acabar de

creérselo.

 

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