Réquiem por una muerte absurda.     
 
 Diario 16.    20/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Réquiem por una muerte absurda

No hace muchos meses, en el momento de ser detenido por la Policía, un joven llamó la atención de los

transeúntes: «¡Ayudadme, ayudadme, que soy del GRAPO!» De no ser por la protección de los agentes,

el episodio hubiera terminado paradójicamente con su linchamiento.

Olvidado por todos, solo como un perro, ayer falleció en La Paz Juan José Crespo Galende, al cabo de

ochenta y seis días de huelga de hambre. También él era del GRAPO. También él —a sus veintitantos

años--padecía el espejismo de creer que su lucha contaba con respaldo popular.

En su funeral no habrá ni salvas marciales, ni encapuchados armados, ni apenas coronas de flores. Ni el

Gobierno de la nación, ni mucho menos el «sistema» o la famosa «clase dominante» de sus panfletos mal

impresos sufrirán el menor contratiempo por su muerte.

Mientras los últimos «generales» de su organización huyen acosados, mientras en la morgue gerundense

empiezan a descomponerse los restos de uno de sus «cuerpos de ejército» y, sobre todo, mientras los que

de verdad «tiraron la piedra» —nunca se sabrá si rojos o azules— «esconden la mano» en sus

inverosímiles covachuelas, por este muchacho a lo sumó clamarán cuatro lunáticos en medio de la

indiferencia general.

Lágrimas, lo que se dice lágrimas, sólo las derramarán sus familiares, sus amigos, esos cuatro seres

queridos que aún no comprenden qué viento de locura le arrastró, contra todo y contra todos, más allá de

la tolerancia, a mil leguas de la razón.

¡Pobre Juan José Crespo Galende! El suyo ha sido el triste sino del rebelde sin causa, pero llevado al

extremo trágico del caído sin bandera.

 

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