Autor: Sanmillán Farnós, José de. 
 En el entierro de las víctimas de la calle Atocha. 
 Dolor y serenidad     
 
 Pueblo.    27/01/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

En el entierro de las víctimas de la calle de Atocha

En medio de dolor ciudadano y profundo silencio, ayer fueron enterrados en Madrid cuatro de los cinco

asesinados en el despacho laboralista de la c a II e de Atocha. Hoy por la mañana lo fue en Salamanca la

quinta víctima, Serafín Holgado.

Según estimaciones de varios redactores de PUEBLO, cientos de miles de personas presenciaron —en

perfecto orden— ef traslado de los féretros desde la capilla ardiente (instalada en el palacio de Justicia) a

la calle Genova, donde fueron introducidos en los coches fúnebres y trasladados, posteriormente, a ios

respectivos cementerios. Con anterioridad, según informa Cifra, habían desfilado por la capilla ardiente

unas trece mil personas.

Según la agencia Europa Press, las autoridades temían que entre el trayecto comprendido entre la capilla

ardiente y la calle de Genova pudiera apostarse cualquier francotirador, que desde un tejado o ventana

recurriese nuevamente a la violencia. Por esta causa, el decano del Colegio de Abogados, Pedrol Ríus, fue

completamente solo, por valerosa y propia decisión, delante del cortejo, para contribuir a crear el clima de

serenidad imprescindible que, afortunadamente, reinó en todo momento.

Una impresionante multitud presenció el traslado de los féretros desde la capilla ardiente a los coches

fúnebres

MADRID. (PUEBLO, por J. DE SANMILLAN.)—Disciplina y silencio fueron las notas mas

sobresalientes aeros miles de personas que acompañaron los cadáveres de los letrados asesinados en

Madrid (Sauquillo, Rodríguez Leal y Valdevira), desde la puerta principal del palacio de Justicia hasta la

plaza de Cibeles.

Los cadáveres llegaron a las Salesas cerca de la una de la tarde, habiéndose preparado la capilla ardiente

en el Colegio de Abogados, en la sala de la Inmaculada. Hasta alli y a hombros de abogados fueron

llevados los féretros. Inmediatamente comenzó el desfile de gentes que, desde horas antes, guardaban cola

en las aceras de la calle General Castaños. Cálculos estimativos indican que han pasado unas cincuenta-

sesenta personas por minuto. En todo momento el servicio fue detallista, desde la formación de pasillos

de circulación, hasta el pedir la documentación a las personas que circulaban por los pasillos y la revisión

de cualquier problema que pudiera alterar el orden. En algunos momentos que se intentó lanzar gritos, los

servicios de orden impusieron el silencio. Entre los que desfilaron por la capilla ardiente se encontraban:

Ruiz-Giménez, Cañellas. Tierno Gal-van, los Gil-Robles, Felipe González, Fernández Ordeñe?,, Pablo

Castellanos, Enrique Múgica, Satrüstegui y Marcelino Camacho. Santiago Carrillo, que llegó a las 15,30,

fue recibido por miembros del Comité Central de su partido. Alguien intentó lanzar un «viva Carrillo»,

pero inmediatamente fue acá liado, para que no se rompiera e! silencio que se había impuesto como señal

de luto.

A las cuatro el presidente de! Consejo General de la Abogacía (los cadáveres fueron velados por

abogados que vestían ¡a toga). Antonio Pedrol. impuso sobre las togas extendidas en los féretros la

medalla de honor del Colegio. Minutos después, y tras el desfile de vanos cientos de coronas

representaciones sindicales y políticas, salieron los familiares, que fueron acogidos por una atronadora

salva de aplausos, si bien los servicios de orden mandaron se volviera ai silencio. A las cuatro y media y

después de haber desfilado cerca de quinientas coronas, salieron los féretros. Los precedía el decano del

Colegio de Madrid. Pedrol Rius. y miembros de la Junta de gobierno. Los ataúdes eran llevados a

hombros de abogados, parientes y correligionarios (entre elios algunos eran mujeres). La comitiva se

desenvolvió lentamente a través de una multitud de puños en alto por toda la plaza de la Villa de París. Al

paso de los féretros se arrojaron claveles rojos, y al llegar a la esquina con Genova fueron ya colocados en

los furgones.

Estos furgones, seguidos por los coches con los familiares, marcharon lentamente hasta la plaza de Colón,

donde se cargaron las coronas en loa vehículos de la comitiva, que precedida por motoristas municipales

se dividió, para salir una hacía el cementerio de Carabanchel y otra al de la Almudena.

Hasta la llegada a la plaza de Colón no se registró ningún incidente. Las fuerzas de orden público, algunas

de ellas a caballo, mantuvieron una discreta vigilancia- Durante todo el entierro dos helicópteros

estuvieron sobrevolando el itinerario.

Para ej entierro se trasladaron a Madrid los decanos de los colegios de Zaragoza, Valencia, Barcelona y

San Sebastián. Parece ser que Carrillo, que estuvo unos momentos en el despacho de Pedrol. donde

también estaba monseñor Estepa, declaro a un colega, francés que confia en que el Gobierno hará todo lo

posible para detener a los asesinos.

27 de enero de 1977 P U E B L C

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