Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   El pacto de José Luis     
 
 ABC.    28/05/1978.  Página: 6-?. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

ABC. DOMINGO, 28 DE MATO DE 1978. PAO. •

Crónica de la semana

EL PACTO DE "JOSE LUIS"

LA Mesa no se levantó hasta las cuatro y cinco en punto de la madrugada. Por espacio de más de cinco

horas, un ingeniero agrónomo y un director teatral, acompañados de algunos de sus más directos

colaboradores, habían discutido y resuelto el contenido de toda la parte dogmática de la Constitución

española, sobre el mantel de un reservado del restaurante José Luis, próximo al estadio del Real Madrid.

Al día siguiente, de una sola tacada, Quedarían aprobados veinticinco artículos de nuestro texto

fundamental.

Considerando que la ley Orgánica del Estado la redactó el Almirante Carrero, Aprovechando las

sobremesas en su casa de descanso de El Escorial, desde un punto de vista formal no hay más diferencia

que la que va de mantel a mantel. Tan de espaldas a los ciudadanos se ha cocido este tpastel» como aquél

otro. Tan decorativo ha resultado el cometido de los miembros de la Comisión constitucional como lo era

el de los sumisos procuradores de las anteriores Cortes.

El paralelismo no puede, sin embargo, llevarnos más lejos. Es cierto que una vez más, el partido del

Gobierno no ha respondido a las expectativas de gran parte de su electorado, con la claridad y

contundencia deseables. El hecho es especialmente grave, puesto que sobre la mesa estaban temas de

tanta incidencia social como la libertad de enseñanza o el derecho de familia. Pero ése es el precio que era

Imprescindible pagar si lo que se pretendía era reconstruir el consenso con el Partido Socialista Obrero

Español.

D DE BRUCES SOBRE LA ARENA DE UN CIRCO ABURRIDO Y GRISç

Apenas se dio cuenta el 16 de junio de que su partido había sacado 160 diputados, y no 240, como

algunas personas de su entorno le anunciaban hasta el último momento, el presidente Suárcz trazó las

líneas maestras de una estrategia que hemos venido a llamar del «consenso», y que tuvo su punto de

ignición en los Pactos de la Moncloa. Voces muy autorizadas, procedentes algunas de ellas del propio

Gobierno, han venido repitiendo desde entonces que la alternativa elegida dista de ser la mejor de las

posibles. Y es cierto. En el menos malo de los supuestos, el consenso nos arroja de bruces sobre la arena

de un circo aburrido y gris, en cuya ara de sacrificios se inmolan diariamente todas las libertades en honor

de ese «Estadoprovidencia» al que en términos tan precisos se refería el profesor Julio Pascual en su

conferencia del pasado martes en el Club Liberal.

Una vez aprobada la Constitución, y extinguida la vigencia de los Acuerdos de la Moncloa, urge, pues,

sustituir esa línea de Gobierno por otra basada en el juego de las mayorías parlamentarias a partir del

veredicto de las urnas. Hasta entonces no podremos hablar de democracia consolidada, pues en una

democracia consolidada el consenso consiste en acatar la decisión de los más. pertrechándose

simultáneamente los menos para tratar de Invertir la relación de fuerzas en el siguiente «round». De

momento es preciso refrenar, sin embargo, el vuelo. Las rectificaciones bruscas son muy difíciles en una

situación tan peculiar como la nuestra, y cambiar de estrategia a estas alturas del proceso constitucional

hubiera sido suicida.

La premiosidad con que estaban discurriendo los debates de los primeros artículos, aprobados uno tras

otro con ese exasperante 1917, fruto de la suma de Alianza Popular y U.C.D., frente a todos los demás

grupos, colocaba al país ante unas expectativas muy comprometidas. El dictamen de la Comisión podría

haberse demorado varios meses, trascendiendo los propios límites del verano y quedando enmarcado en

pleno otoño caliente. Los socialistas habrían ido desenterrando periódicamente, entre tanto, sus hachas de

la guerra, llevando al fragor de la pelea, en cada caso, hasta la calle.

D LOS GRANDES CHAMBELANES Y EL DESPRECIO A LAS MINORÍAS

Siendo ésta la marcha del partido, resulta explicable y parece correcto que se decidiera resolverlo por la

vía rápida de los penalties. Lo inadmisible fue el procedimiento. Tanto Fernando Abril como Alfonso

Guerra, grandes chambelanes de los señores Suárez y González, deberían haber consultado previamente

con sus respectivos grupos parlamentarios, negociando a partir del mandato, y dentro de los límites que

fijaran los legítimos representantes del pueblo español. Tanto Fernando Abril como Alfonso Guerra,

«favoritos» dieciochescos en las Cortes centrista y socialista, deberían haber contemplado desde el primer

momento la reconstrucción bilateral de su consenso, como una prolongación del ya logrado en la

Ponencia, implicando, por lo tanto, a todos los grupos parlamentarlos en la negociación.

Marginando al P. N. V. y a Alianza Popular, los gerifaltes de U. C. D. y el Partido Socialista Obrero

Español han puesto de manifiesto una vez más su ya proverbial desprecio hacia las minorías. Así lo ha

señalado, con el testimonio indirecto de sus gestiones ante los afectados, el propio presidente de la

Comisión constitucional, el ucedista Emilio Attard. El señor Attard, que viene dirigiendo los debates con

barroca eficacia, ha puesto de manifiesto en este trance sus altas calidades políticas y humanas. Todos los

partidos habrán contraído una deuda de gratitud para con él sil mañana, lunes, por la tarde, en el momento

de reanudarse las sesiones de la Comisión, se encuentran presentes sus treinta y seis miembros.

Por la mañana se habrán reunido los órganos decisorios de Alianza Popular, y todos los Indicios sugieren

que se adoptará la resolución de reintegrarse al redil de la segunda planta del palacio de la Carrera de San

Jerónimo. El voto de Fraga, a su regresó de Estados Unidos, será, desde luego, un voto afirmativo. De

haber estado él presente, las cosas habrían ocurrido de otra manera, aunque sólo sea, por su capacidad de

acceso a los cauces de comunicación abiertos entre los miembros de la Ponencia, al cabo de varios meses

de trabajo en común.Estando parcialmente justificada, la retirada de Alianza Popular fue una

equivocación grave. Sobre todo por los términos en que se produjo. Hablar a estas alturas de «consenso

ucedistamarxista» es hacer oposiciones a figurar en la antología de la caverna, y así lo han entendido las

mentes más lúcidas de la propia Alianza Popular. El comunicado hecho público el miércoles proyecta una

imagen Intransigente, que poco tiene que ver con el espíritu que debe informar a la llamada Nueva

Mayoría.

De nada servirán los esfuerzos contemporizadores de algunos directivos de Alianza Popular si sus

parlamentarios se empecinan en perseverar en la estética que el 15 de junio les llevó a convertirse en

maltrechos supervivientes del más espectacular naufragio de la historia reciente de la democracia

occidental. Los autores que obsequiaron a la opinión pública con semejante panfleto reducido deberán

seguir con atención cuanto ocurra pasado mañana en la presentación de los Clubs de Opinión, en cuya

plana mayor, junto a Alfonso Osorio, Rafael Pérez Escolar y Félix Pastor, figurarán, por cierto, al menos

dos diputados de U. C. D. El lenguaje será, desde luego, otro. No se trata de despreciar a nadie, pero la

derecha española sí aspira a rebasar el listón electoral del 10 por 100 y participar en el ejercicio del Poder,

necesita renovar implacablemente su liderazgo.

D DISCRETAMENTE ACEPTABLE PARA QUIENES RECHAZAN EL COLECTIVISMO

A nivel de análisis de contenido, el «pacto de José Luis» sobre todo una vea incorporadas valiosas

rectificaciones de última hora, resulta discretamente aceptable para quienes rechazan el modelo

colectivista. No es la Constitución que hubiera entusiasmado a los votantes de U. C. D., pero es, cuando

menos, una Constitución que permite el pleno desarrollo de ese programa electoral aireado el 15 de junio

y que desde entonces debe andar traspapelado en algún cajón.

El P. S. O. E. ha hecho cesiones tan sustantivas como la constltucionallzación encubierta del «lockout» o

la Inclusión del artículo 50, que posibilita la adopción de medidas especíales para combatir el terrorismo.

Por lo que al famoso artículo 26 se refiere, hay que convenir que resulta Inquietantemente ambiguo. La

libertad de enseñanza se «reconoce», pero no se «garantiza». Se contempla el derecho a la «creación» de

centros, pero no el derecho a su «dirección». Desde la óptica de los expertos de U. C. D., ambos reparos

tienen respuesta satisfactoria. En primer lugar, de acuerdo con el párrafo primero del artículo 48 —«los

derechos y libertades reconocidos en el capitulo segundo del presente título vinculan a todos los poderes

públicos»—, el reconocimiento se convierte, automáticamente, en garantía. En segundo lugar, a la luz de

los convenios internacionales en materia educativa, la libertad de enseñanza implica el derecho de la

iniciativa privada a dirigir los centros por ella creados

ABC. DOMINGO, í 8 DE MAYO DE 1978

U.C.D. tiene que soltar lastre y proyectarse hacia el futuro. Hay gente muy valiosa empeñada en ello. La

semana que hoy empieza puede ser rica en acontecimientos

.

Ante esta línea argurnental puede aducirse que la interpretación de los socialistas es otra diferente, y que

todo queda supeditado a los resultados de esas próximas elecciones generales que Indefectiblemente se

perfilan en el horizonte inmediato. Es un reparo correcto. Pero las cosas tampoco serían sustantivamente

de otra manera, de haberse aprobado éste y otros artículos clave con los votos en contra del P. S. O. E. La

reforma de la Constitución se habría convertido, en ese mismo momento, en la principal bandera electoral

de los socialistas.

P PÉREZ LLORCA, OSCAR ALIAGA: ARQUETIPOS PARA UN PARTIDO HACIA EL FUTURO

Sí el «pacto de José Luis» fue acogido en el seno de la propia U.C.D. con tantos reparos se debe,

fundamentalmente, ademas de a la indelicadeza con que los parlamentarios quedaron marginados, a la

composición plural del partido del Gobierno. La tesis de quienes pronostican su escisión en dos

formaciones diferenciadas quedó, de hecho, sustentada el martes por la mañana, por espacio de varias

horas, por la división bipolar de los representantes de U. C. D. en la Comisión constitucional.

Los equipos quedaron así. De un lado, el de los contestatarios a las concesiones del señor Abril, integrado

pordiputados de origen demoeristlano como Miguel Herrero de Miñón, Osear Alzaga. Luis Vega

Escandón y Luis de Grandes, por algunos liberalconservadores como César Llorens y Jesús Martinez

Pujalte, y algunos conservadores Independientes como José Luis Meilan y Jesús Esperabé. Del otro lado,

el equipo de los satisfechos en líneas generales con el fondo de lo pactado, que incluía a socialdemócratas

como Rafael Arias Salgado, Antonio Vázquez Guillén y Santiago Rodrígucz Miranda, liberales-

progresistas como José Pedro Pérez Llorca y José Miguel Bravo de Laguna, y antiguos nacional-

sindicalistas como Jesús Sancho Rof y Gabriel Cisneros.

Pero de la misma manera que a las diez de la mañana quedó patente que, con éste o cualquier

esquema parecido, la Unión de Centro Democrático puede romperse al menor descuido, cuatro horas más

tarde estaba claro que la transacción es posible y que hay una sólida esperanza de que, lo que de hecho

sigue siendo una coalición electoral de coyuntura, se consolide como un gran partido cuyo máximo

capital sea precisamente su variedad interna. Tal cambio de escenarlo fue consecuencia de una inteligente

gestión de José Pedro Pérez Llorca, el más conservador de entre los alineados en el sector progresista,

inteligentemente acogida por Oscar Alzaga» el más progresista de los Inscritos en el sector conservador.

Uno y otro representan posiciones que deben convertirse en arquetípicas de la imagen del partido en el

Poder. No se trata tanto de Ideologías —los matices diferenciales entre socialdemócratas, liberales y

demócratas de inspiración cristiana tlen. den a hacerse cada vez más secundarios— como de estilo en la

concepción de la cosa pública. U. C. D. tiene que soltar lastre y proyectarse hacia_ el futuro. Hay gente

muy valiosa empeñada en ello. La semana que hoy empieza puede ser rica en acontecimientos.

D ALGUNOS DELEGADOS, ASISTENTES AL CONGRESO DE LA U. G. T.

Algunos delegados asistentes al Congreso de la U. G.´T. que se celebra en Barcelona están adoptando

posturas cerradamente maximalistas. Critican a su propia ejecutiva por haber procedido a la expulsión de

un puñado, de militantes que no eran en realidad sino trotskystas infiltrados de acuerdo con la más pura

ortodoxia del «entrlsmo». Critican a la actual dirección del P. S. O. E,, tildándola de moderada y de

colaboracionista. Critican los Pactos de la Moncloa y rechazan cualquier tipo de compromiso que pueda

recordar vagamente ese pacto social que,el país necesita como agua de mayo.

Algunos delegados asistentes al Congreso de la U. G. T., agitadores vocacionales, parecen olvidar de

dónde llegan los fondos que desde hace meses mantienen bien repleta su despensa. Tal vez haya que

refrescarles la memoria, recordándoles la reunión celebrada en Ginebra en enero del año pasado bajo los

auspicios de la C. 1. O. S. L. —Internacional obrera de tendencia soclaldemócrata—, en la que Irving

Brown, uno de los máximos dirigentes de la A. F. L. norteamericana, prometió una serie de créditos que

han ido llegando luego con el aval de nuestra Banca oficial y que vienen a sustituir a las cuotas de ese

elevadísimo porcentaje, de entre sus supuestos dos millones de afiliados, que jamás han llegado a cotizar

un solo céntimo.

Algunos delegados asistentes al "Congreso de la U. G. T., enfermos perdidos de izquierdismo deberían

tener muv presente que «nadie parapetado en las filas sindicales tiene derecho a estorbar la acción del

Estado», porque «la fuerza del sindicato, cuando es desbordante, muestra con frecuencia síntomas de

degeneración». Son palabras de Indalecio Prieto, pronunciadas el 1 de mayo de 1942. en el Círculo Pablo

Iglesias, de la ciudad de México.—. Pedro J. RAMÍREZ.

 

< Volver